El futuro no está escrito pero podría ser hacedero

Fernando Lanzaco
Licenciado en Derecho y en Ciencias Políticas. Periodista titulado por la Escuela Oficial de Periodistas, pertenece al Cuerpo Superior de Administradores Civiles del Estado. Ha desempeñado, entre otros, los puestos de Subdirector General de Coordinación Administrativa del Ministerio de Educación y Ciencia, Presidente del Instituto Nacional de Asistencia y Promoción al Estudiante, Director General de Personal de Ministerio de Educación y Ciencia, Subdirector General del Ministerio de Justicia y Gerente de la Universidad Politécnica de Madrid.
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No han concluido todavía las convulsiones ni las emociones de la contienda electoral del 24-M y naturalmente todos los grandes actores se preocupan del viaje y llegada a destino final del proceso. Un análisis somero, en bruto, pondría de relieve entre muchos otros aspectos al menos los siguientes:

El PP ha ganado las elecciones y ha perdido un imperio siendo lo más grave y quizá para mucho tiempo que habrá de compartir con otras fuerzas cualquier posibilidad de gobierno nacional, ayuntamiento y Comunidades autónomas.

El PSOE, abanderado del cambio tranquilo, sigue siendo y más que nunca el mayor factor de incertidumbre para la deriva política de España y para sí mismo en razón a la orientación de sus pactos y la escandalosa volubilidad de sus criterios, evidenciando ¨ad nauseam¨ el oportunismo habitual de los políticos (iba a decir clásicos, pero ahora se puede predicar de los políticos clásicos y de los modernos).

Podemos ha maniobrado con sus próximos para conseguir por personas interpuestas unos resultados que en Madrid , Barcelona y otras ciudades de menos entidad no son suyos ya que no se atrevieron a presentarse con su marca.

El independentismo Catalán parece ensimismado y se consuela con la frase de Colau de que ella y su conglomerado son ¨los aliados reales¨ del soberanismo; suena a oportunismo ya que no aportan pasión sino conllevanza con el separatismo al que, por cierto, han machacado en las urnas.

Ciudadanos, aunque en un cierto punto de la campaña frenó su escalada, mantiene su atractivo y tiene probablemente más votos por ganar que los ganados.

UPyD ha sido tenazmente dinamitada por su demiurga e Izquierda Unida esta en buena parte fundida y confundida en los vericuetos de poder localista, enredado en Podemos y consigo mismo dilapidándose en imagen y concepto.

El PNV ha tenido un éxito mayor sobre los abertzales y sobre todos. Mantiene una actitud expectante en relación con las elecciones catalanas y su presunto desafío al estado si este se materializa.

A pesar de este damero maldito lo que importa es el futuro que se presenta a preñado de problemas pero si se cuentan y analizan bien los datos y sus posibles dinámicas podría conjurarse no la preocupación pero si el pesimismo. Insisto la inquietud por la ingobernabilidad y el desafío de ese espectro —radical populista neomarxista iletrado y caribeño— puede ser conjurado como un espantajo de pesadilla.

Hasta donde sabemos y mayoritariamente coincidimos, la almendra electoral sigue estando en el centro en términos de territorio estratégico. Por consiguiente las mayores opciones las tendrían los que sean capaces de posicionarse en el centro-centro, centro-derecha y centro-izquierda. Considerando que la previsible apuesta del PSOE por Podemos lo distanciaría del centro izquierda… quedan solo dos actores mayores en el Eldorado democrático: Ciudadanos y Partido Popular. Si ciudadanos madura ciertas repentizaciones y serena su mensaje sin perder el atractivo que tiene y el PP se flagela para renovarse con caras nuevas y cambia ese aire mayestático que no conviene a la modestia, calidad y proximidad que requiere el servicio a los ciudadanos con los ciudadanos, ambas formaciones podrían formar un ticket imbatible.

En cualquier modo, bien en concierto postelectoral o en coalición frontal la colaboración de las dos fuerzas supondría, para la mayoría, un alivio y una garantía. Esta fórmula tendría el efecto de desvanecer ¡ojala que para siempre!, el odioso satanismo de las dos Españas ya que la divisoria seria, como lo fue siempre hasta Zapatero y sus epígonos, distinguir entre centro y excéntricos.

1 Comentario

  1. Estimado Fernando: el alivio y la garantía los han establecido los propios ciudadanos con la elección realizada donde “pasan” de los tópicos ideológicos (o supuestamente ideológicos) espaciales para buscar únicamente decencia, como se ha apuntado por muchos analistas liberales. Es una simple recuperación de poder por el soberano y un toque de atención a sus administradores. Nada grave salvo para quienes ven perder privilegios injustificados. Como muy bien señalaba una gran abogada del Estado, ya que los controles administrativos e institucionales han fallado, ahora serán los partidos los que procederán al control mutuo. Quizá nos vaya mejor. Un saludo.

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