Los viejos, sin bollo

Los viejos, sin bollo
Carlos Miranda
Carlos Alonso Miranda y Elío, V conde de Casa Miranda, es un diplomático español Licenciado en Derecho, que fue Embajador de España en el Reino Unido desde julio de 2004 hasta 2008 y Embajador Representante Permanente de España en el Consejo de la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN) desde julio de 2008 hasta su cese en febrero del 2012.

Las noticias que nos dan por radio, televisión y prensa (no digamos por redes) necesitan ser contrastadas antes de sacar conclusiones, aunque mucho poso ideológico previo tiñe las reacciones de muchos que mental o expresamente le ponen un “me gusta” o un “cero patatero” a sus políticos preferidos o más despreciados.

El COVID-19 es como Atila, ese caudillo nómada huno que predominó en Europa a mediados del siglo V y del que se decía que por donde pasaba ya no volvía a crecer la hierba. Le paró en 451, en los Campos Cataláunicos, en tierras de la actual Champaña francesa, el general Aecio al frente de tropas romanas y de diferentes tribus “bárbaras” lo que no impidió al invasor arrasar tierras italianas al año siguiente. Atila murió poco después y su Imperio se desvaneció.

En estas incursiones, los daños sufridos por los invadidos eran indiscriminados. Las invasiones “militares” podían aparentar ser más ordenadas, sin perjuicio de que se diera, o no, barra libre a las tropas para saquear en función, generalmente, de la buena disposición o de la resistencia de las poblaciones sometidas. En el caso de saqueos, las mujeres eran violadas, los adolescentes secuestrados, los hombres esclavizados y los viejos pasados a cuchillo.

Atila Corona Virus se comporta, o fuerza a comportarse, del mismo modo. Los tramos de ancianos de las poblaciones invadidas son siempre vulnerables por su intrínseca debilidad física y son víctimas preferidas de los saqueos bélicos o virales, así como otros de constitución frágil. Si bien en muchas sociedades se les respeta para aprovechar su experiencia, en otras vigilan atentamente escalafones, escalillas o, simplemente, la edad, para saber cuándo otros más jóvenes podrán sustituirles. Cosas de la vida. Se jubilan y les tachan con un rotulador bien ancho de color rojo. Cuando se mueren, ya no recuerdan ni quien eran. Si acaso, pasan encima del rojo un rotulador negro.

En nuestro mundo eurooccidental donde se amparan los derechos humanos tenemos también la fuerza de la razón por lo que aplicándola al sector poblacional más antiguo los resultados pueden ser escalofriantes. Por una parte, Atila Corona Virus ha entrado a mansalva en las residencias donde almacenan a los mayores que nuestra eficiente vida moderna echa de sus hogares donde ya no pueden valerse por sí mismos o de casas donde no caben o no pueden, o no quieren, ocuparse de ellos.

Por otra parte, nos ponen al día con el concepto del “triaje”, un término que, probablemente, nos viene del francés y que, inocentemente, solo significa distribuir, cribar, elegir, en función de un criterio de tamaño, color, peso, etc. Aplicado a guerras y hospitales de campaña, en medio de una batalla o tras la misma, trillar significa elegir curar antes a los que más probabilidades tienen de sobrevivir, adquiriendo el término originariamente neutral una función de tribunal de oposición a la vida aprobando, o suspendiendo, a los candidatos en función de su mayor capacidad de supervivencia, cualquiera que sea su edad.

Pero Atila Corona Virus parece haber aportado otro significado al triaje, y es el de dar por descontando que aquel que sobrepase una edad determinada es considerado “ab initio” como sujeto desechable por lo que en caso de penuria de camas hospitalarias o en la UCI se les deriva de hecho hacia un futuro eterno con una espera provisional en cualquier lecho en el que puedan, al menos, beneficiarse de cuidados paliativos.

Saltó la noticia por una instrucción, parece ser, de unas autoridades a médicos. Desde los hospitales rechazan que la edad sea el dato básico. Insisten en que lo que importa es la capacidad de supervivencia del paciente. Pero, si son viejos … En ciertas sociedades antiguas, sus ancianos eran abandonados cuando ya no podían aportar nada útil al grupo. Algunos esquimales les construían un “igloo” donde quedaban mientras la tribu continuaba su camino. Al menos, el frio produce una muerte dulce.

Ahora, aplaudimos a nuestros sanitarios cada día: solos, casi sin recursos, en el frente.

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