Cuba, desde el balsero Elián, hasta Obama

José Joaquín Flechoso
Articulista de la actualidad política en diversos medios. Experto en networking sobre cuya actividad dirige jornadas entrevistando a personajes del mundo empresarial, administración, cine y moda.

Un nublado 22 de noviembre de 1999, un niño que acababa de cumplir los seis años llamado Elián González es sacado de Cuba por su madre, Elizabeth Brotóns, con la firme voluntad de emigrar a los Estados Unidos en busca de una vida mejor que la que dejaba en la isla. Con su hijo y otros compatriotas, se lanzaron como tantos cubanos que hacían en esa época el trayecto hacia el cielo o el infierno de las aguas caribeñas, para atravesar las 90 millas que inmortalizo Gloria Estefan, para realizar el trayecto que tantos balseros emprendían desde La Habana, hasta Miami.

La tentativa de emigrar de la isla fue realizada en un pequeño bote de aluminio con motor defectuoso, operado por un cubano residente en Miami, novio furtivo de la madre de Elián, que solía introducir inmigrantes ilegales cubanos en los Estados Unidos a cambio de dinero.

Este bote nada tenía que ver con aquella camioneta Chevrolet de 1951 de color verde oliva utilizada por otros compatriotas suyos convertida en embarcación, a la que adaptaron una hélice a su motor original, hicieron del volante un timón y tenía hasta toldilla en su parte trasera para que los tripulantes no cogieran demasiado sol. La camioneta flotaba gracias a varios bidones que los emigrantes amarraron a modo de catamarán. ¡El ingenio de los cubanos, no tiene límite!

Pero la infraembarcación de Elián y su madre, no tenía ninguna de esas características y durante la travesía la madre de Elián, el “patrón de la embarcación” su novio, y otras nueve personas mueren ahogadas. Como él mismo relató tiempo después, “Recuerdo que fui subido a una plataforma y mi madre me cubría, luego, en algún momento, levanté mi cabeza y ya no la vi más” Elián y otras tres personas sobreviven, después de varios días a la deriva alcanzando las costas de Florida, donde el niño es rescatado por dos pescadores y entregado al Servicio de Guardacostas de los Estados Unidos.

Era el 25 de noviembre y lo que siguió fue una batalla legal de siete meses por la custodia del niño entre su tío abuelo paterno, residente en Miami, y su padre, que vivía en Cuba.

Según las leyes estadounidenses y cubanas, el acto cometido por la madre de Elián pudo considerarse un secuestro y ser objeto de sanción penal, pero según la norma estadounidense denominada “wet feet, dry feet” (“pies mojados, pies secos”), los cubanos que alcanzan las costas de los Estados Unidos pueden solicitar asilo político, pero aquellos que son hallados en el mar, son devueltos a Cuba.

Las tensas relaciones entre USA y Cuba encuentra un nuevo motivo de enfrentamiento, protagonizado por aquel aprendiz de JFK que era Bill Clinton, Presidente entonces de los Estados Unidos y el veterano Fidel Castro, que entendía delito de lesa patria lo que ocurría con el niño balsero. Aquella tensión recordaba los peores tiempos de la Guerra Fría y parecía que los protagonistas habían encontrado un buen pretexto para medir sus fuerzas, pero esta vez, felizmente, ante los tribunales.

Parecía que el viejo guerrillero quería revivir una situación de tensión máxima como fue La Crisis de los misiles en Cuba, que se extendió desde octubre a noviembre de 1962, cuando más cerca que nunca se estuvo de una guerra nuclear, pero la URSS de entonces ahora era la Rusia de Yelsin, aunque aun quedaba Fidel, el ultimo protagonista de aquel episodio.

Las autoridades estadounidenses, a través del Servicio de Inmigración y Naturalización entregaron a Elián bajo la custodia de su tío abuelo Lázaro, residente en Miami. Por su parte, los parientes estadounidenses de Elián, y los opositores al régimen de Castro, sostuvieron que por el principio “dry feet” el niño podía adquirir estado de asilado político, que fue solicitado por los parientes a cargo de su custodia.

