Populismo y refugiados. España tiene que tomar partido.

José Joaquín Flechoso
Articulista de la actualidad política en diversos medios. Experto en networking sobre cuya actividad dirige jornadas entrevistando a personajes del mundo empresarial, administración, cine y moda.

Últimamente en nuestro país, cada vez que se habla de populismo todas las referencias se dirigen hacia Podemos, tal vez por las connotaciones del término acuñado en Latinoamérica por aquellos que siempre tratan de vincular a la formación morada, con Venezuela y el chavismo. El populismo con un significado peyorativo, es el uso de términos populares, destinados a ganar simpatías entre la población, como una especie de suerte de la demagogia. También es curioso observar, como tradicionalmente sectores socialistas y comunistas han utilizado el término populista para definir a los gobiernos que no pretenden acabar con el sistema capitalista.

Ahora estamos asistiendo a un nuevo fenómeno populista de tintes neofascistas y xenófobos, que han dado pie al éxito alcanzado por Alternativa para Alemania (AfD) en los tres “Länder” alemanes que el pasado domingo celebraron elecciones regionales, donde obtuvieron un gran resultado electoral. Esta formación nació de un movimiento liberal y euroescéptico, así que ojito con otros movimientos similares que se están dando en Europa, no acaben siendo la antesala de algo peligrosamente radical.

Frauke Petry, una empresaria de 40 años química y nacida en la antigua RDA, datos idénticos a Angela Merkel salvo la edad obviamente, emerge como la voz patriótica que defiende a los alemanes ante la “invasión” de refugiados e inmigrantes. Frau Petry es una persona de reconocido prestigio, pues no en vano es poseedora de la Orden del Mérito de la República Federal de Alemania que recibió en 2012. Cuidadito a quien se le entrega tan reconocida distinción, a ver si se está creando una nueva lideresa de ultraderecha al estilo Le Pen, pero con otro acento.

El partido de Petry logró con su discurso xenófobo, nacionalista y contrario a la acogida de refugiados, irrumpir como debutantes con gran presencia de diputados, en los parlamentos regionales de Baden-Württemberg, Renania-Palatinado y Sajonia-Anhalt. El trasvase de votos hacia AfD, ha procedido de casi todos los partidos y no solo de la CDU de Merkel, sino también del Partido Socialdemócrata (SPD) – el más castigado de todos- de los Verdes y en Sajonia-Anhalt, del izquierdista Die Linke, algo sorprendente sin duda.

El discurso de Petry apela al temor por la crisis migratoria (esto me recuerda a alguien…) que pone en peligro las prestaciones sociales, el trabajo, la identidad cultural alemana, sus raíces cristianas, la seguridad ciudadana y la soberanía nacional, llegando a sentirse partidaria de que la policía de fronteras hiciera uso de las armas de fuego para impedir la inmigración ilegal. Contra este fenómeno xenófobo de AfD, las tesis de Merkel facilitando la entrada de refugiados, suponen los polos opuestos para abordar la crisis de refugiados, uno de los mayores dramas humanos desde la Guerra de los Balcanes.

Mientras tanto, la postura del Gobierno en funciones con respecto al acuerdo que la Unión Europea negocia con Turquía para tratar de frenar la llegada de refugiados y emigrantes económicos, ha sido valiente a la hora de tachar como inaceptable, en palabras del propio ministro Margallo, la firma de dicho acuerdo. Contrasta esta postura oficial, con las tesis esgrimidas por el propio Rajoy, que días antes había defendido lo contrario, sintiéndose a favor del pacto, “pues es una forma de establecer un sistema legal para el traslado de estas personas que solicitan asilo en la UE”; todas las personas que entren de manera irregular a la UE desde Turquía serán devueltas a Turquía y Turquía las aceptará”, dejando bien claro Rajoy que, “eso es lo más importante para todos”.

Es curioso por no decir paradójico, que España ahora condena las posibles devoluciones colectivas de extranjeros, alegando que son contrarias a la Convención de Ginebra, los tratados de la UE y la directiva europea de retorno según palabras textuales del Ministro de Exteriores, pero sin embargo guarda silencio sobre las devoluciones en caliente de la valla de Melilla, cuando hasta el propio Tribunal Europeo de Derechos Humanos tramita una demanda, contra el Reino de España, por infringir el Convenio Europeo de Derechos Humanos por una expulsión colectiva donde se incumplen entre otros la imposibilidad de ser identificados los inmigrantes, lo cual es preceptivo por haber pisado territorio español.

Le gran vergüenza actual es ser europeo y negociar con Turquía la devolución de todos los “migrantes irregulares”, tanto los “económicos” como los “refugiados” incluidos los sirios, a cambio de 3.000 millones adicionales para Ankara, incluyendo en la negociación la supresión del visado para los turcos que viajen a Europa, así como la negociación para su potencial entrada en la Unión. Los líderes de los Veintiocho y de las principales instituciones comunitarias, querían garantías muy claras y dejar perfectamente marcados los límites y condiciones para que no haya sorpresas, pues no se fían de los turcos y menos de su líder Erdogán que solo está buscando hacer un gran negocio con el sufrimiento ajeno.

La Convención de Ginebra, estipula que quien llega a un territorio puede pedir asilo, y no puede ser expulsado o deportado hasta que se resuelva su expediente, pero la directiva europea, según su artículo 33, permite a un país rechazar una petición de asilo si la persona viene de un país seguro y Turquía lo es según lo reconoce Grecia mirando hacia otro lado, pues es evidente el grave conflicto de este país con los kurdos del PKK que castigan con gravísimos atentados las principales ciudades y Ankara en particular como el reciente coche bomba que hizo saltar por los aires a un autobús, dejando treinta y ocho víctimas mortales. Si a todo esto Grecia dice que Turquía es un país seguro, solo está dándole ficticiamente el tinte de legalidad que le falta al acuerdo, por todas partes.

Que el tratado se ha planteado como un negocio, lo indica las condiciones pactadas, pues por cada persona “irregular” que entre en Turquía, los Estados Miembros de la UE reubicarán directamente desde allí a un refugiado sirio con derecho asilo, pero eso si pagando el coste la propia UE. Turquía exige que se “evacúen” las islas griegas, y que todos los refugiados que están ahora mismo en los centros de acogida o registro de datos sean llevados a otro lado. Vergonzoso pacto que trata a los refugiados como mercancía que se compra y se vende. Mientras, las mafias siguen haciendo negocio sin que nadie actuara contra ellas, pues Turquía ha dicho que hasta que no tenga el dinero, no piensa hacer nada…

Exijo y creo que no soy el único, que España no participe de este vergonzoso tratado y de una vez por todas, cumpla con su compromiso y acoja algo más que los dieciocho que oficialmente están en nuestro país. Es pintoresco ver que desde hace meses ondea una pancarta en la fachada de la sede del Ayuntamiento de Madrid que dice “REFUGEES WELLCOME” que solo supone una bienvenida a modo de triste saludo, que nadie recibe.

Es urgente que las Cortes tomen partido y ordenen a que en nombre de España, no se firme dicho tratado que nos avergüenza como españoles y como seres humanos.

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