Tras el Debate, todo sigue igual

Carlos E. Rodríguez
Periodista. Fundador de OTR/Press. Dirigió la revista Panorama y Gaceta de los Negocios. Presidente de Área Digital Producciones.

Ya quisiéramos encontrar motivos para algún optimismo, pero es inútil, porque nada avala esa voluntarista pretensión de Rodríguez Zapatero de que “lo peor de la crisis ya ha pasado”. No es eso lo que parece, ni de lejos, por los hechos y los datos. La verdad es muy otra, por incómoda que sea para la propaganda política, y es que hemos visto el fondo de la crisis, pero aún no lo hemos tocado y todo apunta a que aún nos veremos obligados a escarbar en ese fondo. Cierto que la mala situación no es sólo nuestra, aunque tengamos probablemente las peores perspectivas en Europa, y eso en una Europa cuya economía se contrajo un poquito más del 2,5% en el primer trimestre del año actual, lo que significa nada menos que el 4,6% de contracción respecto al mismo período de 2008. Se dice pronto, se escribe fácil, pero es para echarse por lo menos a temblar.

Digámoslo con claridad. Esto ya no es una crisis financiera —eso que los intervencionistas, con mejor propaganda que argumentos, están empecinados en presentar como consecuencia de la libertad de mercado y de lo que llaman “la codicia” de los operadores de los mercados—, sino una crisis económica generalizada en la que está hundido casi todo el modelo, y desde luego el aparato productivo. No se va a arreglar con actuaciones sobre los operadores financieros, aunque esas actuaciones sean desde luego necesarias, porque nadie sensato puede pensar en una economía sana con un sistema financiero enfermo. Como ya hace un año advertíamos, la salud de la economía real necesita de la salud de la economía financiera. La realidad de los datos deja en evidencia ese voluntarismo de la propaganda política del Gobierno de que lo peor haya pasado.

Indaguemos pues la verdad, ya que no somos políticos. No es imposible, ni siquiera improbable, que lo peor esté por llegar, y por eso se hunde la producción industrial, crece incontenible el paro, tinieblas similares a las inmobiliarias se ciernen sobre el turismo y cae el consumo familiar de manera que la crisis alcanza incluso al comercio al por menor. Todos esos indicadores son peores en España que en el conjunto de la Unión Europea y de la misma manera que nadie puede silenciar la independencia de análisis del Banco de España, no habrá “apañitos” de la Contabilidad Nacional que puedan disimularlo, pese a que ciertas metodologías polémicas retrasarán hasta bien entrado el verano del año actual el conocimiento preciso de lo sucedido con el PIB en el año 2008.

Y tendría lógica que lo peor estuviese por llegar si observamos el mínimo margen de maniobra que queda a las autoridades económicas en una Europa donde el precio oficial del dinero está ya en el nivel, sin precedentes, del 1%, lo que convierte en ficción cualquier margen adicional en el ámbito monetario, y donde el tremendo esfuerzo presupuestario aplicado a salvar la Banca y recuperar el crédito se salda, hasta el momento, con una dramática ausencia de resultados visibles, porque en las actuales circunstancias, y con la dramática elocuencia de los números, frenar la recesión no quiere decir, ni de lejos, que esté próximo el cambio de sentido hacia una recuperación que, con toda probabilidad, se hará esperar quizá casi un año en el conjunto de la Unión y desde luego más, sensiblemente más, en España.

En este desventurado contexto, el análisis de “The Economist” sobre nuestro sistema de Cajas de Ahorros no es alarmante, pero añade inquietudes. La prestigiosa revista económica estima que el deterioro de la calidad de los activos inmobiliarios aumenta la presión sobre las Cajas y abre un horizonte de fusiones, integraciones y adquisiciones. Con toda evidencia, la enorme exposición de las Cajas de Ahorros a los manejos políticos, unida a la amplitud de la corrupción política en nuestro país durante los años recientes, ha supuesto una presión excesiva para la salud del sistema. Lo sucedido en Caja Castilla La Mancha es paradigmático, pero ofrece mucho más interés para el análisis, y habrá que dedicarle todo un monográfico, lo que ha sucedido, parece que sigue sucediendo y no acaba de corregirse, en Caja Madrid, nada menos que la cuarta entidad financiera española. No hay riesgo para los impositores, pero no todo es eso.

Con el paro en niveles sin precedentes y creciendo, con señales de alarma en los recursos de la Seguridad Social, con todos los principales indicadores de actividad desplomándose, era lógico que, ante el reciente Debate parlamentario sobre el Estado de la Nación, el interés de los ciudadanos se centrase en escuchar las propuestas de los distintos Grupos para manejar la dramática situación económica. Pero sobre todo hay algo que aquí parecen que todos tienen claro, menos los políticos, y que es la necesidad de una concertación transversal para que el país entero luche unido contra la crisis. La decepción ha sido profunda y esto, que se hace ostensible en la calle y en las conversaciones, no se va a ocultar con encuestas de oportunidad, aunque aceptemos la pulcritud de sus operadores.

Al final del final era inevitable que el Debate dejara mal sabor de boca. ¿Cuál es el estado de la nación? Todos sabemos que manifiestamente mejorable, peor que el de casi cualquier otro país de la Unión Europea o de la OCDE ante la terrible crisis económica y financiera global que atravesamos y peor que nunca antes, desde el inicio de la transición, en el siempre diferido camino de dar una respuesta concertada y satisfactoria a la organización de nuestra compleja arquitectura territorial, lo que también ahonda, por cierto, la debilidad de nuestros modelos económicos.

Fuente: DIARIO DE AVISOS [ Un artículo de Carlos E. Rodríguez ]

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