Europa no será ya igual tras la avalancha de refugiados

Europa no será ya igual tras la avalancha de refugiados
Pedro González
Periodista, experto en Política Internacional. Fue director de Redacción de Euronews y fundador del Canal 24 Horas de TVE.

Occidente no quiso inicialmente involucrarse en la guerra civil de Siria. Había mucho riesgo de desembocar en una guerra total, sobre todo porque la Rusia de Vladímir Putin y el Irán de los ayatolás, con el guía supremo Alí Jamenei al frente, no estaban dispuestos a permitir el derrocamiento del presidente Bashar Al-Assad.

El conflicto, pues, quedaba aparentemente lejos y los integrantes de la Unión Europea llegaron a la conclusión tácita de que podrían controlar sus consecuencias a distancia. Pues, bien, cuatro años más tarde, la realidad es que la guerra de Siria ha provocado nada menos que 11,7 millones de refugiados y desplazados sobre una población inicial de 23 millones de personas.

La expansión del Daesh en Siria ha provocado 11,7 millones de refugiados y desplazados, sobre una población inicial de 23 millones de personas

La expansión del califato del Daesh por la propia Siria e Irak, la brutalidad de sus métodos y la amenaza de instaurar el más extremista régimen islámico de la historia, ha hecho huir de sus habituales asentamientos a esos casi 12 millones de personas, desbordando primero las capacidades de acogida de los países limítrofes, y ahora a toda una Unión Europea, en la que aún consideran viendo un futuro de esperanza.

Toda la región de Oriente Medio aporta 17,2 millones de refugiados y desplazados, o sea un tercio del total de 53 millones que contabiliza el Alto Comisionado de Naciones Unidas para los Refugiados, con el portugués Antonio Guterres a la cabeza. El que fuera primer ministro socialista luso ha reconocido que “carecemos de las capacidades y de los recursos que serían necesarios para atender a todas las víctimas de los conflictos que actualmente asuelan el mundo”.

La explosión de vecinos de Siria

En efecto, ese movimiento migratorio obligatorio (a diferencia de la expatriación voluntaria por razones laborales o de otro tipo), es el mayor desde el que se produjo a consecuencia de la Segunda Guerra Mundial, y casi triplica los 19,4 millones de refugiados que la ONU contabilizaba en 2005, hace apenas un decenio.

Los 14 grandes conflictos que asuelan al mundo han disparado el número de refugiados hasta los 53 millones, la mayor explosión desde la II Guerra Mundial

Son 14 los conflictos en curso que están provocando tan descomunal avalancha de refugiados: los tres de Oriente Medio -Siria, Irak y Yemen-; los ocho africanos -Costa de Marfil, República Centroafricana, Libia, Mali, Nigeria, República Democrática del Congo, Sudán del Sur y Burundi-, y los tres que se desarrollan en Asia: Kirguizistán, diversas regiones de Birmania y Pakistán. A ellos habría que añadir el todavía irresuelto conflicto en un país de la propia Europa (Ucrania), y los que aún se derivan de viejos conflictos aún sin concluir (Colombia y Nepal).

La avalancha que ahora se abate sobre Europa, capaz de producir el dramatismo de persistentes imágenes como la de los múltiples naufragios en el Mediterráneo, las alambradas en Hungría o el desamparo de los niños en sus largas y extenuantes marchas, no es aún ni una mínima parte siquiera de la que ya han sufrido los vecinos inmediatos de Siria. Líbano está a punto de explosión con 1,5 millones de refugiados sirios e iraquíes sobre su pequeño y frágil territorio; Jordania apenas puede controlar adecuadamente a los más de 900.000 que se han instalado dentro de sus fronteras, y la Turquía miembro de la OTAN está a punto de redondear los dos millones.

Discusión sobre cupos de acogida

Frente a este gigantesco desbordamiento, Europa estableció inicialmente un cupo máximo de 40.000. Ahora, después de que la foto del pequeño Aylan Kurdi, inerme en decúbito prono, acariciado por el mar que muere sobre las arenas de una playa turca, se propone aumentar ese contingente. La Comisión Europea propone acoger a 120.000 y Naciones Unidas solicita que la UE se haga cargo de 200.000.

Habrá que repartir lo que hay del Estado del Bienestar, pero también serán precisas mucha tolerancia y comprensión hacia gentes marcadas por la tragedia

Mientras los dirigentes discuten sobre las modalidades y exigencias a cada miembro de su parte alícuota de solidaridad, gobiernos y opiniones públicas debaten sobre las consecuencias prácticas de este asalto a su fortaleza. Y, la conclusión generalizada, es que nada volverá a ser igual en el pequeño espacio (por comparación con el resto de continentes) en el que más ilusiones y esperanzas habían puesto no sólo los propios europeos sino también gran parte de los que en el mundo sufren la falta de libertades, de justicia y en definitiva de un futuro a la medida de las lógicas ambiciones del ser humano.

Por supuesto, habrá que repartir lo que hay en lo que respecta a lo que aún queda del añorado Estado del Bienestar. Pero, asimismo, serán precisas grandes dosis de comprensión y tolerancia hacia gentes marcadas por la tragedia, pero que llegan con otros hábitos, distintas costumbres y una cultura a menudo antagónica a la imperante en la UE. La integración no será fácil sin gran esfuerzo por parte de quienes solicitan asilo y de quienes se lo conceden.

Las detenciones de yihadistas con vídeos y propaganda del Daesh en la frontera búlgaro-macedonia corrobora las sospechas de que el EI está infiltrado entre los refugiados

El cambio más urgente será en lo que respecta a la seguridad. Hay fundadas sospechas de que, entre esa avalancha de migrantes, estén numerosos infiltrados del Daesh. Al fin y al cabo, han sido numerosos los comunicados en los que el autodenominado Estado Islámico (EI) amenazan con llevar la guerra al corazón mismo de Occidente, “a destruir sus ciudades, sus templos, sus ídolos y todo lo que representa ofensivo a los ojos de Alá”.

Tales sospechas se han visto corroboradas ya por numerosas detenciones de algunos de estos presuntos refugiados, como la realizada en la frontera entre Bulgaria y Macedonia a últimos de julio, donde una docena de estos yihadistas infiltrados portaba videos de las decapitaciones ejecutadas por el Daesh, y numerosa propaganda yihadista.

La UE trata, además, de inculcar la profunda diferencia existente entre los inmigrantes por razones laborales o de simple búsqueda de un futuro vital mejor, y los refugiados que huyen de guerras o de regímenes que les persiguen por razones ideológicas, políticas, étnicas o religiosas. A estos últimos no se les puede rechazar, so pena de reenviarlos a una muerte segura. Aceptarlos y compartir el futuro común requiere en primer lugar un cambio de mentalidad, en el que se funden la solidaridad humana, la espiritualidad y el acervo natural a ayudar a los de la misma especie.

Por cierto, la tantas veces denostada canciller Angela Merkel, que ya atendiera favorablemente la petición de acogida de 455.000 refugiados en 2014, espera no menos de 800.000 cuando termine 2015. Exige condiciones de proporcionalidad al resto de sus socios, y además ha de pelear a cara de perro con los puntuales brotes de racismo que los más extremistas orquestan en torno a los albergues. Un fenómeno que tampoco cabe descartar en muchos de los Estados que hoy conforman la fortaleza conocida como Unión Europea.


Ilustración basada en la foto de Getty del artículo original de ZoomNews

Artículo en fuente original: ZoomNews.es

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