Cuba defendía que dado que la madre había sacado al niño sin autorización de su padre, Juan Miguel González Quintana, el caso no implica sólo cuestiones de asilo político, sino también un conflicto relativo a la guardia de Elián agravado con el hecho de no contar con la autorización del padre, el cual defendía que Elián había sido secuestrado.

Tras la decisión de un tribunal estadounidense de otorgar la custodia al tío abuelo del niño, la Habana califica de “ilegal y arbitraria” la decisión y arengados por el régimen castrista, miles de cubanos salen a la calle para pedir la repatriación del niño protestando por la decisión del tribunal familiar de Florida.

La casa en donde residía Elián en Miami, es rodeada permanentemente por la prensa y la televisión y durante el verano de 2000. El gobierno cubano, mientras tanto, organiza grandes manifestaciones públicas exigiendo la devolución.

“Los bandidos de Miami pretenden que reaccionemos con una respuesta desesperada y estúpida que los pueda favorecer ante la opinión pública internacional y de modo particular a la norteamericana”, afirmaba un encendido orador típico de la época designado para leer mensajes del propio presidente Fidel Castro sobre el caso del niño.

Durante la campaña de Fidel Castro para repatriar a Elián, su gobierno desarrolló una estrategia metódica de protestas y discusiones televisadas para aumentar el respaldo a nivel interno y proyectar su mensaje al exterior.

Quizás el instrumento más influyente de la campaña fueron las mesas redondas diarias de dos y tres horas televisadas, en las que funcionarios del gobierno y periodistas de los medios estatales examinaban cada detalle de la disputa por la custodia de Elián, y criticaban duramente a la sociedad estadounidense.

El 22 de abril de 2000 el Departamento de Justicia ordena que Elián sea sacado por la fuerza de la casa en que se hallaba y entregado a su padre, que ya había viajado desde Cuba a los Estados Unidos para reunirse con él.

Parecía una autentica escena de guerra. Un numeroso grupo de agentes del INS vistiendo uniformes de combate y armados hasta los dientes, toma por asalto la casa del tío abuelo del niño. Una fotografía célebre, muestra a un agente del INS apuntando con su fusil a Elián y a Donato Dalrymple, uno de los pescadores que lo encontrara.

Elián y su padre permanecieron en Estados Unidos hasta el 1 de junio de 2000, cuando sus familiares en Miami agotaron todas las instancias de apelación. En las calles de La Habana fueron recibidos como héroes, paseando entre los carteles “Liberen a Elián” que estuvieron durante meses cubriendo las paredes a lo largo de la isla.

De aquella celebración y hasta hace poco, quedaba como emblema la Tribuna Antiimperialista, levantada frente a la Sección de Intereses de Estados Unidos en La Habana para reclamar la devolución del niño, lugar desde donde el propio Elian pronuncio su primer discurso a los once años.

Al cumplir los 16 años, Elián González se apuntó en la Escuela Militar y con ese uniforme verde olivo y de charreteras rojas desfiló dos años más tarde para pedir a Estados Unidos otra liberación: la de los cinco cubanos acusados de espionaje y detenidos en Estados Unidos desde 1998.

El último protagonista de la historia, el viejo Fidel, ya no está ejerciendo de líder, pero todo cambia, para que todo quede igual. El 17 de diciembre de 2014 ambas naciones acordaron restablecer relaciones diplomáticas y abrir embajadas en los respectivos países desde el 20 de julio de 2015

La famosa Tribuna Antiimperialista -cuyo recuerdo aún perdura en mi memoria- erigida para clamar contra Washington justo delante de la representación diplomática estadounidense SINA, y la proclama “Patria o muerte” escrita con grandes letras rojas mirando hacia la fachada de este edificio, ya no existe. Raúl Castro cambio el uso de la Tribuna y en lugar de exaltación patriótica, ahora hay conciertos y en lugar de la exaltada crispación patriótica, ahora hay son cubano. Barack Obama con silencio y sencillez, cambio la historia sin desafíos, ni amenazas y alguien deberá de contarle ahora al joven Elián, que su viaje a ninguna parte, por fin llegó a su destino. Fin de la historia.

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