Ante los conflictos del siglo XXI

Ante los conflictos del siglo XXI
Juan Laguna
Promotor y fundador de Tiempo Liberal con actividad política desde la Transición. Funcionario jubilado. Empresario. Productor y dramaturgo. Conservador de Bienes Culturales.

Con este título se celebraban los pasados días 24 y 25 de marzo en el Centro de Estudios Políticos y Constitucionales, unas jornadas subtituladas “Construyendo la Paz” en las que participaban el Instituto Español de Estudios Estratégicos del Ministerio de Defensa y el Instituto Complutense de Mediación y Gestión de Conflictos, patrocinador y organizador respectivamente de las mismas.

Como ponente invitado el Profesor Johan Galtung, con amplia experiencia internacional como mediador de conflictos, abría las jornadas con la conferencia “Las violencias del siglo XXI. Propuestas de soluciones” refiriéndose en primer lugar al conflicto en Oriente Próximo con el llamado IS como protagonista, al que calificó como el “sueño del califato”, que los sunníes vienen apoyando desde hace tiempo como una recuperación de su identidad islámica y el gran error que supone enfrentarse a ellos en lugar de negociar y tratar de conciliar intereses. En éste sentido consideraba la coalición contra el IS como una forma de “construir inseguridad”. Una inseguridad que parte del diseño artificioso (en su día) de Irak como estado, de su destrucción con el falso motivo de las supuestas “armas de destrucción masiva” y la exigencia de venganza por ello, que ha traído consecuencias terribles, preconizando como posibles soluciones las siguientes: negociaciones y creación de un círculo defensivo (no ofensivo) para evitar la espiral de violencia en que se ha entrado en la división falsa y simple de “buenos” y “malos”.

En segundo lugar, habló del conflicto en Ucrania y de sus posibles consecuencias en el difícil equilibrio de fuerzas entre Europa Occidental y Europa Oriental, que pudiera romperse ante la posible incorporación de Ucrania a la OTAN, cuestión que, como es lógico, no consentiría Rusia con un presidente en la cota más alta de su popularidad . La analogía más inmediata nos llevaba a recordar la crisis de los misiles en Cuba donde EE.UU. tuvo que adoptar medidas contundentes. El problema es que la situación, tal como está, puede derivar en un conflicto cuyas consecuencias no son previsibles y donde, de nuevo, es preciso la conciliación y el diálogo antes que medidas de otro carácter desde el entendimiento mutuo.

Pasó en su intervención sobre el conflicto en Afganistán, la situación en Israel y la necesidad de impulsar soluciones para esa zona tan sensible del Oriente Próximo, basadas en algún tipo de organismo común para federar a los distintos estados sin perder las identidades propias, tal como se ha hecho con la propia UE. En todo caso, como medida de lograr unos acuerdos de garantía para la estabilidad de la zona. La Liga Arabe debería ser el punto de encuentro donde dirimir conflictos entre vecinos como el más reciente entre Arabia Saudí y Yemen a partir del último atentado.

El profesor Galtung, con su experiencia, advertía asimismo del papel de beligerancia bélica de algunos países con respecto a otros y de los cientos de intervenciones militares desde la última Guerra Mundial que han afectado a millones de personas en forma de muertes o desplazamientos obligados.

A continuación y como contrapunto a la intervención del profesor Galtung, le tocó el turno al representante del IEEE, quien intentaría con su conferencia “La cultura de seguridad. La sociedad contra la violencia”, convencer a los asistentes (una amplia mayoría de estudiantes de Ciencias Políticas) de la necesidad de esa “seguridad” como garantía de la paz, justificando las intervenciones del mundo civilizado en países que no se ajustan al “modelo internacional” (evidentemente se estaba refiriendo al IS y a la cultura islámica) en “la búsqueda del progreso y la seguridad en todos los pueblos”. Su modelo piramidal contenía tres palabras: “convencer” en la base, “impulsar” más arriba y “forzar” en la cúspide. Todo en aras de la supuesta seguridad mundial sin tener en cuenta cultura, religión o tradiciones diferentes. Esta tesis sería cuestionada por varios estudiantes por tratarse de una forma de imposición unilateral, y el profesor Galtung, —con cierto humor y desde el respeto—, reprochó al ponente en la mesa redonda final “el haberse quedado atrasado en el tiempo” en referencia a la época de la “guerra fría”.

Otro tipo de conflictos no bélicos, pero a veces más dañinos, fueron aportados por la periodista especializada Dña. Mabel González Bustelo, refiriéndose al trasfondo del hambre, la miseria, la enfermedad y el delito en muchos países que, formalmente, no constan como en situación de conflicto, pero que ocasionan en sus sociedades miles de muertos todos los años, con especial referencia a la violencia en Hispanoamérica, propiciada por el crimen organizado y los cárteles de la droga.

Nos encontramos pues ante un horizonte de construcción de paz desde dos puntos de vista diferentes: el político (negociación) y el militar (imposición) que van a acarrear no pocos quebraderos de cabeza en los próximos tiempos, teniendo en cuenta cómo las políticas de pactos o apoyos también son efímeras y, sobre todo, interesadas. Basta recordar cómo no hace mucho Siria o Irán aparecían cómo enemigos y cómo ahora pueden ser unos aliados en la lucha conjunta contra el IS. Cómo gobiernos tradicionalmente aliados —como Israel o la propia Arabia Saudí—, empiezan a verse con otros ojos y se considera seriamente la existencia de un estado palestino. Cómo otros grandes bloques pueden también participar en el juego del poder mundial en base a sus recursos naturales, humanos y técnicos o su potencial financiero. Cómo en Hispanoamérica o en África puede forjarse alianzas comunes y cómo la UE puede consolidarse finalmente sin perder por ello las identidades propias. El tablero de conflictos está servido y sólo el respeto recíproco puede aclarar malentendidos, establecer acuerdos y compromisos donde la paz sea lo más importante.

Tenemos recursos suficientes para atender las necesidades básicas de las personas y erradicar los principales problemas que afectan sus vidas: alimentos, agua, vivienda, vestido, sanidad y educación en cada contexto cultural. Los pueblos no progresan a golpes de imposición, sino por propia evolución y convencimiento. Es la paz lo que transmite seguridad, no al revés como pretenden algunos. Una paz construida entre todos y para todos, sin otro interés que la convivencia de pueblos, razas y culturas formados por seres humanos. ¿Seremos capaces de hacerlo?

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