Es necesario decir basta

Es necesario decir basta
Diego Camacho López-Escobar
Coronel de Infantería, diplomado en Operaciones Especiales, profesor de educación física, licenciado en Ciencias Políticas por la UCM, master en RRII por la S.E.I.

Al contemplar la tragedia que estamos viviendo y valorar la gestión de Sánchez, después de tantos días de encierro, todavía no hay material sanitario suficiente, ni mascarillas, ni test. Tampoco se han utilizado a las Fuerzas Armadas con toda la capacidad de la que son capaces. Se han ocultado el número de fallecidos y se ha desprotegido a los ancianos. Mientras ministros que pedían responsabilidad a los ciudadanos, sin informarles adecuadamente, violaban la cuarentena cuando les venía en gana. 

El presidente en lugar de ejercer como casi todo el mundo esperaba, se ha escondido detrás de comités de: coordinación, técnicos y científicos. Que le han servido para esconder su responsabilidad, cuando la evolución de la pandemia se agravaba. Alardeaba de su liderazgo, pero cargaba la responsabilidad de las decisiones tomadas sobre esos comités, o sobre las CCAA cuando sus responsabilidades en sanidad ya habían sido cercenadas, al declararse el estado de alarma. En lo que ha sido muy coherente, es en la utilización de la mentira como su principal herramienta dialéctica.

El engaño no ha estado solo dirigido a los españoles, también lo ha orientado hacia las organizaciones internacionales de las que España forma parte. El último episodio conocido, ha sido el de la Organización de Cooperación y Desarrollo Europeo (OCDE). Sánchez alardea del octavo puesto en el que la organización sitúa a España. Horas más tarde la OCDE puntualiza, que la lista se elaboró con los datos facilitados por los gobiernos. Desde hace muchas semanas, sabemos que los datos oficiales carecen de fiabilidad.

Al ser incapaces de gestionar la crisis del virus, el gobierno se orienta hacia dos objetivos. El primero, el control de las redes sociales, con la disculpa de luchar contra los bulos. El segundo, terminar con la escasa independencia del poder judicial.

La principal fábrica de bulos ha estado localizada en el palacio de la Moncloa, desde el inicio de la crisis, a pesar de no haberse dado cuenta el Estado Mayor de la Guardia Civil. Por ello el principal ataque al prestigio gubernamental, venía del propio gobierno. Por utilizar la desinformación, la propaganda y la falta de trasparencia como los ejes de su política de comunicación.

Los Decretos Ley, utilizados para quitar más autonomía a los jueces, aprovechando el estado de alarma, pero sustrayendo de la sede de la soberanía nacional su aprobación, ha sido, una vez más, prueba de que si bien este gobierno no tiene ideas para vencer al covid-19, sí las tiene para orientar a la nación por una senda que desea una minoría que no quiere contar con el resto del país.

Para mayor oprobio, hay que señalar que este gobierno de coalición tiene a tres ministros que son magistrados de carrera. 

Esta deriva política no se orienta a reforzar la democracia, sino a terminar con lo poco que queda de ella. Por eso también resulta sorprendente la inacción de la oposición, lo tragan todo y encima presumen de sentido de Estado. No es así, con su actitud silente se hacen cómplices de este atentado contra la nación española. A este gobierno, como ha demostrado hasta la saciedad, le importa un ardite la pandemia excepto en aquello que afecte a su imagen. Le importa el control político de después, aunque ello signifique la muerte y la pobreza de los españoles que sean necesarios, sin son viejos mejor.

El momento de decir basta ha llegado. El poder ejecutivo no puede acaparar al legislativo y al judicial en una democracia, aunque sea tan imperfecta como la nuestra. El instrumento constitucional que se hace necesario es la moción de censura. Todas las que se presentaron con anterioridad, fueron motivadas por situaciones menos graves que las actuales. El PP tiene dos oportunidades de hacerlo, en este periodo de sesiones, VOX tiene una. 

A los españoles les gustara contemplar que es lo que realmente apoyan sus representantes. Muchos opinan que no es el momento, mientras tanto el gobierno no deja de utilizar un instrumento de urgencia como es el Decreto Ley, para acomodar sus propios intereses que nada tienen que ver con los de la mayor parte de los ciudadanos.

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