Con el pie cambiado

Con el pie cambiado
Juan Laguna
Colaborador de Fundación Emprendedores.

Así parece habernos cogido la crisis sanitaria o pandemia de uno de los tipos de “coronavirus” conocidos que, pese a su pequeñez, ha sido capaz de recordar a unas sociedades imbuidas en la soberbia de las tecnologías, que la Naturaleza es impredecible e indomable en sus manifestaciones naturales.

Cuando el mundo globalizado parecía poder “luchar” contra los fenómenos planetarios como los cambios climáticos y los foros de expertos pronosticaban un ligero ascenso de temperatura (2/3º) para mitad del siglo XXI, con amenazas de inundaciones de las zonas costeras de metro o metro y medio por la fusión del hielo polar, un humilde virus es capaz de poner en su sitio la prepotencia de nuestra civilización digital, dejando en ridículo su pretencioso poder.

Hace ya algún tiempo, en este mismo medio, hacía parecidas reflexiones en un artículo titulado Ser como dioses, refiriéndome al dichoso “cambio climático” y a su manipulación interesada como nicho de negocio, por quienes de verdad mueven los hilos del poder globalizado. Un tema que ha tocado también José Antonio Zurriarían en El Mentor.

En el caso que nos ocupa, la sacudida que ha propiciado el virus no parecía prevista por nadie. Las muertes, infecciones y contaminación se suceden implacables y los fantasmas se han apoderado de las ciudades, de los campos y hasta de los lugares que parecían menos susceptibles de contenerlo o transmitirlo, con una curiosa selección geográfica que nos lleva a preguntarnos diversos “porqués” que los expertos han silenciado o no conocen.

Especialistas de diversos centros de investigación plantean teorías que, por otra parte, son contestadas por otras opiniones, dejando al ciudadano perplejo y sin saber a qué atenerse, mientras se frota una y otra vez con jabón unas manos que pueden ser portadoras del virus, al igual que lo puede ser cualquier otra zona del cuerpo, de la ropa, de los enseres domésticos o de los envases alimentarios que llenan algunas despensas. Y surge la primera pregunta: ¿el virus de origen chino se ha transmitido por vía aérea y viaja a favor de los vientos, encontrándose en la atmósfera que respiramos o, como se ha dicho, sólo se transmite por contacto de manos o cercanía personal? Esto es importante en cuanto el blindaje y aislamiento doméstico y personal dentro de la propia vivienda, ya que obliga a establecer un protocolo de relaciones personales (incluidas las afectivas o sexuales) a nivel familiar.

La segunda pregunta tiene que ver con el carácter selectivo que presenta con importantes diferencias en su propagación y consecuencias según qué países. En este aspecto habría que considerar si las condiciones geográficas, climáticas o ambientales de los diversos lugares afectados son similares o, por el contrario, son distintas. Esto nos llevaría también a la forma en que los Estados correspondientes han previsto o abordado el problema, atenuando sus efectos o magnificándolos (en el caso de España parece que la gestión no ha sido la más apropiada). Ligado a ello está el papel jugado por los muchísimos institutos, centros y organizaciones mundiales dedicadas a la investigación y prevención de riesgos sanitarios de este tipo y sus responsabilidades en las alertas realizadas en cada momento, aunque sobrevuelen las dudas hacia ellas sobre su financiación y funcionamiento real (en el caso actual parece que se conocen estos virus desde el año 2013, asociados al murciélago de la fruta y a la cadena alimentaria que incluye su consumo en importantes culturas de Asia, África y el Pacífico, hasta el punto de considerarse una especie amenazada de extinción).

Asimismo, algunas opiniones (como la del director del Instituto Pasteur de Shanghai), asocian el 70/80% de infecciones víricas al mundo animal y a la permeabilización de convivencias humanas con el mismo, bien como alimento, bien como las modernas y a veces extravagantes “mascotas” y la globalización de relaciones humanas.

Se dice que los murciélagos de esa especie son considerados una reserva natural de “filovirus” (incluido el del Ébola y el de Marburgo), que pueden causar infección a los seres humanos. Su consumo se asocia también a enfermedades neurológicas al ser portadoras de toxinas, por lo que ya en textos como la “Torá”, en la Biblia y en el “Levítico”, se prohíbe comer su carne.

Desde la propia China en el año 2019 los especialistas habían identificado la amenaza que estaba presente en algunos coronavirus aislados en murciélagos, con lo que la alerta estaba hecha, al menos en el mundo de la investigación, pero no en el de la globalización ni en su “gobernanza”.

A pesar de todo ello nos preguntamos ¿cómo es posible que, si se dan estas circunstancias en relación con estos frugívoros, se hayan estado consumiendo localmente junto a otras especies de riesgo como serpientes, roedores, monos, etc. sin detectar consecuencias en los consumidores humanos. ¿O se han ocultado las mismas al considerarlas sin importancia? Sabemos que, en el mundo científico, las hipótesis deben confirmarse por investigaciones contrastadas, lo que nos lleva de nuevo a preguntar sobre estas investigaciones epidemiológicas y sus resultados, vacunas o protocolos preventivos a lo largo de estos años.

Muchas incógnitas están en el aire (como los propios agentes víricos) y esperamos que tengan respuesta cuanto antes. Mientras tanto nos tocará aprender con humildad y sin falsas pretensiones sobre nuestro papel en la Naturaleza, ya que formamos parte de ella y, desde luego, no somos dioses por el mero hecho de tener una sociedad digital más o menos desarrollada, que se puede convertir en una trampa también para la especie humana.

En cuanto a la gestión política de la crisis no ha podido ser más desafortunada. Se intentó ocultar (como hizo Zapatero en la crisis financiera) con comentarios equívocos (ya que acababa de iniciarse la “mesa de diálogo” y estaba pendiente la gran manifestación del 8M), dejando al frente de la misma a un cargo público cuyas opiniones personales debían casar con los intereses políticos. No sólo había referencias del impacto en la propia China, sino que en Italia, había comenzado a sufrir el enorme impacto de su difusión y ponía en marcha medidas de control. Nuestro vecino Portugal apenas tiene afectados y no hay mortalidad. En Francia el propio presidente de la república se ponía al frente de la crisis, mientras que en España estamos todavía a la espera de las funciones institucionales del Parlamento y del Jefe del Estado.

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