La «force de frappe», otros dominios fundamentales y el desarme

Política Exterior y de Defensa para una Europa más fuerte (V)*

UNA EUROPA MÁS FUERTE - CAPÍTULO 5
Carlos Miranda
Carlos Alonso Miranda y Elío, V conde de Casa Miranda, es un diplomático español Licenciado en Derecho, que fue Embajador de España en el Reino Unido desde julio de 2004 hasta 2008 y Embajador Representante Permanente de España en el Consejo de la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN) desde julio de 2008 hasta su cese en febrero del 2012.

Quien es muy consciente de esta realidad es el Presidente Emmanuel Macron. Probablemente otros también porque hay cosas que son evidentes. No solo que las grandes potencias con las que la Unión quisiera codearse son nucleares, sino también que en el seno de la misma solo queda Francia como potencia nuclear tras la retirada del Reino Unido. Asimismo, que los demás socios comunitarios son miembros del TNP que prohíbe que las desarrollen o las adquieran. No olvidemos, tampoco, que ciertos países de la Unión mantienen una políticas neutrales o no alineadas. Irlanda, Austria, Suecia, caen en esta categoría. Suecia, incluso, ha sido muy activa en la aprobación por las NNUU en 2017 de un tratado prohibiendo las armas nucleares, que no apoyan ni suscriben ni los países nucleares ni los miembros de la OTAN, lo que no le ha impedido, en ejercicios teóricos, pero serios, realizados en el seno aliado con su participación, y la de Finlandia, pedir la protección de la OTAN al sentirse amenazada por una tercera potencia. ¿Contradictorio?

Como antes se ha señalado, consumado el Brexit Francia es el único país de la Unión que puede constituir una base para dotar a la UE de una disuasión nuclear. Por eso, el Presidente francés ha ofrecido que la disuasión nuclear francesa pueda cubrir también la Unión. Para ello ha propuesto a aquellos socios que lo deseen un dialogo estratégico al respecto, así como participar con Francia en ejercicios nucleares. Este dialogo con Francia es necesario para establecer los contornos del ofrecimiento galo en el que, nadie lo dude, Francia mantendría el único dedo posible sobre el gatillo nuclear.

Hay que tener en cuenta que el territorio actualmente cubierto, en principio, por la “Force de Frappe” francesa, consistente en cuatro submarinos de propulsión nuclear con misiles embarcados, con cabezas nucleares, de un alcance de unos 6.000 kilómetros y de cazabombarderos, basados en tierra o en un portaaviones, armados con misiles aire/tierra con ojivas nucleares en misiles con unos 500 kilómetros de alcance, se circunscribe a su territorio metropolitano y no al conjunto de sus posesiones en Europa y en otras partes del mundo. De ahí la importancia de determinar, como antes se ha apuntado, qué territorios de los países miembros de la Unión quedarían amparados por Francia y en qué condiciones. 

Conviene no cerrar este apartado sin mencionar que, si bien una Unión que desease codearse con los EEUU, China y Rusia, debiera poder, para estar a su altura, disponer de algún tipo de disuasión nuclear, tampoco es esta la única condición para poder pertenecer a la primera división de las naciones mundiales. En este sentido, solo se mencionará, porque no son, con detalle, el objeto de estas líneas, que en la actualidad para formar parte de esa élite es necesario ser puntero en otros aspectos como el ciberespacio, disponer, también, de una tecnología avanzada, y estar presente en la conquista del espacio, no solo con satélites y vehículos automatizados de exploración del espacio exterior, sino, asimismo, con la posibilidad de enviar tripulaciones al espacio y, ¿por qué no?, a otros cuerpos celestes. Asimismo, y la reciente crisis mundial del COVID-19 lo subraya, la capacidad de hacer frente a riesgos bacteriológicos. Esto último, es, sin duda de los más urgente y requerirá una planificación internacional de cara al futuro y el establecimiento de reservas estratégicas de equipamiento sanitario. Algunos recuerdan que hace cinco años Bill Gates advirtió públicamente de la necesidad de prepararse para una pandemia mundial peor que la del Ébola y reminiscente de la gripe de 1918 (llamada “española”) que dejó millones de muertos.

Por otra parte, también conviene tener en cuenta otro capítulo como el del desarme y control de armamentos. No es paradójico, como pudieran pensar algunos, relacionar la disuasión, en este caso, nuclear, con las cuestiones de desarme. Sin perjuicio de que un mundo ideal sería uno sin guerras, sin amenazas, sin armamentos, y aun menos, nucleares, la realidad nos lleva por otro camino, y ese camino es el de regular en la medida de lo posible los niveles de armamentos más que eliminarlos, si esto último no es posible, que no siempre lo es.

En este sentido, el ya mencionado TNP es crucial y para su mantenimiento conviene, al menos, controlar los armamentos a niveles razonables, si ello es posible y aceptable. Durante la Guerra Fría, cuando el mundo era esencialmente bipolar, Moscú y Washington llegaron a entenderse con distintos acuerdos de variadas naturalezas. El mundo ha cambiado desde que cayó el Muro de Berlín y dejó de ser bilateral. Su multilateralidad, los avances tecnológicos, la emergencia del poderío económico y militar chino, la reconversión de Rusia en una potencia más pendiente de su vecindad que de su globalidad como cuando era la URSS, si bien, conservando sus arsenales nucleares, ha ido tumbando muchos de estos acuerdos y por ahora queda el Nuevo START (New START) firmado en Praga entre Washington y Moscú, que entró en vigor en 2011 y que vence en marzo de 2021. Si las capacidades nucleares chinas no se incrementan y siguen vigente las cifras de americanos y rusos, es posible que pueda renovarse pues parte de los motivos que han finiquitado algunos de los acuerdos bilaterales de desarme entre Moscú y Washington está en que esa gran potencia más que emergente que es China no está constreñida como Rusia y EEUU por sus acuerdos bilaterales de limitación.

Veremos, pues, como se declina esta cuestión en un futuro próximo y si asistiremos a despliegues libres, si China está dispuesta a limitarse y si Moscú y Washington estarían dispuestos a reducir aún más sus arsenales para permitir que los demás Estados nucleares puedan participar en limitaciones multilaterales. No hay que ser demasiado optimista. Importa, sin embargo, ser conscientes que la posesión de armamentos, los que sean, y su control mediante acuerdos internacionales no es una cuestión contradictoria sino, más bien, complementaria en aras a una mayor estabilidad y fortalecimiento de la seguridad y de la paz.


* Quinto capítulo del artículo publicado en el libro del Movimiento Europeo Español «El debate ciudadano en la Conferencia sobre el futuro de Europa: A los 70 años de la Declaración Schuman» (4 de mayo 2020)

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