Un loco al volante

Un loco al volante
Carlos Miranda
Carlos Alonso Miranda y Elío, V conde de Casa Miranda, es un diplomático español Licenciado en Derecho, que fue Embajador de España en el Reino Unido desde julio de 2004 hasta 2008 y Embajador Representante Permanente de España en el Consejo de la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN) desde julio de 2008 hasta su cese en febrero del 2012.
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¡¿Qué otra cosa podemos decir de Trump, Presidente hasta el 20 de enero próximo?! El New York Times informaba el lunes pasado sobre una reunión en el despacho oval de la Casa Blanca en la que Trump estaba dispuesto a tomar unas medidas bélicas con relación a Irán que bien podrían escalar en un conflicto incontrolable. Estuvieron presentes, entre otros, Christopher Miller, sustituto provisional del Secretario de Defensa, Mark Esper, recién despedido por haberse negado a utilizar tropas americanas en los EEUU para beneficio político de Trump; Mike Pence, Vicepresidente; Mike Pompeo, Secretario de Estado; y el Jefe del Estado Mayor militar conjunto. Esta reunión ha puesto en evidencia aspectos negativos y positivos.

Lo negativo es el ánimo destructor de Trump, dispuesto a que tengan que echarle de la Casa Blanca. Ya ocurrió en 1801 con John Adams, segundo Presidente y primer inquilino de la residencia presidencial. No asistió a la toma de posesión de su sucesor, Thomas Jefferson, y sus pertenencias fueron sacadas sin miramientos del edificio. Adams no estaba, como Trump, en condiciones de iniciar guerras cuyo único objetivo sería el de mantenerse en el poder mientras dure el conflicto o, más bien, para emponzoñarlo todo antes de que llegue Biden. El magnate suele comportarse como un niño mimado que rompe sus juguetes cuando sufre contrariedades. Lo dramático es que estos gestos incrementan, tras las elecciones, la división del país y la resistencia de aquellos de sus partidarios que prefieren vilipendiar al próximo Presidente. 

Este loco al volante desordena el Pentágono alterando caprichosamente el control político y civil de la maquinaria militar; retira tropas de Afganistán e Irak justo antes de que llegue el nuevo Presidente; echa a su propio responsable de seguridad cibernética por admitir que Biden ganó las elecciones limpiamente; se niega a reconocer la evidencia de su derrota y la necesidad de un traspaso ordenado de sus responsabilidades a la nueva Administración. Estas semanas convendrá abrocharse bien el cinturón de seguridad…

Sin embargo, hay, asimismo, aspectos positivos en esta problemática planteada por un irresponsable acurrucado con su mechero junto a la bomba: el conjunto del sistema democrático estadounidense no se deja impresionar por esta rabieta. La seguridad de Biden está ya siendo asegurada como “Presidente elegido”, con normas más estrictas que como candidato, y otros procedimientos del relevo están ya automáticamente en marcha sin esperar a decisión alguna de Trump. Sin embargo, quedan sueltos cabos importantes para proceder a una transmisión ordenada de la antigua Administracion a la nueva. 

Los interlocutores de la mencionada reunión en el despacho oval se opusieron a la sinrazón y, asimismo, cuando luego se enteró, el Jefe de la mayoría republicana en el Senado, Mitch McConnell. Algo importante, porque el Senado es fundamental en la política exterior norteamericana y otras cuestiones de política interior y dado que, salvo un milagro en la elección de los dos senadores de Georgia a principios de enero, se mantendrá la mayoría republicana en el Senado, Biden tendrá que pactar muchas cosas con McConnell (se conocen del Senado desde hace décadas) y atraer a Senadores republicanos moderados a las tesis presidenciales.

Hasta el 20 de enero, los EEUU estarán andando sobre un cable de funambulista, pero sus estructuras democráticas no permitirán el salto al vacío. Mientras tanto, los aliados occidentales mantendrán la respiración, apoyarán al Biden por venir (con prudencia para no provocar al chiflado) y se prepararán para una presidencia americana más sensata, aunque no drásticamente diferente en ciertos de sus contenidos tras cuatro años que no han pasado en balde. El retorno al pasado de Obama no será pleno si bien la relación transatlántica mejorará.

Las sirenas de los coches de policía pararan al energúmeno antes de que logre meterse a contrasentido en la autopista. Inquieta que en los EEUU puedan ocurrir estas cosas, por su entidad mundial y liderazgo. Pero, de todo hay en la viña terrestre, hasta aquellos que se alegran por la actitud de Trump porque ello enturbia las aguas donde algunos gustan de pescar.

1 Comentario

  1. Vamos a ver Sr. Miranda: Los “locos al volante” han sido los sucesivos presidentes de EE.UU. anteriores al Sr. Trump empeñados en salvar al mundo y promotores de conflictos y guerras en el ancho mundo.
    Los “locos al volante” fueron los que renunciaron a las economías reales (Kissinger, otro iluminado) que desmontaron y deslocalizaron una parte importante de la industria de EE.Uu. dejando al país en situación de quiebra, de la que se ha salvado gracias a las políticas del Sr. Trump.
    Los “locos al volante” han sido y siguen siendo los que en esa iluminación distópica e infantil del nuevo orden mundial, juegan con las personas de carne y hueso como si fueran simples peones eliminables.
    Los “locos al volante” son todos aquellos empecinados en no reconocer más que la verdad del NYT y otros medios de comunicación en sus posicionamientos interesados (supuestamente “progres”) negándose (son negacionistas de verdad) ante las evidencias y la realidad.
    El mundo de los librepensadores es contrario al mundo de lo sectario acogido a los dogmas oficiales.
    Un cordial saludo.

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