Tocando las narices

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Carlos Miranda
Carlos Alonso Miranda y Elío, V conde de Casa Miranda, es un diplomático español Licenciado en Derecho, que fue Embajador de España en el Reino Unido desde julio de 2004 hasta 2008 y Embajador Representante Permanente de España en el Consejo de la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN) desde julio de 2008 hasta su cese en febrero del 2012.

El 24 de marzo pasado fallecía el gendarme francés Arnaud Beltrame, “mort pour la patrie”, asesinado por un terrorista Islámico tras haberse intercambiado heroicamente por un rehén. Justo antes, el 22, contemplábamos la vergonzante fuga de Marta Rovira para reunirse en Suiza con Anna Gabriel, la cupera quizás reconvertida al capitalismo, como el Partido Comunista Chino, y Miren Nekane, una etarra allí olvidada.

Igual piensa Rovira que su valor es comparable al del gendarme. Se “exilió”, dijo, para seguir siendo madre, pretextando una vida personal que no interesa. Miente. Se fugó para escapar de la Justicia. Si tanto le importa su hija, algo encomiable, quizás tenía que habérselo pensado antes de convertirse en una sacerdotisa del separatismo para dividir a españoles, catalanes e hija incluidos.

Puede que una de las primeras cosas que hiciese en Ginebra fuese un “selfie” junto a una joyería, o con el chorro de agua de fondo, y se lo mandase a Jordi Turull, ingresado esos días en la cárcel. “Yo aquí y tú allí” sería una frase oportuna con la que acompañar la foto.

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“Gracias”, podría haber contestado Turull, u Oriol Junqueras, antes de añadir “Le tocaste las narices al juez y por eso no puede liberarnos, arriesgándose a un banquillo vacío el día del juicio”. Se lo podían haber dicho también a Carles Puigdemont, añadiéndole al grupo de wasap como “compi fugui”…

Vemos una judicialización de la política y un déficit de esta última en la cuestión catalana, pero los separatistas catalanes son los únicos responsables de las violaciones contra la convivencia constitucional, renegando arteramente del pacto de 1978 por el que España aceptó ser un país autonómico (federal imperfecto) a cambio de archivar las eventuales independencias vasca y catalana. La justicia actúa porque no queda otro remedio.

Tendrá que reaparecer la política. Para eso los separatistas debieran dejar de engañar a sus seguidores, aceptando la sinrazón de sus propuestas insolidarias y empobrecedoras. Su verdadera disyuntiva es la de actuar razonablemente o marcharse a sus casas donde poder ver, mejor que en la cárcel, los “selfies” turísticos de los fugados.

Unos fugados mantenidos por misteriosos mecenas, o eso parece, que si se confiesan igual lo hagan con sacerdotes carlistas y separatistas del Principado o los busquen en el País Vasco y Navarra. El comunicado de la llamada “Iglesia vasca”, pidiendo […]

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