Operación ‘Kitchen’, retrato de cuerpo entero del PP

Operación Kitchen
José Luis Heras Celemín
José Luis Heras Celemín es autor del libro “El Caso Bankia y algo más… o menos” y Director de Comunicación de la Fundación Emprendedores.

Ocasión pintiparada. Preocupación general por las crisis sanitaria, social y económica. Presupuestos Generales del Estado pendientes. Coalición PSOE-UP con recelos y malicias en la recámara. El Gobierno a pájaros entre pandemias. Y, como por arte de birlibirloque, la suerte, puede que buscada, aunque no se sepa por quién ni para que, de la Operación ‘Kitchen’: La posibilidad de un retrato, gratis, para un PP que como oposición parlamentaria necesita plantarse tal cual es. Atento kitchen (cocina). Bastos a favor del PP y de castigo al Gobierno. No de acuerdo, pero listo el atrezo: El momento que preocupa. Gobierno de coalición. Las alcantarillas ministeriales como colectores para sanear cloacas. El excomisario Villarejo con sus causas. La justicia lenta y con vericuetos. Los medios de comunicación, controladas o libres, que para el caso son lo mismo. Y el PP, el del pasado desde Fraga a Casado, el actual con raíces que interesan en la Operación ‘Kitchen’, y el futuro. La Operación ‘Kitchen’ puede ser el autorretrato de cuerpo entero del PP. ¡Ojo cocina! Vuelta a la tortilla. Con huevos.

La Operación ‘Kitchen’ tiene su origen en la causa ‘Tándem’, el llamado ‘Caso Villarejo ‘, en el que se investiga si en la actividad del comisario Villarejo hubo actuaciones al margen de la ley. Dividida en varias piezas, en una de ellas, la séptima conocida como ‘Kitchen’  se trata de averiguar si en el año 2013, siendo Rajoy presidente del Gobierno y desde el Ministerio del Interior, se intentaron conseguir documentos del extesorero del Partido Popular Luis Bárcenas que pondrían en dificultades al PP como partido de aquel Gobierno, a algunos de sus miembros y a los que desde el Ministerio del Interior ordenaron, permitieron o no vieron el (supuesto) mal uso de fondos y funcionarios públicos para asuntos distintos a los permitidos.

Como es obvio, el juez que instruye la causa debe conocer hechos, buscar autores, cotejar responsabilidades y, si fuera el caso, tomar cuantas medidas sean necesarias para restituir el daño causado a la sociedad. Es lo previsto por la ley, en este caso y en todos, al margen identidad de autores y otras consideraciones. Sin embargo, en este caso, hay dos reflexiones a tener en cuenta: La que se ocupa del daño causado a la sociedad que la justicia debe restituir. Y el atropello de derechos de un ciudadano que, aunque esté encausado, sancionado o preso, prevé la Constitución y protege nuestro sistema político.

Sobre la primera, son próximas a corrupciones y manejos en los partidos políticos. Importan 124.124.090.826€ (según @Esparroqui) afectan a muchos partidos políticos, y entre todas destacan: Eres socialistas andaluces, 3% de los independentistas catalanes. Gürtel en las órbitas madrileña y valenciana del PP. Casos De Miguel, Ochandiano y Telleria, en la esfera del PNV… Y la última, descubierta cuando una exasesora de Podemos desmonta teorías sobre cloacas policiales y mezcla al vicepresidente Pablo Iglesias con el caso Villarejo. Todas, sustanciadas, en proceso o prescritas, han estado o están al cuidado del órgano jurisdiccional que entiende sobre ellas.

Las corrupciones, por el importe y entidad de los afectados, llaman la atención. Son importantes y carne, o carnaza, de telediario. Pero sus efectos se redimen con penas y dinero. No ocurre lo mismo cuando lo que se viola es el derecho de un ciudadano por quién usa los medios del Estado que la sociedad pone a su disposición. Como en el resto de las actividades delictivas contempladas en el Código Penal, la legislación prevé como resarcir a la sociedad y al perjudicado de los efectos de la fechoría. Pero hay una reposición, que en la Operación Kitchen está pendiente y que, si el PP lo entiende, producirá un efecto benéfico doble: Asistencia humana al afectado y, por ende, a toda la sociedad. Y retrato del PP.

Independencia para jueces y fiscales. Ayuda a la acción de la justicia. Respecto a las decisiones judiciales, aceptándolas, apelándolas o recurriendo a los modos y vericuetos que están previstos por la ley. Caiga o levante la ley a quien deba y lo merezca. Sea el que sea con nombre y apellidos; y con independencia de cargos (Presidente del Gobierno, ministros, subsecretarios, secretarios de Estado, directores generales, mandos intermedios, funcionarios y currantes). Rechazo al delito y compasión por los delincuentes. Por supuesto. Pero la ocasión es pintiparada y el PP, con sus modos y comportamiento, puede usar la Operación Kitchen para mostrarse ante el electorado, en un retrato, gratis y de cuerpo entero, como la oposición parlamentaria que es y el recambio de gobierno que puede ser.

Para eso, en el autorretrato del PP ha de aparecer: Ayuda convincente a la justicia. Suministro de la información propia que importa, a la justicia y a los medios de comunicación, controlados o libres, que para el caso son lo mismo. Defensa del Derecho y del Estado de Derecho, por encima de todo y de todos. Transferencia sin subterfugios. Independencia frente a intereses ajenos al partido. Voluntad para convertir las alcantarillas en colectores que saneen las cloacas (policiales o ministeriales). Distancia con los implicados del partido, el excomisario Villarejo y sus causas. Fidelidad a los principios y programas del PP, desde Fraga a Casado, que puedan tener relación con las raíces que interesan en la Operación Kitchen, y con el futuro.

La Operación Kitchen puede convertirse en el retrato de cuerpo entero del PP. Si es así, ¡ojo cocina!, vuelta a la tortilla. Con huevos.

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