Mi entrevista al General Franco

Carlos E. Rodríguez
Periodista. Fundador de OTR/Press. Dirigió la revista Panorama y Gaceta de los Negocios. Presidente de Área Digital Producciones.

El recuerdo del general Franco, y sobre todo de su largo ejercicio de la Jefatura del Estado, es siempre problemático, mezcla de luces y sombras como es inevitable que suceda en esos casos. Muy poco antes de su muerte me correspondió, como director de la Editorial Doncel, que pertenecía a la llama da Secretaría General del Movimiento, editar por encargo de un entonces joven político del Régimen, llamado paradójicamente a ser el gran autor y el emblema del cambio ordenado y pacífico desde la dictadura a la democracia, el gran Adolfo Suárez,  la biografía de Franco que había escrito el alemán Günther Dans, y de la que se vendieron en los quioscos de prensa muchas decenas de miles de ejemplares, quizá por la coincidencia con la muerte de su protagonista, pero también sin duda merecidamente, porque la biografía de Günther Dans no era ni hagiográfica ni descalificadota del personaje, sino un muy meritorio intento de describir las luces y sombras, las interesantes contradicciones personales del militar que, destinado a las Islas Canarias para alejarle de la Península y del riesgo que, en opinión de importantes dirigentes de la República, suponía su ya visible liderazgo interno en el Ejército, antes de partir hacia el Archipiélago se despidió del presidente de la República, Niceto Alcalá Zamora, con palabras de fría determinación: Sucederá lo que tenga que suceder, señor Presidente, pero donde yo esté nunca habrá comunismo. 

Por una de esas curiosas paradojas de la política, es muy probable que la decisión cautelar de enviar al general Franco lo más lejos posible de Madrid resultara finalmente letal para la República, porque le dio una enorme libertad de movimientos y quizá incluso facilitó con ello el proceso de la insurrección militar.  La presentación  de aquella biografía tuvo lugar en el Club Internacional de Prensa de Madrid, con intervenciones de Herrero Tejedor y Adolfo Suárez. Pues bien, con motivo de su edición, fui convocado a una audiencia privada por Franco, en su residencia del Palacio de El Pardo, muy poco antes de que le alcanzara la enfermedad que terminó con su vida. El protocolo de El Pardo era muy rígido y cada día los que iban a ser recibidos por Franco entraban en orden determinado por su importancia, de manera que aquel día me tocó ser el último, naturalmente como el menos importante de los convocados, razón por la que, al entrar al día siguiente en el proceso de la enfermedad que acabaría con su vida, resulté ser la última audiencia privada del General Franco, quien, al parecer muy satisfecho con la biografía de Günther Dans y con el prólogo de la misma, debido a mi insignificante pluma, quiso expresarme su agradecimiento personalmente y para ello, hacerme entrega de un muy valioso documento histórico que he guardado celosamente todos estos años, aunque es probable que pronto lo de a la luz pública y que produzca alguna importante sorpresa. Como intensa por cierto fue mi sorpresa cuando, poco antes de levantarse para dar por terminada la audiencia y despedirme, me advirtió que lo importante, cuando él faltase, era la reconciliación nacional, construir una España de todos sin vencedores ni vencidos, capaz de recuperar en el escenario internacional un papel a la altura de nuestra importancia como país. Reconciliación nacional, por cierto, que supieron promover y lograr los grandes  políticos, de izquierdas y de derechas, que hicieron la Transición.

Hoy, con perspectiva histórica, sabemos que al enviar a Franco lo más lejos posible dentro del territorio nacional, esto es, a las Islas Canarias, el régimen republicano se suicidaba, pero es muy importante saber que la incompatibilidad de Franco no era ni mucho menos con la República sino estricta y exclusivamente con el comunismo. El alemán Günther Dans, que para la biografía había tenido que profundizar en las complejidades del personaje, me expresó un día su convencimiento personal de que, en el fondo de sus ideas, el general Franco era más republicano que monárquico y que sólo su radical anticomunismo le había llevado a levantarse contra la República, idea por cierto que he escuchado también, años atrás, a personas que habían sido importantes dirigentes de la República. Va a ser verdad aquello de que no está el mañana, ni el ayer, escrito y que todavía nos falta mucho por conocer de lo que produjo aquella espantosa tragedia española que fue la Guerra Civil.  Asumo que voy a producir algunas sorpresas e incluso algún enfado de buenos amigos, pero quiero añadir que este modesto comentarista se siente asimismo más republicano que monárquico y se cuenta entre quienes esperan y creen que, más temprano que tarde, nuestro país recuperará la República, y con ella, el papel relevante que merecemos en Europa. En fin, como en la tradicional advertencia de Machado no está el mañana, ni el ayer, escrito…

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