Tras el referéndum “legal”

Antonio Imízcoz
Periodista.
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Ya sé, ya. A usted, como a mí, lo que nos tiene impactados esta semana, de lo que hablamos con la familia y los amigos, es del asesinato de las niñas de Tenerife, de la muerte de esos dos angelitos cuyos vídeos hemos visto tantas veces, a manos de su padre, un ser despreciable como tal, y como hombre, y como ser humano, que espero haya tenido la decencia de matarse también él, ese perro.

Radios y televisiones nos deleitan con los detalles más morbosos, con el análisis de pretendidos expertos, con aventuradas teorías, presuntas causas, sospechados desenlaces. Porque sí, en efecto, un suceso como el de Canarias nos estremece como personas y como sociedad.

Irene Montero dice lamentar, “como ministra de Igualdad (por si se nos olvida), no haber llegado a tiempo”, como si algo dependiera de ella, más allá de su chalet en Galapagar y su niñera pagada con fondos públicos. Y Sánchez, en plena campaña de despiste, desde Argentina hasta Bruselas, envía un twitter mientras espera que John Biden le dirija la palabra.

Mientras, se calienta la expectativa de la manifestación contra los indultos convocada para este domingo en la Plaza de Colón de Madrid y, como saben, en muchas otras plazas de muchas otras ciudades. Porque estamos ya muy hartos de las mentiras del felón, del embustero vocacional que tenemos por presidente del Gobierno.

Y la espera de esos indultos, de ese insulto a la mayoría de catalanes que no son independentistas, y a los españoles que seguimos creyendo en una España unida, incluida Cataluña, con todo y sus botarates, los separatistas planifican qué van a plantear en la “mesa de negociación” que le ha concedido el gobierno socialcomunista de España.

Sus planes, los de los independentistas, ya los ha desvelado el documento que la Guardia Civil le pilló en octubre a Xavier Vendrell, ex secretario de organización de ERC y supuesto cabecilla en la sombra del 1-0 y del movimiento Tsunami. Nada que nos pille por sorpresa. Ya sabemos que ellos, como Sánchez, mienten más que pestañean y que la aparente renuncia de Junqueras a la vía unilateral tiene tanta validez como un euro de madera.

Porque lo que van a plantear los independentistas catalanes como ese referéndum “legal” no es otra cosa que una reforma del vigente Estatuto de Autonomía de Cataluña, el que se llamó de Miravet, impulsado por Maragall y Carod Rovira y apadrinado por el tonto de Zapatero. Fue recurrido al Tribunal Constitucional por el Partido Popular, el Defensor del Pueblo, y cinco comunidades autónomas, entre ellas Valencia y Baleares (aunque siempre se dice solo que lo recurrió el PP, claro), que declaró inconstitucionales nada menos que 14 de sus artículos. Por cierto, a los pocos días, los secesionistas ya enseñaron la patita de su desobediencia a los tribunales, con una manifestación a la que también acudieron los líderes socialistas (que no se nos olvide nunca este detalle).

Y ahora, con la reforma del Estatuto de 2006, pretenden apañarse, porque la ley así lo requiere, un referéndum que convertirán en plebiscitario sobre la independencia de Cataluña. Por ahí van los tiros. Y es como para liarse la manta a la cabeza y acudir el domingo a la plaza de Colón -o la que más cerca tengan ustedes-.

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