¡Es Europa, estúpido!

Por
— P U B L I C I D A D —

Clamando “It´s the economy, stupid” Clinton ganó la Casa Blanca en 1992. Con Putin también es la economía: no querrá a Ucrania en la OTAN, pero aún menos en la Unión Europea. Es la cuestión de fondo que arrastra otras.

Andrés Ortega Klein, escritor, periodista y politólogo, glosaba en 2014 un artículo de la historiadora norteamericana Mary Elise Sarrot titulado “¿Una promesa rota?” (“A Broken Promise?”) que analizaba si los occidentales faltaron a su palabra cuando aceptaron en la Alianza Atlántica a países del Este europeo que formaron, antes, parte de la URSS y del Pacto de Varsovia.

Como Sarrot hay que subrayar al respecto que no se pactó nada por escrito con Moscú. No podía ser de otro modo. De lo contrario se tendría que haber modificado el Acta Final de Helsinki, firmada también por la URSS, cuyo contenido fue recogido por la OSCE, de la que es parte Rusia, y en la constitución del Consejo OTAN-Rusia, y que permite que cada país europeo elija con quien quiere asociarse y aliarse. Lo saben los rusos desde siempre. Van de mala fe.

El Golpe de Estado contra Gorbachov del verano de 1991 produjo escalofríos en Occidente, provocando una gran desconfianza respecto de Rusia. Otra razón más para amparar en la OTAN a los antiguos siervos del Kremlin, preocupados, aterrorizados, incluso, por la falta de fiabilidad moscovita. ¿Alguien podía ya poner su mano al fuego por algún dirigente en Moscú? Nadie. El cambio de guardia en Moscú y, luego, en Washington, con la llegada de Clinton, anularon los tanteos con Gorbachov.

Mitterrand parecía dispuesto a disolver la OTAN e, inicialmente, afirmó preferir dos Alemanias a una sola. Para Kohl y Genscher todo estaba subordinado a la unificación alemana. Cualquier precio les parecía barato. Por ellos, Baker se abrió a posibles limitaciones para la OTAN a cambio del beneplácito ruso a la reunificación alemana. Sin embargo, como relata Sarrot en la referencia de Ortega, en la Casa Blanca, en el Consejo de Seguridad Nacional, encabezado por Scowcroft, se opusieron a ese trio y a cortapisar las libertades conquistada en Helsinki en 1975.

¿Eran concebibles una Alemania unificada y una Alianza Atlántica en dos sistemas de seguridad diferentes? No. Baker, Kohl, y Genscher se rindieron a la evidencia. Por eso no se firmó nada. Algo tan substancial como pretender modificar el Acta Final de Helsinki hubiera sido objeto de firma. Al no hacerlo, todos, rusos incluidos, sabían que, de lo tanteado, nada, al ser imposible.

Como el entramado de acuerdos de desarme y de control de armamentos del final de la Guerra Fría se ha desvanecido (FACE, INF, Open Skies), una solución para un entendimiento ruso con los occidentales sería recuperar esa vía, estableciendo, al menos, medidas de confianza. Pero, haría falta que Putin no invada Ucrania, ni siquiera la parte rusófona.

Pero, lo peor para Putin es que Ucrania ingresase en la UE. Una Ucrania más próspera que Rusia sería humillante para Moscú. Recordemos que las manifestaciones en Ucrania por negarse su Presidente, Yanukovich, a firmar en 2013 un Acuerdo de Asociación con la Unión Europea por presiones rusas provocaron el llamado “Euromaidán”, con diversas interpretaciones, respondiendo Putin con la anexión ilegal de Crimea.

La Unión Europea tiene voz y voto en economía, pero aún no en defensa porque, a diferencia del Cardenal Cisneros, no tiene cañones. No tiene “poderes”. Francia impulsa ahora, en su presidencia de la UE, un Libro Blanco de Defensa de la UE. No obstante, la mayoría de los países de la UE están en la OTAN donde se realizan consultas transatlánticas no quedando, pues, los europeos marginados, consultas que EEUU también hicieron recientemente con la propia UE. La caótica salida americana de Afganistán favoreció intentar avanzar en una Defensa europea compatible con la OTAN. Ahora, con Putin aún más amenazante, cuenta esencialmente la Alianza Atlántica.

“¡La maté porque era mía!”, pensará Putin. “Si me abandonas te haré la vida imposible y asesinaré a nuestros hijos”, dicen los maltratadores. El Presidente ruso es un peligro para la paz en Europa. Pretende, en un reciente artículo, que si Ucrania abandona Rusia debiera volver a las “antiguas fronteras”. Sin embargo, Moscú ya aceptó las actuales de Ucrania y, además, por un acuerdo de 1994 por el que Kiev devolvió el armamento nuclear soviético al Kremlin, Rusia garantizó la integridad territorial ucraniana.

Como han señalado Albares y Robles, Rusia no puede imponer quién ingresa o no en la OTAN. A Putin le han visto su órdago. ¿Invadirá? ¿Se moderará? ¿Se congelará? En cuanto a Ucrania, ¿Importa en España? ¿Hasta dónde pueden ayudarla la UE y la OTAN? Por ahora, un buque de la Armada española encabezará una flotilla OTAN en el Mar Negro además de otros despliegues militares en el Báltico y, quizás, Bulgaria. Podemos gruñe como todos los partidarios de Putin. Blinken y Lavrov se vieron este viernes en Ginebra. Se mantiene el dialogo y el compromiso norteamericano de consultar con sus aliados y la UE.

DEJA UNA RESPUESTA

Por favor ingrese su comentario!
Por favor ingrese su nombre aquí

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.