
«Europa quiere liderar la economía espacial: La Comisión Europea presentó la Ley del Espacio»
Titulares de prensa
Por legislar que no quede. La UE anuncia su asalto a los cielos (plagiando al grito de guerra de “Podemos”), con una nueva ley o directiva de la humilde Comisión que, al parecer, pretende llevar el nombre de “Ley del Espacio” o “Ley Espacial para impulsar el mercado y reforzar la seguridad espacial”. Ya hemos visto como la “titularidad” de la norma es importante como el “Tratado de los Océanos”. La pretenciosidad ante todo. No tenemos capacidad para dar un cierto orden y efectividad a cuestiones menores y pretendemos ordenar el espacio.
Lo oportuno es que las normas surjan precisamente de acuerdos o “tratados” previos de unánime aceptación por todos los estados miembros de la UE que, dicho sea de paso, pretendería alzarse con el santo y la limosna del dominio espacial. Al parecer ésta llamada “ley”, ya cuenta con ello y con el Vº Bº del Parlamento Europeo pero, al igual que las leyes “del clima” o de “restauración de la naturaleza”, necesita una mayor precisión no sólo en su enunciado, sino en los objetivos reales (ahí se mide lo pretencioso). Se indica que “es un conjunto de medidas que buscan hacer del sector espacial europeo, un entorno más limpio, más seguro y competitivo, tanto a nivel interno como en los mercados internacionales”. Al parecer existen ya “sectores espaciales” que corresponderían a otros estados, si bien -según la propia Comisión- es necesario regular toda la actividad espacial. La geopolítica se lanza a volar.
Nos imaginamos a la Comisión en pleno proceso de reflexión sobre cómo extender su poder normativo, hasta que la chispa salta sobre la mesa: “Ya está. El espacio”. Nada más y nada menos. Regular o normativizar… ¿qué? ¿Cuales son los límites que la especie humana y la UE en su nombre va a establecer a ese infinito y desconocido Universo? Por ciencia-ficción que no sea. Del ya amortizado globalismo o poder mundial único, saltamos a las estrellas para regular su funcionamiento cósmico o ¿sólo se trata de control de los humanos y sus actividades?
¿No era más lógico -en su caso- aclarar el concepto y dejarlo en simple “derecho espacial” o “regulación de las actividades humanas en el espacio”? Ya sabemos que todo es “antropogénico”, para evitar que algunos particulares (como el Sr. Musk ) puedan conseguir con menos medios y escenografía, logros que los estados no consiguen. Dicho de otra forma, de impedir que otros lleguen antes y puedan tomar posesión de los bienes espaciales.
El sujeto jurídico a proteger por la norma debe concretarse. Hablar del “espacio” sin más es una frivolidad juridica -aparte de un error conceptual- por lo que de común acuerdo todas las potencias y países de nuestro planeta, deben aprobar los límites de su responsabilidad espacial en la atmósfera (o quizás más allá en la exosfera o quizás en todo el sistema solar). Tarea ardua que puede llevar más tiempo del previsto (si es que está previsto) y desde luego no la verán los actuales ojos terrícolas. Salvo, claro está, que se sigan contando “cuentos” de ciencia ficción para distraernos.
Una cosa diferente es la desaparición de toda la basura con que hemos contaminado el “espacio” o prohibir toda la que existirá en la Tierra a partir de las absurdas normas impuestas sobre actividades humanas. Según la Comisión “hay alrededor de 11.000 satélites en órbita que pueden alcanzar los 50.000, a lo que debe sumarse los instrumentos de exploración, naves de reabastecimiento o complejos como la propia Estación Espacial Internacional, así como más de 128 millones de piezas de escombro espacial circulando, con la consiguiente inseguridad en cuanto a posibles colisiones”. Un verdadero caos que unido a la circulación aérea actual, va a provocar atascos inconmensurables. Una buena materia para el “cómic”.
Por aportar sólo unas reflexiones: ¿qué ocurrirá cuando todos los artefactos tecnológicos desde el móvil personal, hasta las baterías de los coches o las instalaciones de energía lleguen a su caducidad e invadan todo el espacio disponible? ¿Donde depositar tanta “basura” (es el nombre a que nos estamos a acostumbrando) en la Tierra? ¿La enviaremos al “espacio”? ¿La dejaremos seguir flotando para que una señal nos indique a través de las “apps” algo tan útil como donde está una calle mientras sea impotente para evitar las alteraciones de radio producidas por el Sol o su constante acción geomagnética.
En todo caso parece que las cosas van por otro lado. Como cuestiones más importantes estarían las actividades humanas en el espacio que, como decíamos, ya no están sujetas a proyectos de carácter institucional exclusivo, sino a intereses de explotación del mundo espacial y planetario por parte de “emprendedores” privados. Desde el turismo espacial con posibilidades de estancias en estaciones orbitales (nuevos “pisos turísticos”), hasta el desarrollo de aeronaves militares para conquistar planetas y apoderarse de sus posibles recursos y colonizar nuevas tierras, llevando los conflictos al sistema planetario como en los “cómics” de ciencia ficción y ampliar la contaminación (la mental es la más grave) al mundo cósmico?
La “cacharrería” circundante al planeta Tierra precisa ya de una limpieza ( o reciclado) o su impulso hacia otras zonas (basureros espaciales). Todo ello tiene un enorme coste en energías, tráfico y orden que, sinceramente los humanos somos incapaces de conseguir. Menos aún las “inteligencias” alternativas como la pretendida “artificial” (que por eso, no puede calificarse de “inteligencia” sino como base o depósito de datos). Todavía estamos esperando conocer el origen de la pandemia del Covid-19 y sus implicaciones políticas y sanitarias.
Como vemos muchas incógnitas existen en este nuevo sobrecalentamiento legislativo de la UE que sólo sirve para “freir” aún más a los sufridos humanos, nuevos esclavos de sus desórdenes y de sus nuevas religiones o mitos. Ahora hay que tocar al cosmos. Eso sí, apoyados en tres pilares: seguridad física para el tráfico y jurídica para las operaciones controladas por la UE en su espacio; resiliencia o simple durabilidad y sostenibilidad (que pueda mantenerse en cuanto a sus necesidades). Incluso se han creado unas normas o requisitos administrativos en su aplicación: “las normas se aplicarán tanto a activos espaciales nacionales como de la UE, como a operadores de terceros países que ofrezcan servicio en territorio europeo, adaptando los requisitos al tamaño y madurez de cada empresa” (?)
Queda por comprobar cómo se va a hacer el reparto espacial mundial, tal como se hizo con las “aguas territoriales”, para que cada cual tenga su parte de la tarta y cómo se pueden implementar medidas unilaterales (como parecen ser la de la UE) sin que los demás protesten.













