Tiempos de crisis

José Mª Montoto
José Mª Montoto es abogado, miembro del Aula Política del Instituto de Estudios para la Democracia, Vicesecretario de Foro de la Sociedad Civil y Vicepresidente del Club Liberal Español.

“El búho de Minerva inicia su vuelo al caer del crepúsculo”
(G.F.Hegel: Filosofía del Derecho; traducción de Angélica Mendoza de Montero; introducción de Carlos Marx; Ediciones Casa Juan Pablos, S.A; Coyoacán (México), 2004; pág.36)

La verdadera historia de la filosofía política se inicia para la mayor parte de los autores con Platón y Aristóteles, es decir a comienzos del siglo IV a.C., cuando Atenas había dejado de ser ese gran centro de poder en que llegó a erigirse durante el siglo anterior, el denominado “siglo de Pericles”, tras ser derrotada por Esparta en la guerra (o guerras) del Peloponeso. Para Hegel no es extraño que así sucediera, ya que, para él, la filosofía, a la hora de decir “una palabra acerca de la teoría de cómo debe ser el mundo”, llega siempre “demasiado tarde”. La lechuza de Minerva, paradigma y encarnación de la sabiduría, sólo inicia su vuelo, en el mejor de los casos, cuando está a punto de anochecer, si no es ya cuando ha anochecido completamente.

Tal es, en efecto, una constante de la Historia. Las reflexiones más profundas en el terreno de la filosofía y de la política (y no sólo en él, sino también en el de la sociología y, sobre todo, en el de la economía), se dan siempre, como suele decirse, “a toro pasado”, llenándonos de impotencia e inundándonos de melancolía, porque, como dice Joaquín Sabina en una de sus canciones, “no hay nostalgia peor que añorar lo que nunca jamás sucedió”.

Fernando Prieto Martínez, en su Historia de las ideas y de las formas políticas (Unión Editorial, S.A; Madrid, 1990-2005), nos introduce en el estudio de El mundo del Renacimiento (tomo III (Edad Moderna), vol.1 (Renacimiento y Barroco); pág..21) con las siguientes palabras: “Las crisis en la Historia son, entre otras muchas cosas, aquellos tiempos en los que una sociedad se renueva porque deja atrás una serie de elementos que ya no le sirven e instaura otros nuevos que, en definitiva, configuran nuevas formas de vida. Toda crisis comporta conflictos sociales puesto que la sustitución de pautas e instituciones no se realiza sin lucha. Si los materiales nuevos con los que se va a construir la nueva sociedad están ya a la mano de los protagonistas de la crisis, de los hombres que dirigen cultural, económica y políticamente la sociedad, la crisis será menos conflictiva, el proceso será menos doloroso. Estar a la mano se entiende en el sentido de que las novedades se han ido introduciendo a lo largo del tiempo (años, décadas o incluso siglos) precedente, es decir, han llegado a su existencia social tras un largo proceso de maduración y han ido ganando paulatinamente vigencia social. La crisis tendrá entonces un desarrollo lento, pausado, a veces imperceptible para quienes la viven. El proceso de sustitución de la estructura histórica antigua por la nueva supondrá la coexistencia de elementos de aquella en ésta y, consiguientemente, la delimitación de fronteras temporales entre ambas sólo puede hacerse por aproximación. Otras veces las crisis se manifiestan como una súbita explosión de energía social reprimida: son las revoluciones. Su desarrollo temporal es relativamente breve”.

Vivimos hoy tiempos de crisis. Por doquier se nos habla de ella. El reto está en intentar averiguar ante cuál de las dos clases de crisis nos encontramos y tratar de aportar ideas para afrontarla.

De lo que estoy firmemente convencido es de que habrán de ser ideas nuevas, porque son las que exige un mundo nuevo y diferente, y ya sabemos lo que al respecto dijo uno de los más conspicuos pensadores del siglo XVIII: que “un mundo nuevo requiere una ciencia política nueva” (Alexis de Tocqueville: La democracia en América; traducción de Dolores Sánchez de Aleu; Alianza Editorial, S.A; CS-3418; pág.34; Madrid, 2005).

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