De la kátharsis griega a la catarsis socialista española en Sevilla

José Luis Heras Celemín
José Luis Heras Celemín es autor del libro “El Caso Bankia y algo más… o menos” y Director de Comunicación de la Fundación Emprendedores.

El vocablo griego kátharsis proviene de la palabra kazarós, que significa limpio y que dio origen a toda la orden de puros o “cátaros” que han existido a lo largo de la historia. Es una bella palabra que, tomada de la medicina, se puso en circulación en la “Poética de Aristóteles” y que ha llegado hasta nosotros manteniendo el sentido ético aristotélico.

Para Aristóteles, la kátharsis es la facultad que tiene la tragedia, como representación teatral, para redimir, o purificar, al espectador, mostrándole las lacras y defectos de unos personajes de ficción que se mueven a la luz de las candilejas, pero sin hacerle sufrir el castigo a que están sometidos esos mismos personajes. Contemplando la representación y participando anímicamente en la trama, el espectador somete a su espíritu a unas conmociones que sirven para purificarlo. Después de la representación teatral, el público comprende mejor la realidad y está en situación de evitar la cadena de decisiones que propiciaron el trágico final de la representación dramática.

Como purgación, o purificación, la catarsis consiste en la liberación del peso de una realidad incómoda y la eliminación de los defectos que lastran y perturban la conciencia o el equilibrio, para dar paso a una situación más propicia. Ahora bien, para que en la tragedia griega la purificación fuera eficaz se necesitaba como condición sine qua non que la víctima sacrificada propiciara el valor de la colectividad que se pretendía salvar y purificar. Porque no tendría sentido alguno la exaltación en el sacrificio de unos despojos que, en vez de purificar, moverían a emponzoñar la realidad y contaminar el futuro.

Actualmente, los espectadores, ciudadanos de unas democracias modernas, en la Hélade helena o en la Iberia carpetovetónica, al contemplar y padecer los infortunios y las adversidades sociales presentes, si pretenden la purificación social usando los métodos aristotélicos, deberán, además de someter a su espíritu a las conmociones que sirvan para purificarlo, sacrificar las víctimas adecuadas y dejar el estamento purgado y en situación de ser reencauzado.

Así lo han hecho en Grecia donde el presidente socialista, Giorgos Papandreu, puso ante el pueblo y la realidad nacional la representación exacta de las desgracias y miserias sociales y humanas que significaría para el país no cumplir con los compromisos europeos. Y para que, viéndolas y entendiéndolas en el sentido aristotélico, los ciudadanos griegos, además de proyectar la frustración personal en sus representantes, propiciaran la kátharsis con el derrocamiento del propio Papandreu y la aparición de un kazarós limpio, capaz de propiciar un devenir heleno dentro del colectivo europeo.

En el caso hispano, el problema socioeconómico, común con el heleno, se ha pretendido solventar excluyendo al despojo que habitaba en la Moncloa y dando paso a la continuidad que significaba el Partido Popular. Pero para que esa continuidad resulte útil para el futuro no basta con que el gobierno cambie de manos. Además es necesario que las fuerzas políticas nacionales estén equilibradas y que en la acción conjunta se imponga un kazarós nuevo. Y ello comporta una catarsis que dé consistencia al PSOE, el partido que ha de lograr el equilibrio con el PP.

Sin embargo, la actualidad socialista española, esperemos que no el futuro, parece empecinada en obviar las desgracias que ha causado y en soslayar una catarsis propia que parece imprescindible. Porque no se ofrece, como en el caso del griego, a un Primer ministro (Papandreu) como la víctima que ha expuesto la realidad ante el pueblo y que se sacrifica. Aquí, y ahora, lo que ofrece el PSOE, a sus conmilitones y votantes, no es una víctima en el ejerció del poder para dejar paso a un kazarós transparente. Lo que se exhibe, y no se sacrifica, es el despojo partidista del pasado y los residuos electorales ya amortizados e inservibles.

Pretender que los segundones de Rodríguez Zapatero, Rubalcaba y Chacón, o Chacón y Rubalcaba, que tanto monta o monta tanto, sean el futuro del socialismo español, se antoja como una triste Reposición Teatral de la última tragedia electoral del socialismo español. En ella, un segundón, convertido en despojo electivo, ya se ofreció como sucedáneo de limpio para ser exhibido, y vencido, en el ágora pública de las urnas.

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