Los británicos premian la gestión económica de Cameron y eligen otros cinco años de austeridad y reformas

Los británicos premian la gestión económica de Cameron y eligen otros cinco años de austeridad y reformas
Pedro González
Periodista, experto en Política Internacional. Fue director de Redacción de Euronews y fundador del Canal 24 Horas de TVE.
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Los resultados finales de las elecciones británicas superan lo avanzado por los sondeos a pie de urna y mejoran con mucho las mejores expectativas de los conservadores. Liderado por  David Cameron , el Partido Conservador supera la mayoría absoluta (332 escaños) y estará en condiciones de propinar un nuevo hachazo de 12.000 millones de libras (16.100 millones de euros) al muy recortado Estado del Bienestar británico. Más que una promesa es la derivada de un programa centrado en proseguir la senda de las reformas, que ha logrado disparar de nuevo los índices económicos del país y reducir a menos del 6% la tasa de paro.

Tan pronto como cerraron puntualmente los colegios electorales, a las 22:00 horas del jueves, la BBC desgranaba su sondeo efectuado a pie de urna, cuyo mero enunciado provocaba una euforia contenida en el Partido Conservador, evidente desilusión en el Laborista, tristeza en el Liberal Demócrata y estridente entusiasmo en el Partido Nacionalista de Escocia.

De un Parlamento «colgado» a la mayoría absoluta

Del Parlamento «colgado» (hung Parliament) que pronosticaban las encuestas, es decir sin la mayoría absoluta de uno de los partidos, se ha pasado tras el recuento a una situación de estabilidad por la que nadie apostaba. La mayoría absoluta de Cameron ha diezmado a la Oposición, provocando la dimisión en cadena del laborista Ed Miliband, el liberaldemócrata Nick Clegg y el líder del eurófobo UKIP Nigel Farage. El resultado también ha enfriado en parte la inicial euforia de los nacionalistas escoceses de Nicola Sturgeon, en tanto esperaban poder confrontar con un Partido Conservador debilitado.  toda vez que los nacionalistas irlandeses del Sinn Fein no llegan a tomar posesión de los escaños que se le atribuyen.

Los lib-dem de Nick Clegg han pagado un precio abultadamente alto por su participación en el gobierno de coalición

Desalojar a Cameron del 10 de Downing Street era el principal punto del programa de los nacionalistas escoceses del SNP de la belicosa Sturgeon. Pese a no conseguirlo, ella es la otra gran vencedora de estas elecciones generales, al acaparar 56 de los 59 escaños que Escocia aporta a Westminster. El salto, desde los seis que tenía hasta ahora, es tan gigantesco que los convertirá en una determinante fuerza política de oposición.

La mujer más peligrosa del Reino Unido

Sturgeon, que es para los conservadores «la mujer más peligrosa del Reino Unido», lanzará a sus huestes a la reivindicación permanente de la mayor autonomía, prometida por el propio Cameron en la recta final de la campaña del pasado referendum sobre la independencia escocesa. No cejará tampoco en su reivindicación de sacar de allí la base de los submarinos nucleares británicos, y apoyará a fondo el mantenimiento del Reino Unido en la Unión Europea frente a las tentaciones de marcharse del ala más tradicionalista de los conservadores.

Será una bonita pelea, por cuanto Cameron se propone mantener activa y renovada su fuerza de disuasión nuclear, para lo que es preciso que apruebe y dote presupuestariamente la sustitución de los cuatro submarinos nucleares de que dispone la Armada británica.

Pese a algunos amagos en campaña electoral, ni Sturgeon ni su círculo de poder más inmediato contempla reclamar la celebración de un nuevo referéndum sobre la independencia de Escocia, al menos a corto plazo.

El SNP hará valer la contundencia de sus huestes para no cejar en su empeño de más autonomía para Escocia, aunque un nuevo referéndum no se contempla a corto plazo

El SNP seguirá manteniendo su alianza parlamentaria seguramente con el Plaid Cymru (literalmente Partido de Gales), liderado también por una mujer, Leanne Wood, cuya mayor reivindicación es que los galeses no sean tratados en Westminster como diputados de segunda clase.

Acordándose de Gordon Brown

Ed Miliband, el líder laborista, es el gran derrotado. Los resultados demuestran que una enorme cantidad de votantes habrían ocultado sus verdaderas intenciones a los encuestadores, que apuntaban a un empate técnico, e incluso a una ligera ventaja laborista justo antes de la celebración de los comicios.

Por otra parte, parece también evidente que los electores británicos gozan de buena memoria y, pese a haber transcurrido ya cinco años, no olvidan que el anterior gobierno laborista de Gordon Brownhabía dejado las arcas exhaustas y en rojo todos los índices económicos y sociales del país. Miliband quiso erigirse en el único genuino representante de «la clase trabajadora» y de los más desfavorecidos y propugnó un programa en el que revertiría casi todas las reformas realizadas por el tandem Cameron-Clegg en estos cinco años.

Miliband prometió aumentar el gasto en sanidad y rebajar drásticamente las matriculaciones universitarias; congelar las tarifas de la energía y aumentar a ocho libras/hora el salario mínimo, prohibiendo expresamente contratos abusivos conocidos popularmente como de «cero horas», y que son una trasposición al siglo XXI del esclavismo medieval más descarnado. Cuando se le preguntó cómo financiaría tantas des-reformas se agarró a la fórmula del laborismo más rancio: más impuestos a «los ricos», especialmente a los propietarios de viviendas de lujo, a la banca y a los perceptores de las rentas más altas.

Ed Miliband no acertó a cuantificar el coste de las des-reformas en el caso de llegar a primer ministro, y tampoco a convencer respecto a las fuentes para financiar sus promesas sociales

Se comprometió a recortar el déficit pero no acertó a cuantificar el coste de sus medidas de choque. Sus adversarios lo hicieron por él, y denunciaron ante el electorado que los 90.000 millones de libras precisos serían imposibles de recaudarse, ni siquiera con impuestos confiscatorios.

Globos pinchados

Otro globo pinchado de estos comicios es el UKIP, el partido eurófobo, antiinmigración y a veces con ramalazos racistas del eurodiputado Nigel Farage. El sistema electoral nominal británico first past the post (el primero se lleva el escaño y gana todo), penaliza en buena medida sus votos, pero el descalabro cabe leerlo en la clave de que, pese al martilleo de la propaganda antieuropea, la ciudadanía británica es cada vez más consciente de que la prosperidad del país está más y  más ligada a la de la UE.

Por último, el partido de Nick Clegg, hasta ahora socio de gobierno de Cameron, sale arrasado de estas elecciones, en las que pierde 45 escaños con respecto a 2010 para pasar a una posición completamente inocua en la Cámara de los Comunes. Ha pagado, pues, un precio abultadamente alto por esa coalición.

Cameron, un auténtico posh, incluso un toff genuino, ya anunciado que cumplirá su palabra de celebrar su prometido referéndum, probablemente en 2017. Es casi imposible que llegue a preconizar marcharse, pero es totalmente seguro que esgrimirá el arma de tal consulta para conseguir aún un mejor estatus para el Reino Unido dentro de la UE, y la recuperación de determinadas competencias cedidas a Bruselas. Lo que está por ver, claro está, es si el resto de socios del club está dispuesto a aceptar las consecuencias de semejante maniobra, que sería sin duda alguna el principio del fin de la construcción europea.

Artículo en fuente original: ZoomNews.es

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