Esto no ha terminado

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Se aprobó por fin el plan de rescate financiero del Gobierno Bush, como por otra parte era previsible a pesar de las serias dificultades de su recorrido parlamentario en vísperas electorales. Nadie sensato podía pensar en salvar la economía real a costa de la economía financiera, con lo que el plan de rescate de los activos tóxicos del sistema financiero americano era tan insuficiente como imprescindible, sobre todo para los que tenían que aprobarlo, una vez aparentada cierta resistencia ante sus electores, a los que acuden en breve. Ninguna clase política se suicida. Sucedió, pues, tras la ceremonia aparencial de las resistencias, lo que cualquier observador experimentado sabía que terminaría por suceder.

Pero no conviene llamarse a engaño. Ni dentro de España, ni en el contexto global, mejoran las perspectivas a corto y medio plazo, sino todo lo contrario. A la crisis económica es muy probable, casi con certeza, que le queda un largo recorrido por delante, y todo apunta a sucesivos rebrotes de la crisis financiera internacional, que está lejos muy lejos de haber sido superada, ni siquiera digerida, y que, desde Estados Unidos, se ha propagado a los espacios financieros de Europa y de Extremo Oriente. Como es raro que un gobierno teóricamente liberal utilice recursos intervencionistas, fue lógico que la rebeldía se produjera en las propias filas republicanas, tanto más cuando deben pedir en breve el voto de sus sorprendidos electores. Se ha demostrado una vez más que neocon no es lo mismo que liberal. En economía y en tiempos de dificultades, los conservadores tienden a ser por lo menos tan poco liberales como los socialistas.

¿Es el por fin aprobado, firmado y en marcha plan Paulson parte de la solución o acabará incluso por convertirse en parte añadida del problema? Ni siquiera es tan seguro que la intervención despeje de basuras la economía financiera internacional, ya que no pocas de ellas se encuentran tan sucesivamente empaquetadas que resulta todavía difícil saber en qué derivados, en cualquier lugar del planeta, incluso en bancos puramente comerciales y minoristas, pueden reaparecer las emanaciones tóxicas.

Y lo que más nos importa, que es naturalmente el curso de la crisis económica en nuestro país, ofrece escasas esperanzas y ninguna alegría. Afirma la oposición que el Gobierno de Rodríguez Zapatero ha tirado la toalla y se ha sentado, en términos de política económica, a verlas venir. Respecto a los Presupuestos presentados por Solbes para 2009 hay división de opiniones, pero en el sentido cáustico del dicho popular, que podría traducirse en algo así como «unos se acuerdan de ZP y otros de Pedro Solbes». 

 Nadie toma en serio la previsión oficial del 12,5% de desempleados sobre población activa, que no es pequeña cosa, y en todo caso por encima de las medias europeas, pero que puede quedarse muy corta. Los analistas expertos vaticinan ya incluso por encima del 20% de tasa de paro, esto es, la estremecedora posibilidad de entre cuatro y cinco millones de españoles sin empleo cuando finalice el próximo año, al término de un extenuante vía crucis de cien mil o más de nuevos parados cada mes, un mes tras otro.

 En el caso español, el problema se agudiza por la convergencia diabólica de la crisis financiera internacional con el colapso del sector inmobiliario y el temerario endeudamiento de las familias y las empresas. El estremecedor montante de créditos a promotores, a veces para la compra de terrenos de dudosa o difícil recalificación, y de hipotecas concedidas, demasiadas veces por el cien por ciento del valor de inmueble, a personas que no superarían una rigurosa estimación de solvencia, será muy difícil de refinanciar en unos mercados de dinero que han pasado de las turbulencias al huracán. Lo cierto es que la desaceleración de la economía española ya había comenzado cuando estalló la crisis financiera internacional de 2007 y estamos ahora en crecimiento negativo, esto es, en recesión, que se agudizará durante todo el próximo año 2009 y quizá incluso durante el año 2010. 

 Cuando se produzca la recuperación será problemática, porque los bancos y cajas trasladan obligadamente su falta de liquidez a empresas y familias. En los últimos años los tipos de interés fueron muy bajos, casi siempre por debajo de la inflación, y hubo abundancia de crédito. Los bajos tipos respondieron a la política del Banco Central Europeo y la abundancia del crédito al imparable crecimiento de la economía española animada por las reformas del período 1996-2000 y por una eurozona que eliminaba los riesgos de políticas fiscales y monetarias nacionales descontroladas. El optimismo ante el futuro de las empresas y las familias hizo que aumentaran su endeudamiento para invertir y consumir, y ese gasto se tradujo en crecimiento económico, en creación de empleo y en capacidad para absorber la entrada en España de millones de inmigrantes.

 Hacer predicciones sobre lo que va a ocurrir con los cientos de miles de millones de euros prestados a los promotores es casi imposible. Además, la Banca está refinanciando al menos a tres años a los promotores que tienen mayor deuda, fondos propios algo más elevados y activos de mejor calidad, por lo que la necesidad de constituir provisiones para cubrir la entrada en mora de los préstamos y créditos a esas empresas no se reflejarían por ahora en las actividades financieras. Los dos grandes bancos de España, el Santander y el BBVA, son los únicos con capacidad para lograr recapitalizarse si lo necesitaran. El resto de los bancos, por su tamaño, y las cajas por su especial régimen jurídico, tienen cerrada esta vía para recomponer su capital. El riesgo es que, si no se recapitaliza, nuestro sistema financiero arrastraría a la economía real, pues los créditos tendrían que reducirse drásticamente, para acompasarlos a los fondos propios y respetar los criterios de solvencia.

Carlos E.Rodriguez es uno de los analistas más prestigiosos
Este trabajo se ha  publicado en Diario de Avisos

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