Un cambio climático machista

Un cambio climático machista
Juan Laguna
Promotor y fundador de Tiempo Liberal con actividad política desde la Transición. Funcionario jubilado. Empresario. Productor y dramaturgo. Conservador de Bienes Culturales.

Desde luego, si no existieran algunas personas habría que inventarlas, como la inefable ministra de Igualdad que, a estas alturas, declara que “el” cambio climático es machista, porque está haciendo mucho daño a las mujeres del mundo. Las carcajadas de las mujeres (siempre que no sean de su cuerda), se están oyendo por doquier y, en las cancillerías de nuestro entorno (siempre que no sean de su cuerda) continua el regodeo sobre algunos de los miembros del gobierno.

Que este gobierno no se sonroje y cese inmediatamente a la autora de tales dislates a costa de los presupuestos públicos, revela asimismo el “dime con quien andas y te diré quién eres” de su catadura política, donde —al parecer— lo más importante es colocar a las mujeres o “parejas” respectivas, junto con el coro de palmeros/palmeras y “cepilladores” del mismo jaez.

Ahora se entiende bien la apuesta gubernamental para “luchar contra el cambio climático”. Es por las mujeres del mundo que lo sufren mucho más que los hombres en esa desaprensiva discriminación que el planeta Tierra, el sistema solar y su astro principal el Sol, vienen haciendo desde hace miles de millones de años sobre las mujeres. Parece que nadie se había percibido de este alarmante fenómeno, hasta que se creó ese ministerio de Igualdad (que, por cierto, no parece tener muy definidas sus funciones) y, la titular del mismo (vía vicepresidencia segunda) tras sesudas reflexiones, ha llegado a establecer la culpabilidad planetaria en la situación de las mujeres.

¿O ha sido por influencia de esa otra luminaria adolescente llamada Greta, a las que se abren las puertas del Parlamento Europeo y de los gobiernos correspondientes, que acusa a la Humanidad entera (incluyendo a la ministra de Igualdad) de la destrucción del planeta y del cambio climático? O en otro nivel ¿habrá sido por influencia de la actual presidenta de la Comisión Europea que se despachó con afirmaciones similares en su toma de posesión? ¿O será porque la ignorancia es muy atrevida y se supone que una norma impuesta por la especie humana va a cambiar la Naturaleza y sus leyes?

No vamos a culpar a la ministra de Igualdad de repetir lo que “ha oído” en otras instancias (como en las televisiones donde se difunden los nuevos dogmas) y hacerlo suyo a falta de otras ideas políticas sobre “igualdad”. Porque, en definitiva, lo que parece es que hay que inventar vocablos nuevos, en los que esconder la ignorancia o la falta de competencia. Probablemente si en lugar de tratarse de “el” (masculino) cambio climático, pudiera decirse “la” (femenino) cambio climático, las mujeres del mundo afectadas dejarían de sufrir en sus carnes los cambios estacionales y hormonales y su temperatura se adaptaría a los grados más convenientes mediante una “app” suministrada por el susodicho ministerio.

No tiene culpa la señora ministra de que los espacios de pronóstico del tiempo en las televisiones (ya no existe otra vía de formación personal) repitan una y otra vez (venga  cuento o no) el dichoso mantra del “cambio climático” (ya se sabe, una mentira repetida un millón de veces puede ser verdad, según la propaganda de los sistemas totalitarios) con pronósticos tan acertados como que, en el año 2010 (desde hace 10 años), la ciudad de Nueva York quedaría sumergida bajo las aguas por el cambio climático o que, sin ir más lejos, este otoño sería el más caluroso conocido desde hace muchos años (habría que preguntarse cuantos otoños han conocido estos jóvenes profetas a lo largo de sus vidas). Tampoco tiene culpa de que un montón de voceros (antes locutores) radiofónicos, repitan una y otra vez que —por ejemplo— las sinfonías de Beethoven estuvieran relacionadas con cambios climáticos o que unos investigadores de determinada universidad hayan encontrado en las heces del “diablo de Tasmania” (tras una exhaustiva investigación de las mismas) pruebas evidentes del cambio climático.

Quizás, lo que resulte cansino es seguir oyendo la misma cantinela una y otra vez y eso convierta al (neutro, real y permanente) cambio climático en machista (ya se sabe lo pesados que son los hombres). Habría que saber por qué el virus identificado como “SARS CoV 2”, pasó de conocerse como “el” (masculino) Covid 19 a ser nombrado una y otra vez por los voceros correspondientes “la” (femenino) Covid 19. No creo que en ello haya influido el ministerio de Igualdad o, si lo ha hecho, se ha pegado el tiro en el pie identificando lo nocivo con lo femenino.

Y es que, inventarse ministerios (que ya existían, por cierto) o “canonjías” para las “parejas” sin que la soberanía nacional tiemble o sin que el/la titular de la Hacienda Pública ponga el grito en el cielo, tiene estos peligros. Hay que inventar con tales órganos algo con que justificar su existencia. No vale con que se aumente la categoría del órgano administrativo anterior, sino que -como dicen en mi pueblo- “parezca y no sea” para hacer un nuevo relleno de quienes van a mamar de los presupuestos públicos todo lo que sea posible. En la España franquista había una anécdota del cargo que iba de visita a su pueblo: “¡Colócanos a tóooosss…!” le gritaban entusiasmados.

Como muestra de mi comprensión hacia la señora ministra, voy a sugerir algunas cuestiones relacionadas con su ministerio que, esas sí, podían justificar la “igualdad” pretendida. La primera dentro de las propias AA.PP. y las corporaciones afines: las subidas de sueldo o pagas extra lineales en vez de proporcionales (vieja aspiración sindical) en las retribuciones salariales de los trabajadores, con lo que la actual y enorme brecha entre unos y otros tendería a igualarse. O que el sistema vitalicio de retribuciones y puertas giratorias que se aplican en el mundo de la política, se amplíen al resto de los trabajadores o, en su defecto, se supriman para todos. O que las ventajas del empleo público (permanente) sobre el trabajo privado (precario) lleguen a todos con la contratación fija. O que el sistema de digitalización y robotización de tareas que va a poner en la calle a millones de trabajadores tenga una compensación impositiva para pagar el desempleo provocado. 

Y, por favor, dejen el sistema planetario con sus leyes, su orden y sus cambios climáticos y dedíquense a resolver los verdaderos problemas públicos de cada día. Que son muchos e importantes. 

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