Cuando llegue septiembre

Cuando llegue septiembre
Juan Laguna
Promotor y fundador de Tiempo Liberal con actividad política desde la Transición. Funcionario jubilado. Empresario. Productor y dramaturgo. Conservador de Bienes Culturales.

No, no me refiero a la preciosa comedia romántica del mismo título que, en el año 1961 protagonizaron bajo la dirección de Robert Mulligan, Rock Hudson y Gina Lollobrigida, con un inolvidable personaje del mayordomo infiel y tramposo protagonizado por el actor austriaco Walter Slezak y la colaboración del cantante Bobby Darin que popularizó la canción.

Me refiero al, ya presente, mes de septiembre de 2020 donde, pasadas las vacaciones gubernamentales, administrativas y de la sociedad en general, hay que ponerse de nuevo las pilas y darnos cuenta de la derrota que, el navío llamado España, sigue tomando de cara al nuevo curso político.

Con el mes de septiembre nos encontramos (como no podía ser de otra forma) con el “postureo” clásico y publicitario del gobierno de la nación (ya casi perdida), en el que de forma natural colabora el resto de agentes del “sistema”, reunidos en cónclave en la Casa de América; incluso con el “antisistema” Pablo Iglesias, actual vicepresidente y autor del claro calificativo “casta” (eran otros tiempos).

Cuando ha llegado septiembre, comprobamos cómo España sigue padeciendo la peor gestión pública del “Covid-19”. Un virus del que se desconoce casi todo, que ha afectado (y sigue afectando) a amplios sectores de población, cuando no a la totalidad en cuanto a la imposición de medidas cuestionables. Medidas que han echado la responsabilidad en el conjunto de la sociedad y en cada uno de sus individuos sospechosos de querer extender la pandemia.

Es también en septiembre cuando existe la sombra de la destrucción de la precaria economía del país, tanto si es como consecuencia de la pandemia, como si lo es como resultado de intereses que precisan de un Estado fragmentado y una sociedad sometida para el desarrollo de sus proyectos. Es ahora cuando se prevé el cierre de unas 60.000 empresas (ninguna del IBEX, por cierto) y otros miles de autónomos que no tienen la suerte de participar en los saraos del poder.

Pero es también en septiembre cuando la política y su mundo se van a retratar con la anunciada moción de censura de Vox y los apoyos que reciba desde la siempre errónea perspectiva electoral donde los “gurús” mandan. El cese de la portavoz del PP en el Congreso Cayetana Alvarez de Toledo y las dimisiones que no cesan en el también desnortado Ciudadanos, marcan ya por donde irán las cosas. Tampoco en los sectores nacionalistas e independentistas catalanes o en la propia coalición de gobierno parecen estar muy seguros del camino a seguir. Tachada por el Sr. Bal de “inútil”, objeto de burla por el PP (que se ve ya retratado con ella) y ninguneada desde el gobierno, parece al menos ser algo de aire fresco, aunque sea testimonial, en la vida política española. Nos jugamos con ella el seguidismo del pensamiento único totalitario que nos imponen o las ya escasas libertades individuales.

Sería en septiembre también cuando la actividad escolar y académica debería reanudarse sin saber todavía cómo y cuando hacerlo (algo muy difícil en una sociedad aterrorizada y sometida a un pánico general), con lo que se preferirá seguir el consejo genérico de evitar lugares de concentración de personas para a su vez evitar el contagio (todo acto colectivo, cualquiera que sea su índole, lleva consigo la movilidad de personas y la interacción entre ellas con el riesgo correspondiente). La pérdida de curso en esta “nueva normalidad” parece haber quedado en esas cosas del baúl de los recuerdos porque, al fin y al cabo ¿existe mucho interés en una sociedad formada o es preferible mantener los grados de ignorancia y consiguiente manipulación doctrinal desde las televisiones domésticas? (es una de las máximas aspiraciones de los poderes que rigen el mundo con aspiraciones totalitarias).

Cuando ya estamos en los primeros días de septiembre, seguimos viendo con alarma cómo las maniobras de distracción y propaganda sustituyen a los proyectos rigurosos políticos que, no nos engañemos, han sido bastantes escasos entre la clase o “casta” que nos gobierna y nos ha gobernado todos estos años. Todo se enmascara tras rimbombantes y grandilocuentes términos vacíos de contenido real: transición ecológica (un disparate de entrada pues, como ya hemos dicho, la ecología está inserta en la Naturaleza y sus transformaciones), “resiliencia”, “lucha contra el cambio climático”, “feminismo” y sus adherencias LGTBI, “digitalización” (un burro digitalizado sigue siendo un burro), etc., etc. Ni una palabra sobre lo que todo ello significa en las personas que lo sufrirán, tanto en sus economías particulares, como en sus impuestos.

Y, finalmente, cuando septiembre está encima, esto no parece dar más de sí desde el punto de vista de la inseguridad jurídica e incertidumbres sociales que se avecinan. Una sociedad “cosificada” desde el punto de vista utilitario al servicio de “poderes lejanos”, una sociedad anómica, donde las ilusiones de antaño se han convertido en duras realidades de hogaño, una sociedad abocada a más de los mismo y a una nueva vuelta de tuerca de sus libertades, una sociedad manipulada e instruida solamente desde las sombras de la caverna, no tiene muchas posibilidades de volver a ser ella misma. No a menos de que se atreva a buscar la realidad de la luz.

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