Líneas rojas y cordones sanitarios

Líneas rojas y cordones sanitarios
Juan Laguna
Colaborador de Fundación Emprendedores.

Se vienen utilizando estos conceptos en el mundo de la política, desde la irrupción de “Vox” en el conjunto de partidos conocidos (bautizados como “casta” por los que ya forman parte de ella). En todo caso, parecen no darse cuenta de que, con ello, están vulnerando el principio de pluralismo político reconocido en el artº 1º,1, del título preliminar de la Constitución Española. Es más, se reprocha a “Vox” ser anticonstitucional en sus propuestas políticas por aquellos que, por otra parte, pactaron la fragmentación del estado y la nación con la llamada “autodeterminación de los pueblos de España” (Suresnes 1974) y ahora forman comparsa con los movimientos separatistas que rechazan al Estado Español.

Pero ¿qué es en realidad lo que está produciendo los ataques a “Vox” desde otras posiciones políticas del actual sistema partidario? ¿en qué consisten esas “líneas rojas” y esos “cordones sanitarios”?

La única explicación posible es el miedo a que el “sistema” del que vive una gran parte de la política y sus aledaños (asociaciones, fundaciones, sindicatos, cargos de todo tipo, etc.), empiece a mostrar su desnudez democrática y las demasiadas pústulas de su corrupción clientelar, ante unos ciudadanos que han sido manipulados mediática y políticamente todos estos años, tal como se empezó a denunciar el 15M en la Puerta del Sol madrileña y ha sido hábilmente manejado por los más astutos y menos conocidos de aquel movimiento cuando quisieron convertirse en “casta”.

Los escrúpulos que viene presentando una formación como “Ciudadanos” para reconocer y conocer las propuestas de “Vox”, es una muestra más del carácter un tanto frívolo de su ideología “liberal-socialdemócrata”, con que tratan de ocupar posiciones de lo que consideran “centro político”. Recuerdo en mi paso fugaz por el CDS, en una conversación con el fallecido Adolfo Suárez sobre la ideología o ideario de ese partido, la misma indefinición política que lo llevó a su desaparición. En “Ciudadanos” que conozco bien, hay de todo un poco. Quiso ser UPyD y lo consiguió, pero ya sabemos lo que ocurrió con la formación de Rosa Díez. Ahora “Ciudadanos” parece que prefiere el denostado “bipartidismo corrupto” que ellos mismos denunciaban (PP-PSOE), a cualquier intento de regeneración verdadera de la vapuleada democracia española. Eso les pasará factura.

Lo mismo ocurre con el “Partido Popular”. Son muchos los cargos públicos o semipúblicos que cuelgan de las frondosas ramas del “sistema” (según Pujol), cómodamente apoltronados en sillones y retribuciones que ven en peligro, si se empieza a limpiar y eliminar las muchas excrecencias arbóreas surgidas a cargo de los impuestos y el sudor de los ciudadanos (desde las CC.AA. a toda la fronda político-mediática encargada del “pastoreo” ideológico y clientelar regado con los presupuestos públicos).

Las líneas rojas y el cordón sanitario tienen más que ver con ese peligro de levantamiento de alfombras que se creía firmemente asentadas en la ignorancia popular, que en verdaderas y sensatas razones ideológicas. Tienen más que ver con el peligro de desaparición de los “chollos” obtenidos por muchos, que con los falaces mensajes e insultos a una formación política que tiene su derecho a existir y a ser reconocida dentro de ese “pluralismo” constitucional que algunos pretenden retorcer a su antojo y conveniencia.

A grandes rasgos, las propuestas de “Vox” no serían muy diferentes a las del “PP” o “Ciudadanos”. Se ha visto y comprobado en la “maldita hemeroteca” como unos y otros defienden o han defendido las mismas o parecidas ideas. La única diferencia es que “Vox” (como en su momento pasaba con “Ciudadanos” y “Podemos”), no tienen el lastre del “clientelismo” político, de los “compromisos” personales o institucionales con que los partidos conocidos se han ido amarrando a empleos vitalicios, para vivir de la política en lugar de vivir para la política. Por eso no se comprenden los aspavientos ¿ideológicos? de la formación naranja al suscribir los pactos para la Junta de Andalucía con el PP y el imprescindible apoyo político de “Vox” que, de momento, ya les ha proporcionado la presidencia de la cámara legislativa y una buena parte del futuro gobierno de la Junta andaluza. Ese “postureo” equívoco, dictado -según dicen- por el Sr. Valls o el Sr. Macron, puede darles sorpresas desagradables entre el electorado.

No se trata de abjurar de principios sagrados, sino de introducir un poco de sentido común en el desquiciado mundo político que hemos ido construyendo entre todos. Esa bandera es la que ha recogido y enarbolado “Vox” en España, al igual que lo están haciendo los ciudadanos de todo el continente europeo, que ya no se creen las mentiras y los cuentos de quienes los tratan de ignorantes y fácilmente manipulables desde la ingeniería social.

El problema es que los que viven del cuento (o de los cuentos) tienen más poder, más dinero, más influencia mediática, más capacidad de adoctrinamiento que los simples ciudadanos preocupados cada día por su subsistencia, con sueldos y condiciones de trabajo cada vez peores y mayores impuestos, para pagar las fiestas y saraos de las nuevas elites ideológicas surgidas del clientelismo. Esas son las que trazan las “líneas rojas” y el “cordón sanitario” de su interés personal y su propia supervivencia.

Siempre vuelvo a León Felipe y su conocido poema sobre los “cuentos”. Es inevitable y totalmente actual en la política española.

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