Política y función pública

Política y función pública
Jesús de Dios Rodríguez
Fundador del Club de Debate ALETHEIA. Actualmente jubilado. Empresario Import-Expot Sector Servicios. Titulado en Desarrollo y Dirección de Empresas en el IESE (Universidad de Navarra). Titulado en Dirección de Marketing en ESADE. Participó activamente en Política en los años 1986 a 1992. Perteneció al CDS, siendo presidente de la Ejecutiva de Majadahonda.

Cuando se hace mención sobre el colectivo de funcionarios se comete el error de generalizar la crítica sobre el funcionariado en general. Convendría analizar y matizar sobre esta injusta generalización. En primer lugar, habría que puntualizar que existen varias categorías en el funcionariado. Están los de grado de formación medio y los que después de una larga carrera universitaria deben superar una dura y competitiva oposición, de la cual pasan el corte un limitado número de opositores. Una vez incorporados a sus destinos deben cumplir debidamente con las exigencias del cargo, donde deben responder escrupulosamente con sus obligaciones bajo pena de sanción de no hacerlo de acuerdo al reglamento interno. En la mayoría de los casos su progresión y proyección en la carrera están totalmente relacionadas con los méritos conseguidos en el desarrollo de la misma.

Otra vía de acceso es la de las personas que son contratadas temporal u ocasionalmente para cubrir las vacantes necesarias como personal interino. Esos puestos, pasado el tiempo, si no son ocupados por personal que ha obtenido su plaza en propiedad, siguen siendo ocupados por personal interino o bien, según los casos, adquieren la condición de funcionarios.

La vida laboral del funcionariado está determinada por ley y una vez cumplida esta, pasan al estado de jubilación obligatorio, donde se les retribuirá según el tiempo y la base de cotización durante su vida laboral.

Y otra, es la que está formada por esa pléyade de políticos que acceden como consecuencia de su designación por la ciudadanía al formar parte de las listas electorales y que son elegidos para dirigir los destinos de nuestro país, gozando de grandes ventajas de todo tipo. Su vida profesional va girando según las legislaturas que aguanten, van pasando por los distintos organismos (Ayuntamientos, Comunidades, Senado y Congreso) para ya a la vejez terminar en Europa como premio por su fidelidad y trayectoria, que no cualquier ciudadano logra conseguir a través de su vida laboral y profesional. No tienen fecha de caducidad laboral, parece ser sean incombustibles.

Como consecuencia de los anteriores, están luego esa legión de asesores elegidos a dedo, que cada cargo necesita para enterarse de qué va la cosa, cargos onerosamente remunerados y de una extraordinaria influencia y proyección. También hay que atender a todos esos compromisos que conlleva el cargo y que además pasaran a ser personal de confianza. Sin obtener la categoría de funcionarios, pasan a formar parte de las administraciones.

Cuando se habla en términos estadísticos del suelo de los partidos en votos, nos podemos hacer una idea de la cantidad de agradecidos que fielmente dependen ideológicamente de unos colores. La política como profesión es el sistema donde con más facilidad se consigue triunfar (también son numerosos los fracasos) según tu capacidad de aguante y ambición y, hasta en algunos casos, moralidad y puedes, como resultado, ocupar puestos de relevancia. Los cargos políticos, según el rango que obtienen, disfrutan de inmunidad absoluta, no tienen fecha ni edad determinada de jubilación y sirven lo mismo para un roto que para un descosido.

Deberíamos tener claro, que la política es una actividad orientada en forma ideológica a la toma de decisiones de un grupo para alcanzar ciertos objetivos. También puede definirse como una manera de “ejercer el poder”, con la intención de resolver o minimizar el choque entre los intereses encontrados que se producen dentro de una sociedad.

Actualmente somos testigos mudos del nivel de agresividad empleado por estos cargos públicos, del amplio y variado repertorio de insultos y descalificaciones que profieren continuamente, de su negación más absoluta para el diálogo… En resumidas, somos testigos de su ambición desmedida y salvaje con el único propósito y fin de conseguir el poder al precio que sea, sin mirar las consecuencias que a ello lleven esas actitudes nada democráticas, para las cuales se ofrecieron y por tal motivo fueron votados.

La consecuencia de estas actitudes no ha tardado en aparecer. La falta de atención hacia los problemas hace que estos se hayan ido acumulando. Las consecuencias de estas políticas ha erosionado profundamente la convivencia y ha provocado peligrosamente la división en la sociedad, provocando el grave riesgo de que esta radicalización de posturas pueda conducir a un nuevo enfrentamiento en parte de la sociedad. Esta irresponsable forma de hacer y entender la política está haciendo cada vez más complicado el salir de este negro agujero en el que nos han ido metiendo estos políticos del tres al cuarto, incapaces de ofrecer soluciones que alumbren el camino a seguir.

Y yo pregunto ¿cómo es posible que nos hayamos dejado embaucar por esta fiebre libertaria?, ¿qué esperábamos de estos personajes y de sus falsos programas?, ¿qué criterios nos han llevado a creer en toda esta historia sin reparar en las consecuencias a las que nos enfrentaría?, ¿tan poco hemos aprendido durante estos años de democracia?, ¿de qué nos ha servido tanta literatura aprendida? No hemos sabido darnos cuenta a tiempo de la operación que había trazada ya hacía décadas para beneficio de una clase privilegiada y que terminaría por situarnos en la encrucijada en la que estamos inmersos. ¿Vamos a seguir cayendo torpemente en el enfrentamiento en el que, para sus fines y beneficio, esta estirpe de mercaderes nos ha metido?

Demasiadas interrogantes que deben ser respondidas, reflexionadas, uniendo esfuerzos y criterios de una forma independiente en busca de soluciones, buscando nuevos caminos, nuevas formas y modelos que nos lleven a la unidad necesaria que nos permita generar un sistema justo que garantice un espectro democrático real, de auténticos valores, de justicia y libertad, de igualdad de oportunidades para todos sin excepción. Que el legado que dejemos sirva para garantizar un fututo de bienestar a las generaciones actuales y venideras. Se lo debemos. Llegado hasta aquí, nos debemos una explicación, la realidad de lo que ha sido nuestra reciente historia, la verdad vista sin pasiones, con la madurez y la perspectiva que dan los años vividos, con sentido común y generosidad, garantiza que el tiempo restante que nos queda a muchos de los que contribuimos (ingenuamente muchos) a todo este proyecto, traicionado tantas veces, nos permita llevar esa trayectoria vital con la dignidad y tranquilidad que nos hemos ganado con nuestro esfuerzo y lucha incansable.

Queremos y exigimos soluciones a todos estos desmanes que se han generado, que tengan la vergüenza y la dignidad de ponerse de acuerdo para desarrollar un verdadero proyecto de futuro que transmita tranquilidad y genere la ilusión en la sociedad para afrontar con optimismo el negro futuro que nos envuelve.

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