No basta con refugiar

Marta Pastor
Periodista y poeta de Madrid, directora y presentadora de "Ellas Pueden" de Radio 5.
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Una fecha para no olvidar: 15 de agosto de 2021. Desde ese día los talibanes han tomado el control en Afganistán. Con la salida precipitada del presidente Ashraf Ghani quedó desmantelado el gobierno y empezó a imperar una situación de terror y miedo generalizado. Después a los pocos días la rama afganistaní del ISIS hizo estallar varias bombas que segaron la vida de más de 100 personas y dejaron un reguero de heridos en el aeropuerto de Kabul. 

20 años han pasado desde que Estados Unidos y los países aliados iniciaran una guerra contra el terrorismo como respuesta a los atentados del 11S en las torres gemelas, y con esa intervención se puso fin al régimen imperante entonces en Afganistán y a sus políticas radicales, que bajo el paraguas de una interpretación muy “suigeneris”, y en algunos casos inventada, de la religión islámica han tenido sumido al país en una situación prácticamente dantesca, situando a las mujeres totalmente fuera de los derechos fundamentales.

En este periodo de tiempo las mujeres tuvieron que ir totalmente cubiertas por el burka, no podían reír, ni salir de casa sin la compañía de un varón, existía el delito de adulterio penado con la muerte en plaza pública, en definitiva de 1996 hasta 2001 las mujeres dejaron de existir como personas y sujetos de derecho, aplicándoles castigo en caso de desobediencia a estas, vamos a llamarlas leyes, con penas terribles.

Por supuesto dejaron de tener acceso a los libros, a la formación, a la música, a la cultura, a la ciencia, mujeres apartadas del trabajo, de todo y de todos, sometidas a los criterios ultra religiosos de los mullah y cuyas propias familias denunciaban si se saltaban alguna de estas normas. En definitiva, en este periodo donde los talibanes tuvieron el poder convirtieron a la mujer afgana en una esclava, esclavas invisibles y recluidas.

Sin embargo con la caída del régimen talibán en 2001 los derechos de las mujeres se fueron recuperando, desde luego no de una manera plena como lo entendemos en occidente, pero las niñas tuvieron otra vez el acceso a la educación, las mujeres pudieron volver al médico, fijaros al médico, un derecho que antes no tenían salvo que un varón de la familia lo autorizara, empezaron también a acceder a la universidad, a la cultura, a la ciencia, y la vida política y social del país, con 20 vicegobernadoras sociales en distintas provincias, una gobernadora y 4 ministras. Volvieron a regentar negocios y empresas, volvimos a ver en ese país juezas, deportistas, militares, abogadas, en definitiva, volvieron a la vida libre. 

Pero ahora ya no es así, desde el 15 de agosto en Afganistán, un país a unas horas de avión de España, las mujeres volverán a la categoría de esclavas, con un régimen que hará de ellas objetos sometidos por el miedo. Esto es muy fuerte, piensen que van a dejar otra vez de ser personas.

Me gustaría que, por un momento, te pararas a pensar que tu fueras una de ellas, que de un día para otro tuvieras que dejar tu trabajo de periodistas, abogada, cajera o enfermera por poner un ejemplo y te cubrieran de pies a cabeza y te encerraran en casa, y de despojaran de tu libertad para hacer o no hacer, elegir una cosa u otra, leer, estudiar, reír, en definitiva, vivir. O imagina que eso le estuviera sucediendo a tu hija, si esa hija que llevas año viéndola crecer libre y que ahora vas a tener que recluirla contigo y quitarle todos los derechos, que vas a cercenarle su futuro como ser libre. Yo, personalmente, cada vez que lo pienso siento verdadera angustia.

Desde luego es importante que trabajemos para que aquellas mujeres que quieran abandonar Afganistán puedan hacerlo, pero eso solo es un parche. Es obligación de feminismo internacional poner todo nuestro empeño para que los gobiernos democráticos occidentales trabajen con verdadero ahínco en recuperar un Afganistán libre para sus ciudadanos y sus ciudadanas. No vale solo con refugiar. No podemos permitir que existan lugares en la tierra donde una mujer se convierta de un día para otro en un ser de segunda categoría, sometidas por el terror y el miedo a cualquier atropello de sus derechos fundamentales. No, no podemos permitirlo.

1 Comentario

  1. “Trabajar para que las mujeres que quieran abandonar Afganistán puedan hacerlo…” Magnífico deseo de libertad que incluye también a los hombres. Es más… ¿trabajemos para que todas las fronteras cerradas con la excusa de la pandemia puedan abrirse? ¿queremos libertad o seguridad?
    Su artículo generaliza una situación que se resume en cuántas mujeres afganas quieren abandonar su tierra, sus familias e incluso a sus hombres….. Respuesta difícil para hacerlo desde nuestro mundo occidental y sobre todo sin conocimiento real de cómo se vive o cómo quiere vivir una sociedad de raíces tan diferentes a las nuestras. Por eso ha ocurrido todo.
    En todo caso siempre es de agradecer un artículo que nos lleve a reflexionar más profundamente sobre las libertades en el mundo.
    Un cordial saludo.

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