Cornada grave a Pedro Sánchez en el Congreso de los Diputados

Cornada grave a Pedro Sánchez en el Congreso de los Diputados
José Luis Heras Celemín
José Luis Heras Celemín es autor del libro “El Caso Bankia y algo más… o menos” y Director de Comunicación de la Fundación Emprendedores.

En el Pleno del Congreso de los Diputados se celebraba la Sesión número 229 de la actual Legislatura. Y en ella la Sesión de Control al Gobierno que empezó con tres preguntas al Presidente y una a la Vicepresidenta.

Con seis minutos de retraso, a las nueve y seis minutos de la mañana, el Presidente del Congreso abrió la sesión y dio la palabra a Rosa Díez para que hiciera la primera pregunta. Con ella, como casi siempre, se produjo el encontronazo verbal entre la portavoz de UPyD y el Presidente del Gobierno.

La pregunta “¿Cree usted que los españoles pueden confiar en su palabra? Se sustanció con una respuesta corta y las réplicas de ambos que acabaron con una vuelta a la tortilla. La que le dio Rajoy al acabar: “Quien engaña es usted. No engañe porque si no los españoles no le van a creer nunca”.

Tras el rifirrafe, una de las llamadas preguntas de presencia, las que hacen los que quieren aparecer como presentes por motivos varios. En este caso, el presente era Duran i Lleida, aún portavoz de CIU, que aprovechó el momento para interesarse por “El lugar que ocupa la economía productiva entre las prioridades del Presidente”. Se liquidó con lo que en el lenguaje taurino y en el argot parlamentario se conoce como “una faena de aliño”.

A continuación le tocaba el turno a Pedro Sánchez que, apuntando maneras, cambió sobre la marcha la pregunta formulada (“¿Cómo valora la situación en España tras tres años dirigiendo el Gobierno?”) por una simple afirmación: “Después de tres largos años al frente del Gobierno me gustaría saber qué balance hace de su acción de gobierno”.

Contestó Rajoy tranquilo: “Estamos haciendo lo que debemos”

En réplica, poco a poco, Sánchez se enervó, o “se vino arriba” en argot taurino, con algunas frases agresivas: “Usted ha defraudado”, “Nadie ha hecho tanto por hundir a la clase media como usted”, “en tres años ha triplicado los independentistas en Cataluña”, “…no asume ninguna responsabilidad política por los casos de corrupción”, “a usted no le queda asignatura por suspender”.

Rajoy, parlamentario brillante y con recursos, como un lidiador experto, primero paró (“hemos reducido el déficit público año tras año”), después templó (recordando el trompicón dado la tarde anterior por el PSOE apoyando la propuesta de cambio del artículo 135 de la Constitución, que se acordó a propuestas de Rodríguez Zapatero en el año 2011), a continuación mandó (“las cosas están de una forma medianamente razonables y hay que hacer un esfuerzo y seguir trabajando”), y después se cuadró para dibujar un volapié que no consumó. Lo sustituyó por una frase, de toreros, con semblanza de pase de castigo: “quien está peor es el PSOE, que estaba mejor con Rubalcaba que con usted”.

Con la frase se acabó la disputa. Es la consecuencia del protocolo que concede el último turno de palabra a quien responde. Los aplausos y el jolgorio en la bancada popular sobresalían frente a la preocupación de los de enfrente. Hubo que ver tres veces el vídeo de la sesión para comprobar si el siguiente orador, Antonio Hernando, recibió alguna orden de su jefe de filas. No se notó gesto, seña o palabra que permitiera suponer que lo que vendría después fuera la consecuencia de una orden.

El caso, no inaudito pero sí raro, es que Hernando, aparcó la pregunta que había sido preparada (“Cuáles son las perspectivas del Gobierno respecto al futuro de RTVE”) y acudió en ayuda de su vapuleado Secretario General con una frase improvisada:

-“Está traicionando a los ciudadanos, señor Presidente”.

No hay duda, la intención de Hernando era auxiliar a Sánchez y mostrar solidaridad con el compañero-jefe dialécticamente vencido.

Pero enfrente estaba Soraya Sáenz de Santamaría. Ésta aceptó el aparcamiento del futuro de RTVE y, pinturera, se “echó p´alante”, miró al oponente, e inició la faena: marcando tiempos y una “señoría” a la que en la pronunciación se le notaron dos comas de regodeo.

– “Señor Hernando, qué poco satisfecho ha quedado usted de la intervención de su Secretario General cuando tiene que venir usted aquí a echarle un capote, o una muleta. El problema es que acaba de darle usted la estocada, porque cuando un secretario general de un partido tiene que valerse de los siguientes intervinientes, teloneros, para que defiendan una postura incomprensible,…Lo ha dejado usted, señoría, a la altura del barro.

En réplica, Hernando se centró en la pregunta, sobre RTVE, y recordó una Proposición no de Ley del PP de sólo tres líneas.

Pero a aquellas alturas del debate RTVE quedó en segundo plano. La vicepresidenta argumentó, quizá pensando en televidentes y en trabajadores de RTVE, pero había que “rematar la faena” con un “descabello efectivo”:

– “Pues sí que le ha escocido a usted lo que le he dicho en la primera parte…Le doy un consejo como ex portavoz parlamentaria: aquí hay que aguantar un poquito más la presión y la tensión; y que no se note tanto que le avergüenza lo que dice el Secretario General de su Partido”.

Después siguió la Sesión de Control, con otras preguntas y otros ministros respondiéndolas. Todo el mundo estaba pendiente de las preguntas 21 y 22 que se hacían a la Ministra de Sanidad, Servicios Sociales e Igualdad. Se avecinaba, para el día siguiente, lo que se llamaba “comparecencia de Rajoy por la Corrupción”. El juez Ruz, que investiga el caso Gürtel, había dicho que consideraba que la ministra se “lucró por las actuaciones de su marido”. Y en esas condiciones, no parecía lógico que Rajoy acudiera al debate manteniendo a la Ministra.

Había un arrastre lógico y hasta probable: El de la ministra Mato que, con su dimisión a última hora de la tarde, se convertía en ex.

Pedro Sánchez, cogido, seguiría doliéndose de la cornada que recibió en el Congreso de los Diputados.

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