La complicada y determinante partida de ajedrez que se juega sobre el tablero de Corea

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La partida sobre el tablero de Corea
Pedro González
Periodista, experto en Política Internacional. Fue director de Redacción de Euronews y fundador del Canal 24 Horas de TVE.

Kim Jong-un y Moon Jae-in han comenzando con los prolegómenos de la partida fuerte, que es la que disputarán el dictador de Pyongyang y el presidente estadounidense, durante la reunión que mantendrán probablemente en Singapur o Mongolia.

Es la última secuela directa de la Segunda Guerra Mundial, el único escenario de aquella conflagración que aún no ha terminado formalmente las hostilidades derivadas de la Guerra Fría, iniciada casi inmediatamente después de las sucesivas rendiciones de Alemania y Japón. Corea, dividida en dos partes desde 1945, sometida a una nueva y devastadora guerra de tres años (1950-1953), concluida provisionalmente con un armisticio, no ha firmado aún el tratado de paz que la finalice.

Kim Jong-un y Moon Jae-in, líderes de Corea del Norte y del Sur, respectivamente, quieren pasar a la historia como los firmantes de ese tratado. Su encuentro en Panmunjom, la zona del Paralelo 38 que marca la frontera entre ambas Coreas, quiere señalar el camino hacia una nueva era de paz. “No habrá más guerra en la península de Corea”, declaraba con rotundidad Moon Jae-in. “Somos la misma gente y tenemos la misma sangre, que no pueden separarse. Espero que podamos vivir en paz muy pronto”, remachaba Kim Jong-un.

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Tanto la celebración misma del encuentro como la pompa y cordialidad exhibida en el mismo resultaron tan inesperadas como sorprendentes para una comunidad internacional que situaba a Pyongyang como uno de los puntos de ignición de un conflicto nuclear de proporciones incalculables. ¿Cuáles son las causas del giro operado por el dictador norcoreano que, apenas diez días antes de atravesar el escalón de cemento de Panmunjon que separa las dos Coreas, daba por finalizado su programa nuclear?

La razón más probable es que tanto Kim Jong-un como sus asesores más fieles han llegado al convencimiento de que el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, estaba firmemente dispuesto a arrasar Corea del Norte, con “un diluvio de fuego y furia”, si sus agencias de seguridad certificaban la capacidad de Pyongyang para alcanzar con sus cabezas nucleares cualquier punto del territorio norteamericano.

Como segundo motivo, íntimamente ligado al primero, estaría la amenaza de China, único aliado de peso de Corea del Norte, de incrementar las sanciones que ya le ha impuesto, lo que acabaría por colapsar la economía del país. El poderoso presidente chino, Xi Jinping, no está en condiciones aún de aceptar un enfrentamiento con Estados Unidos a causa de la desestabilización de la península coreana. Pekín no considera todavía propicio el momento para ese choque, que a medio o largo plazo será inevitable entre ambas superpotencias, aunque por muchas otras razones que el mantenimiento a toda costa del régimen norcoreano.

Kim Jong-un y Moon Jae-in han realizado, por lo tanto, los prolegómenos de la partida fuerte, que es la que jugarán el dictador de Pyongyang y el presidente norteamericano, en la reunión que sostendrán probablemente en Singapur o Mongolia.

Muchas exigencias y ni la más mínima confianza

Donald Trump exigirá garantías de la desnuclearización de Corea del Norte y Kim Jong-un le reclamará, en contrapartida, que no intente derribar su régimen, que saque de Corea del Sur a los 28.000 soldados que aún mantiene estacionados y –por pedir que no quede- ayudas económicas suficientes para paliar las enormes carencias alimentarias y energéticas que […]

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