Un hooligan en Sant Jaume

Rufián
José Joaquín Flechoso
Articulista de la actualidad política en diversos medios. Experto en networking sobre cuya actividad dirige jornadas entrevistando a personajes del mundo empresarial, administración, cine y moda.

Posiblemente después de penalti y marketing, hooligan es una de las palabras en inglés de la que todos los españoles conocen su significado, porque off side se convirtió en “orsay” y Whats App en “guasa”. Pero el significado de la palabra empieza a ser utilizado en política, algo que aún no se había producido, si bien algunas discusiones entre diputados habían traspasado con creces el límite de la llamada cortesía parlamentaria. Tuvo que ser Gabriel Rufián, ese peculiar orador que quiere ser el enfant terrible del independentismo, que es seguidor del RCD Espanyol y de los pocos independentistas que van con la Selección Española de Futbol cuando juega con el combinado de las Islas Feroe. Rufián le soltó semejante improperio al ministro Josep Borrell con el fin de ocupar titulares de los medios, en un ejercicio intolerable de falta de respeto a quien ha mantenido una línea intachable ante el desafío independentista. Parece que el diputado de ERC vive en su mundo donde solo se mira su ombligo, pero si levanta la mirada, se encuentra con quien ostenta la titularidad como presidente de la Generalitat, que representa el modelo típico del hooligan con barretina, o de caganer fuera del tiesto que para eso estamos en Navidad.

El tal Quim Torra, a la sazón máxima autoridad del Estado en Cataluña, es capaz de sentir simpatías por quienes en la más pura acción antisistema se denominan Comités de Defensa de la Republica (CDR) que no dejan de ser unos vándalos que actúan bajo la protección de Torra, a los cuales anima a la resistencia, cuando no a la acción violenta contra los agentes del orden que por aquellas tierras se denominan mossos de escuadra. Ha tenido que ser Joan Tardá quien ha dicho que “a la república no se la defiende con pasamontañas” dando testimonio de esta manera a la repulsa desde el interior del independentismo a las acciones de los hooligans de Torra.

Pero el president (me ahorro lo de Molt Honorable…) es el jefe de todos ellos y lo demuestra con creces, con un verbo irresponsable impropio de quien debería ser el jefe de todos los catalanes y no solo de una parte ciertamente significativa, aunque cada vez con menos seguidores que piensan como él. Este personaje es capaz de invocar la vía eslovena como la hoja de ruta para alcanzar la independencia. Esta afirmación en boca de un dirigente como Torra me parece más calificable como presunto delito de rebelión, que todos los gestos y despropósitos llevados a cabo por Puigdemont (Harry Potter con 50 años) la CUP, ANC y Ómnium juntos por mucho que los jueces se decanten por ese término y no por el de sedición que según mi opinión es lo que ocurrió en aquel territorio hace algo más de un año.

Eslovenia formaba parte de una república en descomposición como era la Yugoslavia fraccionada después de Tito a principios de los 90. En los estertores del régimen, el ejército intervino con la idea de sofocar la rebelión, en lo que se llamó la guerra de los diez días, un conflicto de corta duración que coincidió con la independencia de Croacia. Las trágicas consecuencias de aquel acto que llevó al nacimiento de la república eslovena se materializaron en 76 muertos, algo más de trescientos heridos y dos ejecitos enfrentados: el yugoslavo y las fuerzas populares eslovenas.

No entiendo que la Fiscalía no haya movido ficha tras las declaraciones de Torra en un claro alegato a la insurrección, pero aun entiendo menos que todos en su entorno le hayan disculpado “matizando” sus palabras, en una mezcla de perplejidad e incredulidad por lo manifestado por el hooligan que ocupa el Palau de la Generalitat.

Jugar a la república está pasando a ser un elemento de alto riesgo y como se ha visto tras el resultado electoral de Andalucía y ratifican las encuestas, el problema de la independencia de Cataluña preocupa a más de un 15% de los españoles y es la quinta cuestión en importancia para nuestros compatriotas tras el paro, la corrupción… y los políticos, pero según el CIS (más conocido como Casa Tezanos) solo al 9,7% de los españoles les preocupa el asunto catalán… ¡Pues yo, no me lo creo!

Esto de Cataluña sería comparable al comportamiento de un niño caprichoso y a la vez soberbio que no reacciona ni al castigo (judicialización) ni al consentimiento (distensión). El primero claramente no ha funcionado y tras aplicar el Artículo 155 de la Constitución y encarcelar a los políticos sediciosos, las elecciones de las que próximamente se cumplirán un año, reafirmaron la supremacía en escaños de las fuerzas soberanistas. Por otro lado, la política del gobierno de Pedro Sánchez intentando solucionar el problema haciendo ver que es tan solo un desencuentro por estar el PP en el poder y que con los socialistas es más fácil llegar a un acuerdo (lo cual es cierto) solo le está reportando desplantes y nula voluntad negociadora por parte de “Torra y sus Torrentes”, versión radical catalana del personaje de Santiago Segura, los cuales son oportunamente retratados en el programa satírico Polonia de TV3.

Ahora tenemos en el panorama la celebración del Consejo de Ministros y Ministras (manda hu****) del día 21 en Barcelona y el posterior encuentro de Sánchez y Torra en lo que en principio parece un diálogo de sordos, pues según dice Quim, el solo va a hablar del derecho a decidir y Pedro dice que de eso nada ¿entonces para que la reunión? Posiblemente es necesaria en cualquier caso, pues tal vez cara a cara y mirándose a los ojos, puede que mengüe el nivel de desafío. Hablar siempre es importante y ahora imprescindible.

Las recetas aliñadas bajo el Artículo 155 que proponen Casado y su ventrílocuo Aznar, Ciudadanos y Vox, son simples llamadas al populismo. No olvidemos que el propio Rajoy puso en marcha la aplicación de dicha medida tras un acto de extrema gravedad como fue la proclamación de la república catalana, algo que aún no se ha producido por mucho que se amague con ella y por mucho CDR que corte las carreteras. Pero lo que no aclaran ninguna de las tres fuerzas políticas mencionadas es que van a hacer después de intervenida la Generalitat, cesado Torra y todo su consell. Ni una sola propuesta, pero mucha crispación, que se convierte en el mejor alimento para Torra y sus encapuchados.

Para los hooligans, esos descerebrados ajenos a las normas cívicas, la crispación es su verdadero balón de oxígeno para seguir actuando. La Constitución de 1978 buscaba evitar el enfrentamiento y todos los partidos perdieron algo de su identidad en aras a dotarnos de un espacio donde convivir confortablemente. Yo pediría mayor esfuerzo de colaboración y de consenso y menos 155. Es el tiempo de los grandes políticos, pero ¿contamos con ellos actualmente? Hace cuarenta años si los teníamos…

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