Euskadi, Navarra, Rioja, líos entre vecinos

Euskadi, Navarra, Rioja, líos entre vecinos
Serralaitz
Serralaitz, el seudónimo usado por el autor en atención a su lugar de nacimiento, es un localismo que corresponde al nombre dado en la zona a una sierra riojana: la Sierra de la Hez, un conjunto de montañas en el corazón de La Rioja, entre las comarcas de Rioja Baja y Alto Cidacos-Alhama y Cameros y a una altura superior a los mil metros. Desde esa altura, cuando no hay niebla, las cosas se aprecian de una forma muy especial.

Resulta que desde el Gobierno vasco se está promocionando la Ruta del vino y del pescado, que discurría entre los puertos pesqueros de Bermeo, Lequeitio y Ondárroa y el Monasterio de San Millán de la Cogolla desde la Edad Media, pero por su cuenta han cambiado a San Millán por el pueblo de Oyón, para no verse obligados a pasar el Ebro.

Resulta que la Denominación de Origen Rioja, una obra predilecta del gran vascoriojano Félix María Samaniego, el Gobierno vasco se empeña en dedicarla a promocionar única y exclusivamente el vino de la Rioja alavesa, silenciando a la Rioja del lado sur del Ebro y de pueblos de Navarra que también están acogidos a esta Denominación.

Hay un dicho popular según el cual comerciantes del vino vascos se decían entre sí: “Si vas a por vino a Autol, (localidad próxima a Calahorra), no comas de esa hierba que llaman l´apia, que te sabrán todos lso vinos buenos”. Hoy, sin embargo, la Comunidad parece empeñada en que sus habitantes beben única y exclusivamente vino del lado norte del Ebro, de la Rioja Alavesa.

Resulta que tanto Navarra como Euskadi, situados a pocos kilómetros de la capital de la Rioja, atraen con algunos privilegios fiscales a empresas de Logroño, creando polígonos industriales a las puertas de dicha ciudad.

Resulta que los enfermos de la Rioja alavesa prefieren acudir a operaciones y asistencia médica a la Residencia de la Comunidad vecina de la Rioja, a pocos kilómetros de la citada comarca. Y que este pormenor ha provocado no pocos roces entre las dos comunidades.

Y miles de jubilados vascos o ciudadanos en buena situación económica han elegido la Rioja del sur del Ebro como su “Costa del Sol” para sus fines de semana o para residencia secundaria.

Gonzalo de Berceo, primer poeta castellano, vivió en una comarca vascoparlante, que comprendía todo el Oeste de la Rioja y la Sierra de la Demanda, que en San Millán se conservan las primeras palabras escritas en euskera. Y que el euskera sobrevivió hasta muy recientemente en estas comarcas, mientras desapareció en buena parte de Alava mucho antes. Por la sencilla razón de que el latín y su resultante castellana se extendieron muy pronto por lambas riberas del Ebro, mientras que el euskera se mantuvo intacto en las zonas montañosas de su ribera norte y en la Cordillera Ibérica.

Calahorra, desde la época romana, figuró como capital de la zona este de Euskadi, mientras Pamplona figuraba como capital de la zona norte montañosa. Nájera fue capital del Reino de Navarra, y en esta ciudad riojana figura el panteón de los primeros reyes de Navarra.

Históricamente, la relación de las gentes de uno y otro lado del Ebro, vascos, navarros o riojanos del sur, han discurrido y discurren dentro de un clima de cordialidad y buen rollo, mientras que a nivel institucional parece que se pretende convertir el Ebro en frontera insalvable al modo de la frontera de Irún y del Pirineo.

Uno se pregunta si esa constante histórica de la convivencia y respeto mutuo, de los intercambios comerciales en paridad de condiciones que han prevalecido históricamente, han degenerado en conflictos fronterizos más propios de Estados independientes mal avenidos, situación que por supuesto perjudica al más débil y favorece al más fuerte.
En todo caso, con fórmulas independentistas o confederales o federalistas, es evidente que esa constante histórica de buen rollo entre Navarra, Euskadi y la Rioja, debería mantenerse a toda costa. No sabemos qué opinaría de todo esto aquel insigne representante de la Ilustración don Félix María Samaniego, tan vasco como riojano… O aquel otro don Gonzalo de Berceo, que escribía en castellano y predicaba en euskera…

 

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