“Sí, se puede” luchar contra la crisis

Carlos E. Rodríguez
Periodista. Fundador de OTR/Press. Dirigió la revista Panorama y Gaceta de los Negocios. Presidente de Área Digital Producciones.
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Ya no es cuestión de alarmas ni de puntos de vista. Con la realidad que cuentan los números, esos más de 4 millones de parados por vez primera desde que se tienen estadísticas en España, la temida fractura social está a la vuelta de la esquina. Ahora resulta que los catastrofistas de unos meses atrás nos quedamos muy cortos en el pronóstico de la velocidad con que profundizaría la crisis. Ya estamos, antes de que llegue mayo, en ese 17,4% que calculábamos para finales de año y por lo que portavoces importantes del Gobierno llegaron a acusarnos de crear alarma social, nada menos. Que les digan eso de la “alarma social” a los más de cuatro millones de parados y a ese pronto será un millón de familias todos cuyos miembros han perdido el empleo, esto es, se han convertido en familias indigentes. Con los últimos datos de la EPA, ya son más del 20% los parados en Canarias, Andalucía y Extremadura. En cabeza de tan terrible ranking, Canarias, “el paraíso”, tiene ya nada menos que el 26,12% de su población trabajadora en el estremecedor infierno del paro.

A estas alturas del naufragio, ningún analista económico serio niega que a finales de este mismo año, más del 22% de los españoles estarán en el paro, sin la menor duda, bastante por encima de los 5 millones de españoles sin empleo. Así que la crisis económica es ya, en el caso de España, toda una Depresión, mucho peor que la de 1993 o la derivada del petróleo en los años setenta. Quizá sea imprudente hacerlo, pero puede decirse con más precisión: hay una alta probabilidad de que, no más lejos del segundo trimestre de 2010, sean en torno a 6 millones los españoles en paro y el número seguirá creciendo durante todo el año próximo.

Sorprende la decisión del Gobierno de afirmar que bajo ninguna circunstancia se alcanzarán en España los 5 millones de parados. ¿Asumirán los que hacen tan voluntariosa afirmación el compromiso de dimitir en el mismo momento en que se alcance el porcentaje, ante la constatación de que habrían engañado conscientemente a la ciudadanía? Desmentidos tercamente por la realidad, una y otra vez, los pronósticos del Gobierno sobre la evolución de la crisis económica, está muy bien esa advertencia de mi siempre admirada Fernández de la Vega a los medios informativos para que no hagamos “vaticinios apocalípticos”, pero correlativamente habrá que pedir al Gobierno que asuma las consecuencias si el Apocalipsis laboral llama a nuestra puerta.

Aunque es posible que empiece a percibirse una cierta suavización de la crisis para finales de 2010, lo más probable es que la economía española no cambie de signo hasta por lo menos bien entrado 2012 y que la siguiente fase expansiva del ciclo, aunque arrancase en el mejor de los casos hacia finales de 2012 en el conjunto europeo, se haga esperar quizá hasta 2014 en nuestro país. Se puede ser más optimista, porque el papel aguanta todo lo que se imprima en él, pero no lo permite el respeto a la inteligencia de los lectores. Cierto que vivimos una crisis económica y financiera global, pero la situación de España se encamina, a lo que parece de manera inevitable, a ser la peor de todo el espacio europeo. Si esto no es una enmienda a la totalidad de una gestión política ¿cuál otra cabe? (…) Que a estas alturas del desastre todavía haya quienes ven soluciones en más regulación, incluso algunos en más intervención, resulta desolador. Descalificadas por el PSOE, ignoradas por la derecha, las únicas soluciones posibles, y de efectos no a corto plazo, que serían las soluciones liberales, permanecen aisladas en un espacio exterior a la áspera vida política de nuestro país. Y resulta por lo menos divertido ese empeño del Gobierno español de hacer codos para situarse, al menos mediáticamente, en primera línea de la lucha contra los “paraísos fiscales”, algo que este modesto observador siempre ha reclamado, pero en lo que conviene cierta coherencia, que desde luego nunca podría pasar por opacidades para los dineros que se invirtiesen en emisiones del Tesoro. (….)

Alguna vez habrá que salir del cómodo expediente de echar las culpas de la crisis al desenfado inmobiliario. Es verdad que España es un territorio propicio para el exceso inmobiliario, pero las inmobiliarias que compraron tantos suelos rústicos o costeros o simplemente inadecuados, nunca lo hubieran hecho de no serles tan fácil la obtención de créditos para esas compras. Y al final del final, esos créditos no habrían sido tan fáciles de obtener si las entidades de crédito no hubieran estado convencidas de lo fácil que era, para los promotores inmobiliarios, obtener y activar los contactos precisos para la recalificación y urbanización salvaje de cada metro de suelo.

Es verdad que, como hace más de setenta años advertía el gran maestro Ortega, el “Missisipí de corrupción” que anegó Estados Unidos en la década de los años treinta no produjo la decadencia del país, sino todo lo contrario, su encumbramiento, pero no parece que el caso español vaya a discurrir por los mismos derroteros. Aunque demasiados Ayuntamientos españoles, de todos los colores, también hay que reconocerlo, parecen sacados de los mejores tiempos de Al Capone, la crisis financiera ha golpeado en el punto más débil en el peor momento. De manera que no hemos tocado fondo, como pretende el Gobierno, sino que lo hemos visto, pero nos falta todavía un recorrido por bajar y como decía esta semana un distinguido analista, “cuando toquemos fondo habrá llegado el momento de empezar a escarbar”. Así de mal están las cosas.(….)

Lo escribiré con entera transparencia: España vive una dramática emergencia nacional y las palabras ya sirven para poco. En estas circunstancias, los mínimos de decencia política exigen optar en un dilema: o pacto de Estado contra la crisis, o elecciones generales anticipadas sin esperar al debate presupuestario, es decir, cuanto antes. (….) Los pueblos cultos y sanos saben entender las razones morales de las encrucijadas de la historia. Sucederá lo que tenga que suceder, pero la ciudadanía no perdonará a la clase política que eluda el ejercicio de su responsabilidad. Está en juego todo lo que importa: el trabajo, la riqueza nacional, una actividad empresarial que había llegado a ser vigorosa y moderna.

La dimensión de la crisis es terrible. ¿Podemos afrontarla y superarla? Respondamos con el ya famoso eslogan que Obama recibió de la comunidad hispana de Estados Unidos y que ha alcanzado tan extraordinario éxito: “Sí, se puede”. Podemos si somos capaces de posponer las pequeñas luchas políticas a un gran esfuerzo nacional. Cierto que hace falta grandeza y esa es cualidad que parece ausente en la cúpula del Gobierno.

(1) Del  trabajo  de CARLOS E. RODRÍGUEZ  publicado en Diario de Avisos

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