Filantropía en tiempos de virus

“Tendencia a procurar el bien de las personas de manera desinteresada, incluso a costa del interés propio”

George Soros
Juan Laguna
Promotor y fundador de Tiempo Liberal con actividad política desde la Transición. Funcionario jubilado. Empresario. Productor y dramaturgo. Conservador de Bienes Culturales.

Así se suele definir el significado de la palabra “filantropía” o “altruismo” que nace de la propia naturaleza humana, frente al egoísmo, también natural, que últimamente nos caracteriza. La filantropía se convierte así en la naturaleza de la Política en cuanto a procurar el bien de las personas, frente a los intereses particulares de quienes se dedican al servicio público.

En su día, esta generosidad se traducía en entornos reducidos y desde el sentido de caridad que algunas personas desarrollaban en forma particular para paliar situaciones determinadas de vulnerabilidad o pobreza de sus semejantes, habiendo sido descalificada y vituperada en determinados sectores del mundo de la política. El caso más reciente es el del Sr. Iglesias en sus manifestaciones sobre el propietario de una conocida empresa textil que, no sólo había realizado donaciones al mundo de la Sanidad Pública, sino que también ha demostrado ser el mejor gestor en el abastecimiento de material de protección frente a la pandemia que sufrimos.

Por ello la filantropía debería ser un elemento esencial para unas sociedades que, en determinados momentos, se ven azotadas por cualquier causa o desastre inesperado, pero también para crear ayudas de investigación para evitarlos o prevenirlos, siempre que la transparencia y su total altruismo sean marca de su actividad.

Desde principios del pasado siglo XX, estas actuaciones privadas de escasa repercusión pública tomaron la forma de organizaciones institucionales, como es el caso de las diversas agencias de Naciones Unidas o los departamentos “sociales” de los gobiernos occidentales o surgieron desde la iniciativa particular de quienes por su fortuna y recursos, podían permitírselo. Los casos más conocidos serían los de las fundaciones americanas como la Carnegie, la Ford o la Rockefeller, que hicieron de su actividad una verdadera red de intereses para la “libertad, la democracia y los derechos humanos”.

Tanto el prestigio social de los apellidos y sus fortunas, como la importancia del objetivo perseguido, hizo que su influencia política y económica fuera un factor determinante en la mayor parte de los países del mundo. Primero en los EE.UU. y más tarde extendiéndose en forma de redes interconectadas al mundo científico y político, las fundaciones americanas y sus homólogas europeas, fueron creando un tejido de intereses filantrópicos, que fueron determinantes en la política de los estados occidentales primero y del resto del mundo después a lo largo del siglo XX.

Así en 1910, la “Carnegie Endowment for International Peace” promovida por el magnate del acero Andrew Carnegie, presenta las primeras ramificaciones europeas ya en 1913 (Palacio de la Paz en La Haya que, a partir de 1921, albergará la Corte Permanente de Justicia Internacional en la estela de la Sociedad de Naciones), cuyos objetivos son “desarrollar un expertizaje intelectual en cuestiones de Derecho Internacional para penalizar las guerras.”

En 1913 John D. Rockefeller, fundador de la compañía petrolífera Standard Oil, creará su propia fundación para desarrollar actividades en salud pública, ciencias biomédicas y ciencias sociales, siguiendo un hilo conductor preciso: “movilizar los conocimientos científicos para elaborar una ciencia total del hombre, permitiendo administrar comportamientos individuales y colectivos”. En definitiva “crear un hombre nuevo en una sociedad racional gobernada por la Ciencia”. A David Rockefeller se atribuye la frase: “Lo único que necesitamos es la crisis adecuada y el mundo aceptará el NOM”.

En 1936 se crea la Fundación Ford con el fin de “poner en marcha un Plan Marshall intelectual, destinado a luchar contra el comunismo y promover la imagen de EE.UU. en el extranjero, a partir de las ciencias sociales y los contactos entre las élites intelectuales de diferentes países”.

En 1968 se fundaría el “Club de Roma” por iniciativa del economista Aurelio Peccei lanzando su teoría de “The limits to growth” o límites al crecimiento de la población mundial donde se dice que “todas las proyecciones basadas en el crecimiento, conducen a la catástrofe”, basadas en las tesis de Malthus, si bien sus predicciones han sido cuestionadas. En el trabajo estuvo comprometida la fundación Rockefeller.

Más recientemente otros magnates multimillonarios como Bill Gates y otros, se unirían al grupo de fundaciones que les precedieron, participando en las mismas estrategias de investigación de laboratorios, con el fin de profundizar en el conocimiento y erradicación de posibles emergencias sanitarias. De hecho, en octubre de 2019 llevan a cabo el “ensayo” de una pandemia en la ciudad de Nueva York en colaboración con el Centro Johns Hopkins para la Seguridad de la Salud bajo el nombre “Event 201”, de donde surgiría ya la advertencia a la ONU de una “pandemia letal” próxima (“El País” 5/10/2019).

Ya en el año 1950 se había creado el “Congreso para la Libertad de la Cultura” (CLC) en Berlín que reúne liberales, anticomunistas de izquierda y conservadores, alrededor de un programa antitotalitario, apoyado por una red europea de revistas que organiza actividades culturales y es financiado por Ford, Rockefeller y la CIA, cuyo fin es “promover el cambio liberal de ideas entre Este y Oeste” y del que surgirá en el año 1956 el “Comité de escritores y editores” cuya cabeza visible sería Constantin Jelenski, transformado después en el año 1966 en la “Fundación para la ayuda mutua intelectual europea” (FEIE), cuya financiación correría posteriormente a cargo del magnate financiero de origen húngaro George Soros.

Soros, alumno de la London School of Economics fundada por Ford, recibe su diploma en el año 1952 tras haber sido alumno de Karl Popper (neoliberalismo) iniciando una importante actividad en el mundo de las finanzas internacionales del que obtuvo altas rentabilidades. A partir de 1984 pone en marcha la fundación para “la transición democrática de los países del Este y las repúblicas procedentes de la descomposición de la URSS” creando en 1993 la “Open Society Institute” como eje principal de sus actividades, favoreciendo a ONGs locales y asesorando a gobiernos. Se inscribe así en la tradición del “mesianismo universal” característico de sus antecesoras y en la “diplomacia filantrópica” de carácter influyente con respecto a determinados intereses geopolíticos o económicos, no ya de supremacía estadounidense y sus objetivos estratégicos desarrollados por Zbigniew Brzezinski en su obra “El gran tablero mundial” (1997), sino de otra naturaleza, pero en el mismo tablero.

Por todo ello y llegados a este momento, nos preguntamos legítimamente por el contenido de las conversaciones, pactos o acuerdos (si los hay) entre el referido Sr. Soros y el presidente del gobierno de España, nada más iniciarse la legislatura (en funciones) cuando el significado de la palabra “filantropía” ha tomado una deriva muy diferente a la original. Dicho de otra forma ¿Qué hace un representante del denostado “neoliberalismo” (o capitalismo salvaje) con el representante de un gobierno de ideología contrapuesta? Lo dijo Fraga en su momento: “ la Política hace extraños compañeros de cama”. ¿Estamos jugando con fuego en el gran tablero mundial?

(*) .- Con notas procedentes de “L’argent de l’influence” de Ludovic Tournés.

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