Hacia el fin abrupto del sueño americano

Hacia el fin abrupto del sueño americano
Pedro González
Periodista, experto en Política Internacional. Fue director de Redacción de Euronews y fundador del Canal 24 Horas de TVE.

Con 22 millones de parados más a causa de la pandemia del coronavirus, el presidente norteamericano, Donald Trump, ha encontrado la mejor excusa para relanzar su famoso eslogan de su primera campaña electoral, ‘America First’, emblema que también resume su repliegue nacionalista, cancelando de paso de un plumazo la grandeza de un país contemplado como la encarnación más aproximada en la tierra del paraíso, eso que se conocía como el sueño americano. 

Como en él es habitual, Trump utilizó un tuit para anunciar su intención de “suspender temporalmente” toda inmigración a Estados Unidos. El texto, lanzado a las 04:06 de la madrugada de este martes (hora española), califica al coronavirus de “Enemigo Invisible”, y justifica anticipadamente la medida en la necesidad de proteger los puestos de trabajo de los “GRANDES ciudadanos americanos”, sí, con todas las mayúsculas. 

Este movimiento constituye a todas luces una operación política de marcado tinte electoral, justo cuando las relaciones entre la Casa Blanca y no pocos gobernadores de los estados que componen la Federación se han encrespado. Trump exige el inmediato levantamiento del confinamiento y la recuperación de la actividad económica en todo el país, so pretexto de que los daños que prevé desencadenen esa paralización sean mucho mayores, a su juicio, que los causados por el virus. La oposición de muchos de esos gobernadores al levantamiento de las restricciones, habida cuenta del avance incontenible de los contagios y la mayor cantidad de muertos de todo el mundo, ha llegado hasta el punto de provocar un choque de legitimidades: Donald Trump reclamando el poder total para decretar medidas para todo el territorio, y los gobernadores acogiéndose a sus “indeclinables competencias” en sus respectivos estados. 

Alentadas por el propio presidente, las manifestaciones populares en varios de ellos, como Virginia o Indiana, reclamando libertad para moverse y trabajar, ha provocado una creciente polarización del país y un importante descenso en los sondeos de Donald Trump de cara a la aún lejana jornada electoral del próximo 3 de noviembre. Pero, la alerta le ha sonado con la suficiente fuerza como para anunciar una medida tan contundente como el cierre total a la inmigración.  Medidas muy difíciles de revertir

Pese a que se revista de un carácter coyuntural, este tipo de medidas es muy difícil de revertir y, cuando se hace, ello se produce de manera muy lenta, ya que si política es la principal motivación para decretarlas, política es también, pero ya con muchos partidarios y detractores enfrentados, volver a la antigua normalidad plenamente aceptada y asumida. 

Se trata, pues, de uno de los mayores y más trascendentales cambios con los que el mundo se encontrará en la pospandemia. Conseguir la famosa Carta Verde, documento que permite residir y trabajar en Estados Unidos, ha sido el sueño de decenas de millones de hombres y mujeres de todas las latitudes, desde grandes investigadores hasta deportistas, pasando por los muy numerosos trabajadores que, gracias a ocuparse de las tareas más ingratas, pasaron de la miseria y falta de futuro en sus respectivos países a desarrollar su talento, prosperar y, en suma,  poder justificar ante sí mismos el por qué y para qué de su existencia. 

Esos tan ansiados y cotizados documentos ya estaban en franco descenso, desde las 618.000 Cartas Verdes otorgadas en 2016, aún con Barack Obama en el poder, a las 462.000 de 2019. También los visados temporales de trabajo se habían contraído en un 16% en el mismo periodo. El decreto anunciado por Trump puede darles la puntilla final, aprovechando que las fronteras de Estados Unidos están cerradas ahora mismo a cal y canto para europeos, chinos e iraníes, y apenas entreabiertas para algunas excepciones con Canadá y México, y cuando la inmigración ilegal procedente del sur del continente es prácticamente inexistente, merced a los acuerdos de contención y confinamiento en sus países de origen, firmados por Estados Unidos con los países de Centroamérica. 

Para gentes tan distintas y de ambiciones y orígenes tan diversos, Estados Unidos era el horizonte final, el paraíso con que Hollywood espoleó el sueño americano, capaz de provocar las más intensas emociones y anhelos en gran parte de la humanidad. Será así una de las grandes víctimas globales de esta crisis.

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