Bofetada al Gobierno, y a la banca

«Soy mayor, no idiota. Se trata de recuperar la atención humana de la banca. El jubilado Carlos San Juan entregó ayer en la sede del Ministerio de Asuntos Económicos y Transformación Digital 600.000 firmas para mejorar la atención de los bancos a la tercera edad. En la imagen, con la vicepresidenta Nadia Calviño. Año récord para la banca, El Mayor beneficio alcanzado desde la crisis financiera choca con el malestar de sus clientes menos digitalizados.»

Nadia Calviño y Carlos San Juan
Por
— P U B L I C I D A D —

Las anteriores, noticia de portada con fotografía en 20 minutos hoy y editorial de El País ayer, exponen una realidad que afecta a los usuarios de los bancos, no sólo a los jubilados. Ambos cuestionan, con la responsabilidad del Gobierno, la actividad de la banca. Por casualidad o buscada, la presencia del jubilado San Juan fue usada por Calviño, en las puertas de su ministerio, para disimular en televisión la puesta en cuestión de la responsabilidad de un gobierno que, con la que está cayendo y los medios que tiene, de repente y porque un jubilado va a un ministerio, se da cuenta de una realidad que afecta a todos y que ha producido, con colas ante las sucursales bancarias, perjuicios a usuarios y más de un problema. La pregunta apetece: ¿el Gobierno no se enteraba? La respuesta fastidia.

Aunque mal, Calviño intentó recomponer la imagen de un Gobierno que, por lo visto, ha permitido que los usuarios de los bancos deban someterse a su dictado, en contra de usos y costumbres. Alguno de estos, Banco de Santander y Abanca, han tratado de paliar el despropósito ampliando el horario de caja y la atención a personas mayores hasta las dos de la tarde. Maquillaje en el ministerio y parches para retocar la imagen de la banca, despótica y muy cara. Era momento y ocasión para que la Asociación Española de la Banca (AEB) intentara recomponer la imagen de los bancos. Desde su creación en 1977, presume, “ha estado comprometida con el desarrollo del sistema bancario español y con la contribución del mismo al crecimiento económico del país”, y “ofrece un foro de intercambio de información y mejores prácticas, así como de discusión de iniciativas legislativas y de coordinación de posiciones comunes, las cuales son defendidas frente a las contrapartes relevantes, tanto nacionales como internacionales”

Era momento para que la AEB entrara en el asunto; y hubo ocasión para que su Presidente, José María Roldán, tratara de conjugar los intereses de los clientes de los bancos con las normas que se aplican contra ellos. El tema, tomado a vuelapluma, se planteó sin sutilezas: Un jubilado valenciano contra la banca ¿Cree que son fundadas sus quejas?, ¿las medidas anunciadas pueden ser un maquillaje para salir del trance? A pesar de su experiencia, Roldán lleva en el cargo casi ocho años, el interpelado desvirtuó la realidad. “Me alegra la pregunta porque es el tema del momento”. El problema existe, pero es distinto al que suponíamos. Teníamos un protocolo con dos aspectos, formación digital de los empleados de la banca; y formación digital de los mayores, formaciones, ambas, que exigen presencialidad para el aprendizaje. Los problemas de los jubilados son consecuencia de la realidad digital que afecta a sus relaciones con todos, primero con la administración y en tercer lugar con los bancos. En España, con competencia de mercado, tenemos el doble de las sucursales bancarias que hay en Europa. No es solo el sector bancario, vamos a presentar un protocolo para los mayores que no pueden usar los medios digitales.

Hasta ahí transigió. Después mezcló temas y asuntos. Hasta la lectura de un mensaje en el teléfono mientras combinaba todo: Pandemia, Reparto de fondos europeos por la banca. Interés negativo. Repunte de la inflación. Subida del SMI. Banca en la revolución del cambio climático. Desequilibrio competitivo. Fusiones bancarias. Venta de CUNEF. Efecto en la cuenta de resultados de La Sareb. Hasta la butade estúpida, absurda e irrespetuosa para los clientes de la banca. “Soy de Teruel, y en Teruel sigue habiendo bancos, pero no otorrinos”, que dio paso al final preconcebido sobre el que construyó su devaneo: Es imprescindible conseguir la digitación de clientes y trabajadores.

Con ello, el presidente de la AEB, como la vicepresidenta Calviño antes, despachó, sin solucionar, el problema que tienen los clientes de los bancos. En consecuencia, si el pueblo no impone gobiernos capaces para solucionar el problema, no queda más que avenirse a la imposición que tolera el Gobierno, y la digitación que aplica la banca.

Por lo visto, la bofetada al Gobierno y a la banca, que anunciaba la prensa, de momento, no la reciben, Ambos, con Calviño y Roldán, la rechazan. Nos la devuelven, a jubilados y a todos.

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