Del Congreso al Capitolio

Joe Biden
Serralaitz
Serralaitz, el seudónimo usado por el autor en atención a su lugar de nacimiento, es un localismo que corresponde al nombre dado en la zona a una sierra riojana: la Sierra de la Hez, un conjunto de montañas en el corazón de La Rioja, entre las comarcas de Rioja Baja y Alto Cidacos-Alhama y Cameros y a una altura superior a los mil metros. Desde esa altura, cuando no hay niebla, las cosas se aprecian de una forma muy especial.

Biden, el nuevo presidente de USA, y todos los que han estado esta tarde, 20 de enero, en el Capitolio de Washington, dejan en el ambiente político del planeta una visión y un lenguaje que podrían resultar completamente nuevos, extraños y desconocidos a casi todos los que discursean aquí en el Congreso de los Diputados de Madrid y en todos los que hablan u opinan de política, y a muchos más.

Sorprende en primer lugar que la palabra América no ha sido oída en ningún momento. Ni tampoco la palabra “americano” ni “norteamericano” como forma de nombrar a los ciudadanos de los Estados Unidos.

Sorprende más aún si la comparamos con el léxico de Trump: con su clásico “America first” (primero América); y con la designación de los ciudadanos de Estados Unidos como “americanos” o “norteamericanos, preferentemente “americanos”.

Sorprende, si volvemos a Europa, el tono cien por cien religioso, heredado desde luego de la Biblia, el libro del Pueblo de Dios, un léxico religioso que ha perfumado todos los momentos, todas las frases, todas las filosofías. Con el “agravante ” de que el primer acto de la llegada de Biden a la Presidencia fue una misa en la iglesia de un tal San Marcos o San Mateo. Aquí eso ya no se lleva. ¿Acaso la presidenta Angela Merkel ha pronunciado el nombre de Dios en ninguno de sus mensajes de despedida como presidenta de la Unión Europea?

Eso sí, con todas las confesiones cristianas que hay en USA, no se ha vislumbrado ninguna alusión a la división entre los cristianos, todo el mundo político estadounidense asistió a la misa en aquella iglesia católica.

Sorprende y esto toca en las entrañas al lenguaje de la política española, la apuesta por un lenguaje de unidad entre todos “estadounidenses”. Bueno, ya sabemos que unos días antes el Capitolio registró cuatro muertos y una algazara de campeonato entre trumpistas y bidenistas, entre republicanos y demócratas. Ya sabemos que hace cientos de años de que el presidente saliente no acompañaba al entrante en su toma de poder. Ya sabemos que a Biden y a todos los estadounidenses les duele la imagen de enfrentamiento y la chapuza de proceso electoral y votaciones que han vivido y que les ha dejado en ridículo como a cualquier república bananera. Y suponemos que Biden ha machacado tanto en la unidad porque sabe que es el pie del que cojea Estados Unidos.

Pero para Biden está claro, muy claro, superclaro, que la superación de la pandemia y de todos los problemas que tiene Estados Unidos pasan por un comportamiento democrático y de respeto mutuo, de diálogo y de búsqueda de acuerdos. Mientras que en este nuestro país, en esta España que llamamos como “un gran país” y nos preciamos de “mucho españoles”, casi el 90% de nuestros discursos chorrean peleas de gallos y perros y gatos, de verduleros y verduleras.

Sí señores, ese es nuestro lenguaje, al menos el más socorrido, hablado, escrito y leído y televisado.,

Y el caso es que de pandemia y de poco peso en el mundo y en EU andamos más que sobrados.

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