Arrimadas en Jefe

Inés Arrimadas en 2015
Carlos Miranda
Carlos Alonso Miranda y Elío, V conde de Casa Miranda, es un diplomático español Licenciado en Derecho, que fue Embajador de España en el Reino Unido desde julio de 2004 hasta 2008 y Embajador Representante Permanente de España en el Consejo de la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN) desde julio de 2008 hasta su cese en febrero del 2012.

Mi bar favorito ha inaugurado terraza. Situado en una calle estrecha, el alcalde le ha otorgado, como a otros locales, un espacio de acera ganado a costa del aparcamiento en batería de los coches. Evaristo y yo decidimos probar esta terraza decorada con un mobiliario de bambú, plantas frondosas y una espesa moqueta verde, todo instalado por ANDREA y SAM.

Casado sigue desoyendo la voz de la sensatez, señala Evaristo, tras comprobar que los dos androides conservan su facultad de predecir correctamente lo que deseamos tomar. No quiere pactar los presupuestos ni acordar con el Gobierno la renovación del Consejo del Poder Judicial y del Tribunal Constitucional.

—Sin embargo, señaló, hay que seguir exigiéndoselo porque sería mejor para España. Sin embargo, lo más probable es que se apruebe un presupuesto condicionado por la batuta de Arrimadas.

—Sin duda, reconoce mi sobrino. Sin embargo, los condicionamientos son más complejos porque Arrimadas podrá permitir, o no, que con su varita centrista surjan unos presupuestos que define como “moderados”, pero éstos tendrán que respetar la ortodoxia económica de Bruselas.

—Es así, concedo. Ello contradecirá bastantes pretensiones de Iglesias. Su demagogia revolucionaria es, económicamente, ineficaz como tantas revoluciones han evidenciado.

“Cuanto más ladra, menos muerde”, sentencia SAM, sin cariño alguno, mientras vuelve de limpiar una mesa.

—La debilidad de Iglesias, interviene Evaristo, solo le permite desgranar posibilidades presupuestarias que no verán el día. No obstante, no dejará el Gobierno.

—Abandonar ahora a Sánchez sería un fracaso, preciso, y podría conducir a un gobierno más a la derecha o a unas elecciones que igual podrían favorecer una mayoría conservadora. Iglesias no puede permitirse asumir la correspondiente responsabilidad. Está encerrado, sin poder confesarlo abiertamente.

“Sin embargo”, interrumpe ANDREA mientras deja en nuestra mesa unos montados sofisticados, “tiene propuestas progresistas que no son desdeñables”.

—Saldrán adelante, respondo, siempre y cuando Calviño, Montero (María Jesús) y Arrimadas las acepten y si respetan las reglas de la Unión Europea para recibir los oportunos fondos.

Arrimadas cobra así un gran protagonismo a costa de Casado que se echa a un lado por mantener una falsa virginidad opositora, afirma Evaristo. Haría mejor en considerar la unidad que necesitamos en una circunstancia adversa y excepcional.

—En efecto, le respaldo. Los presupuestos saldrán adelante porque Arrimadas recupera el papel bisagra que Rivera abandonó, sumando Sánchez, asimismo, el apoyo, costoso, del PNV. Ambos aprovechan la ausencia del PP en los pactos.

—Casado señala, observo, que no ha visto el borrador de los presupuestos. Los demás, tampoco, pero intentan ser constructivos. En realidad, este pretexto le permite tanto justificar su negativa ahora como modularla, eventualmente, más adelante.

—Sin embargo, señala Evaristo, los empresarios, la mayoría votantes del PP, apoyan unos presupuestos que permitan absorber las ayudas y préstamos de Bruselas, que no son gratis, pues su respaldo solidario nos incluye como deudores. Si Casado se opone a estos presupuestos, no podrá rentabilizar la distribución del “maná”.

—En efecto, asiento. Para poder sacar adelante su propuesta de agencia apolítica distribuidora de estos fondos tendría que apoyar unos presupuestos cuyo contenido, eso sí, debiera de influir.

—Ahora, señalo, se encargarán de la distribución Sánchez e Iván Redondo desde La Moncloa, ampliando su red clientelar.

—También está la otra razón aducida por Casado, recuerda Evaristo: la presencia de Podemos en el Gobierno.

“Esa es la condición imposible”, afirma ANDREA, de vuelta de servir una mesa.

—Es verdad, concede Evaristo, pero, como los políticos mienten más que hablan, Casado siempre lograría justificar un cambio de postura. Lo que pasa es que tanto Casado como Sánchez están cómodos con su enfrentamiento, aunque sea a costa del bien común y harían lo mismo si la situación fuese al revés como ya vimos con el prehistórico “no es no” cuando Sánchez, en la oposición, no deseaba facilitar la gobernanza de España.

“Solo ven hasta la punta de su nariz”, concluye SAM, al devolver el cambio mientras mi sobrino y yo nos marchamos.

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