Es la Matemática, estúpido

Manifestación en Madrid de la huelga general del 29S de 2010
Abel Cádiz
ABEL CÁDIZ RUIZ es el presidente de la Fundación Emprendedores. En el pasado asumió un compromiso con la transición política, al lado de Adolfo Suárez. Fue miembro del Consejo Nacional de la UCD y Presidente en Madrid. Tras ser diputado por la Comunidad de Madrid abandonó la política para dedicarse profesionalmente a la docencia y a la actividad empresarial.

Manifestación en Madrid de la huelga general del 29S de 2010Hay que advertir que el título está modificado. La frase original se achaca a Clinton “es la economía, estúpido” y fue muy celebrada por oportuna y hasta decisiva en la campaña electoral que le llevó a la Presidencia de Estados Unidos, pues está admitido que la economía es lo sustantivo del buen gobierno y, por consiguiente, de su marcha positiva o negativa se derivan los grados de bienestar que alcanza la ciudadanía.

Reivindiquemos, por tanto, la buena gestión económica pero si situamos nuestro campo de observación en ciertos líderes con poder económico o social de los que no cabe esperar la brillante claridad del Presidente de Gobierno, capaz de improvisar medidas cada día, según piensa el 80% de los españoles, pero al menos exijamos que conozcan la matemática de aquello sobre lo que deciden o, incluso, sobre lo que debaten. Un ejemplo reciente es el que depara la huelga convocada por los Sindicatos, viendo los resultados efectivos alcanzados en cada Sector de actividad. Nadie ha hecho una mínima pedagogía social sobre la matemática de la huelga. Lamentablemente el sesgo que impone la ideología, tanto en los portavoces de las distintas porciones del espectro político, como en los medios de comunicación afines a una y otra opción, impiden analizar con una matemática elemental los costos que han sufrido de verdad los actores de la huelga.

Personalmente estimo que esta huelga, estéril en cuanto a su propósito —como se demostrará— por inoportuna y excesivamente forzada, a quien más ha perjudicado es a los trabajadores que involuntariamente se han visto obligados a seguirla. El ejemplo más palmario, aplicando la mínima matemática exigible a los responsables del perjuicio, nos lo ofrece la industria de la Automoción. Es sabido que en estos momentos los fabricantes están produciendo coches no para la venta, sino para el almacén. Los stocks se acumulan en las grandes fábricas, por lo que la paralización integral de ese día, descontando algo más de cien euros al que ha sido huelguista a palos, ha supuesto a las grandes fabricas ahorros significativos, tanto en sus costos de mano de obra, como en el de estocajes. Es decir, la nomina del huelguista forzado (pues en el voluntario no cabe lamentación) supone un mordisco fuerte que se traduce en varios millones de euros de ahorro en costo laboral para el sector.

En general, constituye un ejercicio decepcionante escuchar algunos de los debates que llenan las noches en la amplia oferta TDT. Periodistas, políticos, sindicalistas, se enzarzan con vehemencia en la vertiente ideológica de un debate, sin aportar una mínima argumentación que nos muestre que dominan la matemática de lo que se somete a discusión. Asistimos ahora y se prolongará durante las próximas semanas al debate sobre la ampliación de la edad de jubilación hasta los 67 años. Es increíble que no se muestre con precisión algo que nos permite perfectamente la matemática, a través de proyecciones calculables con un ínfimo margen de error, como es saber exactamente en que momento exacto, de cuantos lleguen a jubilarse los que ahora tienen 35 o 40 años, se encontrarían sin la posibilidad de percibir pensión con en actual sistema. Es verdad que algunos contertulios muestran tendencia al dato matemático sin dejarse condicionar por el velo ideológico; Joaquín Leguina y Ramón Tamames han coincidido en uno de esos debates y aunque los dos matizan que estamos ante un asunto importante, pero no urgente, muestran que conocen bien la matemática del problema. Acaso lo más determinante es que nuestro modelo no se basa en acumular y capitalizar lo que cotiza hoy cada trabajador, para garantizarle su pensión futura. Lo que hace el modelo vigente es pagar a los jubilados de hoy con lo que cotizan los trabajadores de hoy, es decir, el jubilado no cobra del dinero que él cotizó, pues se gastó mucho antes. Cierto que existe un fondo que parece cuantioso cuando se da la cifra a la que asciende pero con ese remanente sólo habría para pagar las pensiones de seis meses. Por tanto, dejémonos del falso debate sobre quien defiende el bienestar con mejor discurso. La palabra solidaridad es gratis, pero la garantía de una pensión digna, cuando la esperanza de vida se ha incrementado en 30 años desde hace medio siglo, requiere de los actores sociales, especialmente los Sindicatos, explicarnos sus posturas con una matemática clara que nos resulte convincente, porque puestos a revisar modelos, convendría revisar también el modelo sindical basado en lo puramente reivindicativo para ir dando peso a la vertiente consultiva, asesora, analítica, de servicios, que ponga sobre la mesa de negociación la matemática de las propuestas y de las soluciones necesarias.

Dos anécdotas para la sonrisa

En un periódico del año 30 se leía la siguiente noticia: “Atropellado un anciano de 49 años de edad, causándole la muerte“. En un semanario de octubre 2010 leemos: “Chico de 51 años busca su pareja gemela…

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