
Dentro del programa que el Club Liberal Español viene desarrollando, ayer tocó una conferencia de la Consejera de Medio Ambiente de la Comunidad de Madrid, cuyo tema principal era la política de vivienda del gobierno madrileño.
La disertación fue brillante con abundancia de datos sobre la cuestión que más tarde, en el transcurso del debate recibieron algunas críticas de los asistentes, una buena parte de los cuales eran cargos de su departamento.
Fue en ese debate precisamente donde se coló una pregunta más política que técnica, relacionada con esa posición equívoca y confusa entre las diferentes sensibilidades existentes al parecer en el Partido Popular sobre una cuestión como las “agendas” que desde la UE (vía gobiernos de los estados miembros) se imponen desde intereses particulares de negocio en esa nueva religión de la “calentología” (una brillante calificación de D. José Ramón Ferrandis) con toda su parafernalia litúrgica, dogmas, imposiciones y sanciones a los no creyentes.
En relación con la cuestión planteada la conferenciante mantuvo la misma posición ambigua que —al parecer— se ha impuesto como consigna electoral del PP y que le costará muchos votos (no se puede soplar y sorber al mismo tiempo porque, al final, existe el riesgo de atragantarse). No se puede ser oposición política haciendo seguidismo acomplejado político. No se pueden pedir elecciones inmediatas con la boca pequeña y rechazar la oportunidad en la pasada moción de censura de Vox.
De la respuesta sólo cabía entender dos cuestiones: la primera de ellas fue la defensa de la agenda 2030 como un importante proyecto de planificación (a la soviética) de desarrollo del mundo (globalización) en los próximos años, con las exigencias e imposiciones a los ciudadanos correspondientes. Un “mundo feliz” (Huxley) sintetizado en la frase: “no tendréis nada, pero seréis más felices”, aunque sea a costa de imponer ideas distópicas, falsas, aberrantes y contrarias al ser humano desde esta colusión de poderes existente. Eso sí, calificó al PP como un partido liberal contrario al intervencionismo y la planificación.
Según la conferenciante, no se habían interpretado bien los comentarios de algunas personas relevantes (como el propio Sr. Feijóo y la Sra. Ayuso) sobre la lucha contra el cambio climático que estaba más orientada a países no occidentales a través de la “descarbonización” energética. Se olvidó de las políticas ambientales de restricción de la movilidad que el ayuntamiento madrileño ha impuesto o de las que en su momento impuso el propio Sr. Feijóo en Galicia con motivo del SARS-CoV 2. También se olvidó de que las agendas constituyen graves restricciones de derechos como corresponde a modelos socialistas arcaicos o del nuevo invento de las “ciudades de 15 minutos” que restringen los movimientos.
Como viene ocurriendo las respuestas no admiten réplica por cuestión de tiempo, con lo que se perdió una buena oportunidad de que el CLE pusiera el dedo en la llaga de la actual política española centrada en la defensa de agendas (salvo el caso de Vox) de pensamiento único y dogmático que elimina libertades y derechos constitucionales, recogidos en los tratados de la UE y en la propia declaración de derechos humanos. Como decía Gorvachov en su día, cuando tuvo ocasión de visitarla y conocer sus sistemas políticos: “Europa es más soviética que la URSS”.
Tal como se comentó a la conferenciante, su consejería estaba implicada en algo más que la política de vivienda (objeto de la charla), sino que ésta quedaba a su vez incardinada en la ordenación territorial de usos y actividades y ésta a su vez en una política global de Medio Ambiente racional ajustada a la evolución y necesidades de los seres humanos, especie declarada tóxica por las camarillas de “expertos” que en la década de los 50 del siglo pasado surgieron alrededor del Club de Roma vaticinando el fin de los alimentos para el año 1980 y sus límites al crecimiento neomalthusianos, seguidas del gran gurú Al Gore con sus predicciones sobre el Ártico que dejarían inundadas las ciudades costeras como Nueva York en un plazo inmediato, sus sacerdotes y sus monaguillos (como la niña Greta). Predicciones todas ellas fallidas.
No pudimos rebatir su referencia a la “descarbonizaciòn” (neolenguaje de los autoconsiderados progresistas) que —muy hábilmente manipulado— se refiere a las emisiones de CO2 que el “tóxico” ser humano produce en nuestra atmósfera, (cuestión que ya he aclarado en otros artículos), olvidando (o no conociendo) el importantísimo papel de este gas en la vida de los seres humanos y en toda la Biosfera en general a pesar de su escasez (sólo un 0’04% de los gases llamados de “efecto invernadero”). Por cierto, tampoco hubo respuesta a su obligado conocimiento de lo que viene ocurriendo con vuelos “especiales” para su acción “criogénica” (antes hielo) sobre las nubes, ahora con otros compuestos químicos como las sales de plata que, en su caso, afectan al medio ambiente.
Era evidente que tampoco podíamos aclarar conceptos equívocos como el llamado “cambio climático” en que se basa toda la doctrina de la nueva religión, donde se ha tomado una realidad (obvia científicamente) permanente en el curso de la historia del planeta desde su enfriamiento y comienzo de rotación alrededor del Sol, para manipularla desde la simpleza política y la avidez económica y donde se unen la desfachatez de unos pocos (pero con mucho dinero y poder), la ignorancia de otros muchos (los de siempre) y la propaganda de los que antes eran medios de comunicación (hoy al servicio del dinero) aprovechando la circunstancia para la creación de “telecreyentes” (otra afortunada calificación de una buena parte de la sociedad). Menos aún entrar en las múltiples circunstancias que hacen que “todo el clima de la Tierra, desde la superficie del planeta hasta el espacio, comienza con el Sol. El clima espacial y el clima terrestre están influenciados por los pequeños cambios que sufre el Sol durante su ciclo solar” (según el Centro de Predicción del Clima Espacial de la Administración Nacional Oceánica y Atmosférica: NOAA/NWS) o la simple acción de los “rayos cósmicos galácticos” (RGC), de alta energía y lenta variación que bombardean constantemente la Tierra desde fuera del Sistema Solar, donde el hidrógeno estaría presente en un porcentaje de cerca del 90%, acompañado de otros elementos como el uranio (en cantidades mínimas), relacionados con el ciclo solar.
Finalmente, no pudimos concluir qué son esas “agendas” pretenciosas convertidas en leyes humanas al lado del funcionamiento planetario o de la Naturaleza: “A partir de la entrada en vigor de la presente ley, los movimientos y la actividad planetaria se someterán a su contenido… etc.” ¿Somos tan estúpidos para creerlo? Lo dicho una buena oportunidad para aclarar cuestiones y desenmascarar intereses que no pudo ser.
FOTO: Paloma Martín Martín, Consejera de Medio Ambiente de la Comunidad de Madrid (Portal de Transparencia de la Comunidad de Madrid)

















