
Las viejas noticias de monstruos en lagos o los avistamientos de naves extraterrestres, han dejado paso —como ya comentábamos— a la moda del clima (que no es “el tiempo”), donde nuevos popes mediáticos se han lanzado sin paracaídas a potenciar la “anormalidad” de los fenómenos naturales (normales, por lo tanto), con predicciones fantasiosas luchando por ver quien dice la mayor barbaridad, lo que equivale a su mayor popularidad y su mayor “caché”.
Hoy, uno de ellos, se interrogaba a sí mismo con la cuestión de cabecera, pretendiendo llevar la situación hasta la posible invasión de las costas por el mar, con el peligro correspondiente en las ciudades costeras. Cádiz y sus costas deben estar ya inundadas según los pronósticos de hace unos meses con motivo de la “gota fría” en Levante… Nueva York lo está desde el año 2010…. etc. etc. Sigue olvidándose el fenómeno simple de las “mareas” naturales y regulares en las costas de mares y océanos.
Conviene decir que la Física, la Química y la Biología suele ser la base para estudiar fenómenos relacionados con los fenómenos terrestres, con la ayuda de materias más específicas que tratan del mundo cósmico (Astrofísica), de la formación del Universo y sus sistemas (Astronomía), de la historia del planeta Tierra (Geología), de sus características ambientales (Paleoclimatología), de los seres vivos (Biología y Paleontología), etc., todos ellos interrelacionados, cambiantes y por lo tanto anormales.
Pues bien, en este batiburrillo científico se incluye el estudio y conocimiento del clima que, para los menos preparados, se confunde con los pronósticos del “tiempo” que, en su mayoría, no pueden ser más que conjeturas con mayor o menor base surgida de estimaciones personales o simulaciones. No es raro por ello que, mientras las noticias de unos hablen de episodios locales de bajada de temperaturas, otros se refieran a lo mismo, pero en sentido contrario, lo que nos viene a demostrar la precariedad y falta de solidez de los mismos.
Porque “el tiempo” que se nos ofrece no se refiere al “clima” (cuestión más compleja y rigurosa), sino a la anormalidad de la situación (siempre referente al “cambio climático”) en relación con las “medias” de otros años o épocas. Unas medias que se remontan a unos cientos de años como máximo de registros históricos y que no indican el clima de la Tierra a lo largo de sus miles de millones de años, sino las circunstancias “temporales” o fenómenos “puntuales” que la meteorología puede producir en unas zonas por determinado tiempo: desde las más leves hasta las más graves. Mientras el “tiempo” es cambiante en cada zona de la Tierra, el “clima” y su estudio abarca miles o millones de años (ahora estaríamos en un período interglaciar de enfriamiento progresivo).
No hay pues “medias” suficientes para establecer comparaciones. Las mediciones por diversos sistemas de datos están condicionados por diferentes factores que se pueden dar en unos simples metros cuadrados de terreno, donde la situación geográfica, los ecosistemas que abarca, los fenómenos meteorológicos que le afecten, la actividad desarrollada en el mismo o en sus inmediaciones, son cambiantes permanentemente. No es lo mismo las mediciones en un espacio rural que en el medio urbano; dentro de esto también la situación de los aparatos, la insolación recibida e incluso de las pantallas: marquesinas de autobuses con diferentes valores unas enfrente de otras (sol y sombra) con diferencias de 5/6ºC entre ellas. Igualmente, según la orientación viaria, el tráfico, etc. Como vemos, hablar de “medias” en todo este caos, es imposible y, por lo tanto, ajeno a la racionalidad y a la realidad.
Otra cosa es creerse y estar dispuesto a aceptar “lo que diga la TV” o cualquier otro medio de comunicación, según la experiencia o formación de cada cual. La Ciencia no suele tener respuestas a nuestras preguntas, por mucho que las adornemos de tecnologías que impacten a públicos que buscan certidumbres imposibles. Unos se encontrarán con que unos pronósticos aleatorios han acertado (enhorabuena) y se ajustan a sus planes, pero muchos otros deberán guardar planes e indumentarias por el error de pronóstico de “el tiempo”. Es lo que hay. Lo peor es cuando se anuncian catástrofes meteorológicas, suspendes tus planes y luego compruebas cómo los que no se adaptaron a los pronósticos están en la playa, disfrutando un tiempo estupendo.
Últimamente están proliferando los pronosticadores “no profesionales” que —según dicen— aciertan más que los otros. Por las redes circulan contribuyendo a la confusión general y creándose su propio entorno publicitario (es tan fácil…). Y es que la confianza está cambiando de bando. De la institucional se está pasando a la privada… Más medios y recursos y, sobre todo más proyección personal para hacerse “famosos”.













