Otra de Azarías y la milana bonita

Los Santos Inocentes
Serralaitz
Serralaitz, el seudónimo usado por el autor en atención a su lugar de nacimiento, es un localismo que corresponde al nombre dado en la zona a una sierra riojana: la Sierra de la Hez, un conjunto de montañas en el corazón de La Rioja, entre las comarcas de Rioja Baja y Alto Cidacos-Alhama y Cameros y a una altura superior a los mil metros. Desde esa altura, cuando no hay niebla, las cosas se aprecian de una forma muy especial.

Extremadura y sus milanas bonitas, las de Los Santos Inocentes, sobrevuelan el Planeta Tierra con sus hazañas, venturas y desventuras que hacen grande a sus personajes y su tierra.

Desde Euskadi, en versión femenina esta vez, María ha dado al mundo diez hijos que han talado miles de pinos, y siguen trabajando en Cataluña, Canarias, La Mancha, más catorce nietos y cuatro biznietos, en el momento en que el patriarca, Antonio, ha entregado su alma a Dios y su cuerpo maltrecho a la tierra de donde salió.

Han sido sesenta años en que los hombres han talado pinos y trizado su madera para hacer del material papel y cartón, les han caído encima troncos de cientos de kilos que han destrozado sus huesos y articulaciones, y han sobrevivido apenas en la flor de la vida mediante pensiones de invalidez, incapaces de realizar sus sueños de amor y descendencia los más, y otros huyendo del trabajo forestal como personal de hoteles turísticos o en oficios mal pagados. Y los fundadores de la saga han vivido una jubilación, ella lavando ropas y cocinando, él jugando en las máquinas tragaperras, y cultivando sus verduritas para reducir los gastos de alimentación de tantas bocas hambrientas, en una vivienda de la empresa barata y destartalada, en las afueras de la ciudad, obligados todos a coger el autobús para reunirse con amigos y convecinos.

Han sido los sesenta años de sindicalismo vertical conducidos por un tal Solís, ministro intocable del dictador, un sindicalismo de ordeno y mando y encajono a mis operarios en barrios miserables que han hecho millonarios a empresarios de la construcción y del ladrillo, la gran industria del siglo XX español y los cuarenta años y pico de “paz-ciencia”.

Y allá está ella entre sus pucheros y sus lavadoras, las ventanas siempre llenas de ropas a secar, sus viajes al supermercado, sus angustias por tantos hijos, nietos y biznietos, casi todos muy lejos, que no han podido acompañarla en el luto por su esposo y para ellos padre solo uno que felizmente trabaja, porque el fútbol le dio un respiro y le regaló una salida del papel que tendría que haber cubierto en su película de Los Santos Inocentes como Azarías con su milana bonita y su venganza asesina y su casa de locos como final trágico.

Extremadura pura y dura, Extremadura de cordura y de bravura, la que conquistó América y construyo en los años 1960 por toda Europa carreteras, vías férreas, viviendas, la que hizo de una España rural y destrozada por la Guerra Civil, un país medianamente moderno. La Extremadura de la España vacía y sin ferrocarriles del siglo XX ni de siglos anteriores que la conviertan en camino entre España y Portugal y ruta turística, sigue en pie y sigue trabajando. Y María lavando ropa y cocinando, y sus hijos buscando por el monte avellanas, castañas y frutas silvestres para llenar el estómago y hace deporte barato, soñando con tener una familia, sufriendo operación tras operación para mantener mínimamente en funcionamiento sus miembros rotos por los pinos que talaron en su juventud.

Necesitaríamos otro novelista que escribiera para este siglo XXI una nueva versión de Los Santos Inocentes, un Mario Camus que la llevase a la pantalla. Unos Santos Inocentes en versión de pandemia y Covid-19.

Pero por favor, salidos de esa cantera de héroes y constructores de ciudades y de civilizaciones y jamón de pata negra. Porque felizmente todavía tenemos Extremadura para rato, y milanas bonitas, y Azarías poeta de la naturaleza.

DEJA UNA RESPUESTA

Please enter your comment!
Please enter your name here

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.