La huelga de Chiquilicuatre

Abel Cádiz
ABEL CÁDIZ RUIZ es el presidente de la Fundación Emprendedores y autor de "La historia del poder". En el pasado asumió un compromiso con la transición política, al lado de Adolfo Suárez. Fue miembro del Consejo Nacional de la UCD y Presidente en Madrid. Tras ser diputado por la Comunidad de Madrid abandonó la política para dedicarse profesionalmente a la docencia y a la actividad empresarial.
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Acontece que la cultura sindical española parece sentirse heredera aún,  aunque omita decirlo, de la vieja creencia sostenida por el marxismo del siglo XX, según la cual los empresarios responden al arquetipo que ha logrado representar en su caricatura el, por otra parte, simpático Chiquilicuatre. Basta dibujar unos trazos gruesos para hacer risible y odiosa su figura: insensibilidad, ignorancia, talante ávido y brutal, añadiéndole una dosis de machismo porque ahora ese rasgo perverso resulta oportuno y mola mucho.

Para nuestro sindicalismo oficial todo se parece a lo que escribió Carlos Marx, aunque si hicieran una relectura de «El Capital» no dejarían de sorprenderse por la simplicidad de algunos de sus postulados. Para Marx, por ejemplo, «la fabrica es atendida por adolescentes apenas salidos de su infancia (…) El capitalista considera que la jornada laboral abarca 24 horas completas de las que solo cabe deducir las horas de descanso para que el trabajador pueda accionar nuevamente (…) Desde que el capitalista compra mujeres y niños la libertad no existe; el obrero vendía antes su propia fuerza de trabajo, ahora ha de transformarse en mercader de esclavos y vende a los individuos de su familia» (…)

En fin, si somos objetivos,  la imagen del capitalista  que nos transmite la UGT quiere aproximarse, en su caricatura,  a la ya apolillada de D. Carlos Marx. En definitiva, según tan bienquista doctrina para la izquierda,  ese capitalista  visualizado en Chiquilicuatre, sería cada vez más rico y poderoso y sus trabajadores más vilmente explotados. Por tanto pasemos por alto otras percepciones. Por ejemplo: que se puedan reunir en una jornada de trabajo diez y seis mil trabajadores y esa jornada tenga un costo global,  según el salario medio que se percibe en España,  de la cifra no insignificante de un millón doscientos mil euros que, no obstante, pagan los chiquilicuatres baja el concepto de horas sindicales liberadas por Convenio y Estatuto. Pasemos también por alto que el 85% de la población trabajadora depende de esos chiquilicuatres retratados por UGT (pymes de menos de cincuenta trabajadores) y, desde luego, olvidemos que otro de los postulados de Marx, aquél que afirma sobre la acumulación inacabable de riqueza del capitalista, merced a la explotación que ejerce provocando la depauperización progresiva del trabajador, genera dudas insuperables a los perversos liberales,  si se considera que de cada cien empresarios que iniciaron su negocio hace veinte años apenas sobreviven hoy treinta.  Es más, si D. Carlos levantará la cabeza se quedaría perplejo, dada su naturaleza observadora, al comprobar el dato fehaciente de que de las quinientas grandes empresas que constituyen el RANKING del país capitalista por antonomasia, Estados Unidos, solo el 15% es decir setenta y cinco empresas aparecían en la misma lista de hace cincuenta años. El resto de las de entonces están quebradas o absorbidas. Y es que en «El Capital» se omitieron por su celebrado autor ideas tales como riesgo, mercado, competencia, innovación que, mire usted por donde dan lugar, en la economía libre,  a que un chiquilicuatre cualquiera pueda arruinarse y un trabajador con inventiva, alquilando un garaje, termine haciéndose  rico y contratando varios miles de trabajadores.

Quiere decirse, por tanto, que en los albores del siglo XXI, un líder sindical anclado en el marxismo aun sin saberlo, no deja de ser anacrónico y, lo que es peor, que al transmitir una caricatura de empresario voraz y miserable, crea sin acaso saberlo un estado de opinión peligroso. ¿Peligroso para quién? -se preguntará- Peligroso para la necesaria pedagogía social que se echa en falta en el discurso empresarial, imposibilitado hoy por el perfil de la CEOE y sus cuitas internas. Resulta chocante que el debate sobre la reforma laboral se quede en la epidermis de un análisis nonato sobre la necesidad de valorar socialmente la creación de trabajo y estimular el espíritu emprendedor. Es triste tener que defender lo obvio. A saber: Que ningún Sindicato crea empleo, como tampoco lo hace el Gobierno (fuera de la función pública, por otra parte, difícil de sostener en los cada vez más deficitarios presupuestos del Estado).  Es de los chiquilicuatres demonizados de los que depende reducir la tasa terrible de paro, pero resulta que están abatidos y no es previsible que su moral se eleve con el discurso sindical que les culpabiliza a ellos y sólo ahora tardíamente al Gobierno por ser blando con las espigas (reforma laboral a favor del empresario en su versión) y duro con las espuelas (perjudicial para privilegios conquistados, también en su versión). Por no hablar de las Instituciones públicas que no les pagan y las financieras que no les prestan. En suma, con el ruido global del discurso prevaleciente, con la desconfianza introducida por el gobierno, la situación tiene mayor gravedad real porque no hay nada peor para recuperar la moral de trabajo y esfuerzo que tener la impresión de no poder cambiar ni predecir los entornos. En esas circunstancias los chiquilicuatre también han  entrado en depresión y, desde mucho antes del 29-S muchos de ellos permanecen en una huelga que no parece tener limite temporal inmediato.

1 Comentario

  1. En dos empresas aenirtores que estuve, cuando empece9 mi periplo en el mundo laboral, recuerdo el deda que llegaron a mi sitio personas afiliadas a UGT y CC.OO para darme un panfleto donde aparecedan reflejadas el nombre de las personas que se presentaban a las elecciones de la empresa.Tanto a OGT (ojete) como a ce ce o o (como diredan en algfan informativo) les dije que yo no votaba a sindicatso, que no quereda el panfleto y que no iba a votar. Todo, sea dicho, expresado de una forma muy educada.Pues se indignaron, y me recriminaron que cuando tuviera algfan problema no me iban a ayudar, que como me llamaba, etc etc. Ased que, como me empezaron a tocar las bowlins, les dije que no votaba a ningfan sindicato porque son una lacra social y empresarial, son un vertidero de dinero que no vale para nada, que sus miembros solo piensan en las horas sindicales para irse a casita antes de la hora para ir a ver el ffatbol o al cine, o para engancharlas en puentes, que no creo en ellos, y que para que consigan que tenga un rollo de papel higie9nico me1s en el baf1o, me traeda yo kleenex de casa.Pues lo que ocurre en las empresas es lo que ocurre con esta gente a escalas me1s grandes. Solo consiguen nimiedades, cosas que a nadie le interesa, gilipolleces y tontunas que ellos ven como meritorio. Los problemas reales, los que de verdad afectan a la gente, jame1s hacen nada ni consiguen nada.Ased que la huelga conmigo no cuenten, no voy con ellos ni para heredar. Los que ire1n a la huelga sere1n los pobres desempleados y los sindicalistas que quieren escaquearse de sus tristes puestos, porque son una panda de vagos.Y esto es lo que pienso de los toxos, ce1ndidos y deme1s calaf1a. Sois una puta panda de vagos chuipadores de las arcas del estado!!!!!!!

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