Mariano Cobo

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Un toro de la exposición
Miguel Manrique
Periodista colombiano, afincado en España.

La tauromaquia no sólo es un arte en sí mismo, sino un generador de otras artes. Es mucha la música, la poesía, la pintura, escultura y fotografía que ha dado a España y a los otros países en donde se practica: dos europeos más y cinco americanos. Para no hablar del cine, teatro y hasta ensayo sociológico.

De la tauromaquia como arte se sirve el pintor, escultor y grabador Mariano Cobo. Santanderino de nacimiento, pero vallecano de adopción, trabaja en un inmenso caserón diseñado y construido por él mismo. Un tipo afable, bonachón, amigo hasta de sus conocidos y sabio como pocos en arte plástico.

Mariano Cobo en la exposición "Capotes"
Mariano Cobo en la exposición “Capotes” en la galería David Bardía

Cobo inauguró el pasado 3 de mayo en la galería “David Bardía”, de Madrid, una serie de pinturas y esculturas titulada Capotes. No hay que ser amante de los toros para disfrutar de esta magnífica representación de todo el mundo místico que se vive en y alrededor de la tauromaquia. Más de 30 piezas repartidas entre pintura, escultura y grabado, traen al espectador el vértigo, el desafío a la muerte, el arte efímero del torero. Y es efímero, porque el torero es el único artista plástico que carece de soporte; el cual es el aire, la nada, necesitado de la atentísima mirada del espectador para captar ese instante mágico en el que el torero dibuja una verónica, un pase de pecho o instrumenta un quite por chicuelinas a un astado. Como no tiene soporte físico, el torero necesita de un artista plástico para existir; y aquí es donde intervienen creadores como Mariano Cobo: para que el arte taurino deje de ser efímero y se convierta en algo tangible, palpable con los ojos y el espíritu.

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El espectador de Capotes puede convertirse perfectamente en torero, recorriendo los salones de la galería “David Bardía”, sintiendo cómo se le coagula la sangre al ver venir hacia él a “Platero”, un morlaco en óleo sobre madera; puede instrumentar una verónica como lance de saludo; adornarse con las variadas formas que plasma Mariano Cobo; o citar a porta gayola, con una larga cambiada o un farol de rodillas; y, si lo prefiere, contemplar cenitalmente una revolera. Para que nada falte, puede desafiar a la autoridad penal y “hacer la luna”; es decir, torear ilegalmente y de noche a unos eriales en tonos grises, también en óleo sobre madera. Técnica ésta, mayoritaria en la colección; aunque también haya obras sobre lienzo, pero al mismo pigmento.

Color, luz taurina, plástica sobre plástica, arte en su más firme expresión. No importa que no seas aficionado a los toros o que, incluso, abomines de la fiesta. Tampoco hace falta creer en milagros, ascensiones a los cielos o resurrecciones para admirar la pintura del Renacimiento o el Barroco; ni que te gusten los huevos fritos para te llegue una obra de Dalí. Lo único que se necesita para congeniar sensiblemente con el arte, es que te lleve la emoción que trasmite.

Y mucha emoción se puede sentir hasta el 2 de junio de este año, en la galería “David Bardía” en el número 40 de la calle Villanueva de Madrid. La fuerza pictórica de Mariano Cobo, te espera.

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