Merkel pone firmes a los de la UE ante su “Made in Germany”

Serralaitz
Serralaitz, el seudónimo usado por el autor en atención a su lugar de nacimiento, es un localismo que corresponde al nombre dado en la zona a una sierra riojana: la Sierra de la Hez, un conjunto de montañas en el corazón de La Rioja, entre las comarcas de Rioja Baja y Alto Cidacos-Alhama y Cameros y a una altura superior a los mil metros. Desde esa altura, cuando no hay niebla, las cosas se aprecian de una forma muy especial.

La marca comercial “Alemania” se la está jugando con la crisis o el timo, según se quiera llamar al caso de los coches Volkswagen Diésel, de los cuáles dicen que ruedan por el mundo 665.000 ejemplares. Pero el fraude es mucho mayor, Volkswagen ha vendido con su marca o con las de Seat, y otras marcas 11 millones de ejemplares.

El timo, al parecer, conlleva un doble truco: emite a la atmósfera muchos más gases contaminantes de los que figuran en su ficha técnica, falsea el rendimiento del motor, y renta al fabricante unos beneficios pingües. Xabier Labandeira, catedrático de Economía e investigador del Grupo Intergubernamental sobre Cambio Climático de la ONU, señala que “Hay una revolución pendiente. El transporte es el sector que más lentamente se descarboniza”.

Mientras en USA se venden cada vez más vehículos eléctricos, y China avanza a pasos agigantados y está en condiciones de ser el primero en llegar al cambio del coche movido por energías fósiles al propulsado por energía eléctrica, en Europa reinan por doquier los motores de gasoil.

“Un precio más bajo del diésel puede fomentar el mayor uso del coche y la compra de vehículos cada vez más grandes”; por esa razón Xavier Querol, del Instituto de Diagnóstico Ambiental y Estudios del Agua, cree que la protección fiscal del diésel ha hecho que las empresas automovilísticas se “acomoden” y no se encaminen hacia vehículos limpios.

Y ahí tenemos a Volkswagen y a la industria alemana del automóvil apostando por el diésel contra viento y marea, frente a la apuesta de futuro que preconizan USA y el Gigante asiático.

En vano las asociaciones de consumidores reclaman una compensación y la sanción correspondiente por los perjuicios que esta política del Diésel está infringiendo al medio ambiente y a los propietarios de esos 11 millones de coches trucados. Desde España, alguien del gobierno sacó pecho diciendo que se iban a reclamar daños y perjuicios, para, a renglón seguido aclarar que lo del trucaje de los motores diésel no da derecho a ninguna indemnización.

Alemania manda, “dicta”. El imperio carolingio, hoy “merkelingio”, es la ley en la UE.

Hagamos un poquito de historia.  Hubo un tiempo, allá por las décadas 1950-1960, cuando Europa se despertaba tras la pesadilla de la guerra de 1940 y España se recuperaba con cierto retraso de su guerra civil, en que nuestro país intentó poner en marcha su propia industria automovilística. Desde Euskadi, más en concreto en Durango, se lanzó un prototipo de coche cien por cien autóctono en las factorías de la empresa Duñaiturria y Estancona. Dicen que el ministro franquista José Luis Arrese intentó conseguir el éxito de este proyecto.  Pero el régimen franquista, no sabemos  a qué precio, dio prioridad al proyecto de Renault en Valladolid, y el intento de Euskadi fue desechado y archivado. Más tarde, Fiat acampó en Martorell, y surgió la SEAT junto al puerto de Barcelona, y más tarde todavía Citroën se estableció en Vigo, frente al Atlántico.  Y todo el mundo puso su chiringuito de venta de coches en la Piel de Toro.

Hoy, Euskadi figura solo como comparsa en el mercado del automóvil, como cuenta uno de los proveedores más potentes del mercado mundial de piezas del automóvil.

Una lástima. Hoy España podría figurar entre los fabricantes de automóviles como una potencia mundial, si el proyecto de Duñaiturria y Estancona hubiese recibido el apoyo y estímulo requerido. Y nos hemos quedado en mercado de firmas europeas y americanas y japonesas, y poco más… Figurantes y actores secundarios, al albur de los caprichos del gran imperio Merkelingio y sus antojos de Diésel y energías fósiles.

Es lo que hay, es la historia de la Unión Europea vista desde sus principios a través del automóvil y de Volkswagen. Pujó Francia, pujó Italia, cerraron el paso a España, y por fin Volkswagen y Merkel se han alzado con la victoria. A España le han dejado la Copa Mundial de Fútbol y las Champions del Madrid y el Barça como premio de consolación…

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