Puigdemont, a prisión

¿Por qué se produce ahora su detención?, ¿es posible su extradición a España?

Puigdemont, a prisión
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Sorpresa tras la detención en la noche del jueves de Carles Puigdemont en Cerdeña (Italia) Acudía a un acto cultural junto a la presidente del Parlament, Laura Borrás. Quizás ambos pensaban que Cerdeña forma parte de los llamados ‘països catalans’ por razones históricas. Pero la realidad es que aunque en Cerdeña se hable catalán, es Italia; y que la orden del juez Llarena estaba vigente.

Ahora el debate jurídico se centra en si Luxemburgo dejó la euroorden en suspenso. El equipo jurídico del fugado confía en el Tribunal de Justicia de la UE para mantener su vergonzosa impunidad. Es duda que Luxemburgo dé luz verde a un asunto tan polémico y controvertido cuando al mismo estado, España, no parece interesarle demasiado. Más bien le interesa que no se aplique la euroorden para seguir manteniendo la mesa de negociación…

Pero supongamos que Luxemburgo no pone pegas a la extradición. La pelota en tal caso descansará en el tejado de las autoridades italianas. De nuevo la complejidad de que las autoridades italianas se compliquen la vida en una extradición que no entusiasma a España. Pero supongamos que la extradición se produce. El Supremo podrá entonces juzgar al fugado. Eso sí, sabiendo que cuando termine de cumplir su responsabilidad institucional el gobierno colocará el contador a cero en forma de indulto argumentando “magnanimidad”, rechazo de la venganza, etc.

En resumen, probablemente no pase nada. Y no es porque no deba pasar ni porque el derecho sea excesivamente garantista. Es porque quien debería de impulsar la acción no sólo no lo hace sino que coloca todos los palos en las ruedas que pueda. En una Justicia rogada -siempre lo es- la ausencia de ruego es la parálisis.

Entonces, ¿a qué viene la detención de Puigdemont? Responde al espíritu perseverante del juez Llarena. Podía haber abandonado el asunto habida cuenta de la evidente pasividad gubernamental y la voluntad de indultar. Pero ha preferido mantenerse firme y evitar la humillación de que el fugado se permita viajar por el mundo sin contingencia alguna.

Si Luxemburgo se agarra al garantismo, el gobierno prefiere mirar para otro lado y las autoridades italianas se ponen a silbar ya no es mi problema. Que cada palo aguante su vela. Yo cumpliré con mi obligación  institucional. Sin descanso. Sin pausa. Sin desfallecer. Eso es un juez sabedor de que el único baluarte de la institucionalidad es él. De la institucionalidad y de la decencia…

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