
La emisión de bonos, acciones u obligaciones por parte de estados, empresas y entidades mercantiles para financiar su actividad era -y sigue siendo- algo muy habitual desde hace muchos años. La emisión de deuda pública responde a esas necesidades y los tenedores de esos bonos tienen la posibilidad de rescatar su inversión, bien en los plazos convenidos, bien en plazos anteriores en lo que se suele conocer como “redención” de deuda.
Los llamados o conocidos como “bonos históricos”, son documentos antiguos que corresponden a diferentes operaciones financieras, realizadas por necesidades de los estados o imperios, sobre todo para financiar gastos de carácter extraordinario (no presupuestados), donde los estados responden con sus propias riquezas. En unos casos las deudas fueron liquidadas y, en otros, la situación política, económica y social no lo hizo posible y, al cabo de un tiempo, las deudas quedaban canceladas… ¿O no?
Esto parece haber abierto un extraordinario interés tanto en el mundo de la inversión, como en el del coleccionismo documental (de la misma forma que lo pueden hacer la Filatelia o a Numismática) como inversiones rentables en mayor o menor medida en el campo de las antigüedades sobre todo, ya que -según parece- no suelen tener importancia como valores negociables en la actualidad ya que las condiciones en que fueron negociados, normalmente no tienen nada que ver con la realidad actual.
El bono como tal es un simple documento en papel especial, con impresión también especial, que especifica la cantidad adeudada y las obligaciones que se desprenden del mismo para el emisor y para los adquirentes (normalmente han sido estados, bancos centrales estatales e inversores particulares). Hoy, en el mundo actual, se especula sobre quienes tienen deuda pública, de quién y con qué objetivos. El dinero siempre es un objeto de presión política.
“Quienes nacen en las cárceles de la deuda, pasan su vida comprando el camino hacia su libertad”, es una frase que resume certeramente la situación. Habría que preguntar cuánta soberanía se pierde en cada transacción de deuda estatal, cuantos recursos hipotecados y cuanta libertad perdida. El caso actual es cuantos estados quieren o pueden reconocer tales deudas, si están dispuestos a pagarlas y quienes son los beneficiarios. Difícil… ¿no?
Al socaire de éstos han surgido las muchas posibles falsificaciones de tales documentos, lo que implicaría el previo reconocimiento de cada uno de ellos como “original”, tanto en su trazabilidad como en su realidad material (papel, características de impresión, etc.) hasta el punto de precisarse su peritación individual en centros especializados para su certificación de autenticación. En el fondo lo que puede hacerse con cualquier otro documento de interés. Y ahí entra la parte del coleccionismo que parece más rentable.
La posesión de bienes de todo tipo o de objetos que puedan singularizarse de una u otra forma, ha constituido siempre la base del coleccionismo. En este campo no es sólo la posesión de un documento antiguo, sino su papel en un determinado momento, su originalidad, estado de conservación, etc.
En el mercado actual especializado (y en internet), circulan algunos conocidos de forma especial por su procedencia y significado. Vamos a referirnos a sólo algunos de ellos que resuenan como más valiosos: bonos históricos chinos o bonos estadounidenses identificados como “Black Eagle” o “Aguila Negra”.
De los primeros resaltan los que fueron utilizados para financiar la construcción de ferrocarriles en China y su desarrollo industrial a partir de 1860 en que el Gobierno Imperial Chino emitió bonos (unos conocidos y nombrados fueron los
“Petchili” y los “Super Petchili”), que sirvieron para financiar obras públicas ferroviarias como el “Lung-Tsing-U-Hai”. Uno de ellos está a la venta en la plataforma “Etsy” en la forma siguiente: “Super 1913 Provincia de Petchili 20 libras Bond. Uno de los mejores. Incluye certificado de autenticación”. El precio es de 1.815,78 euros. Otra de la plataforma “ebay” propone: “Chinese Lung Tsing U Hai 1913, Super Petchili Bono con cupones” por 2.500.- euros. En la casa mejicana de subastas “Morton” se vende “Bono de 20 libras esterlinas al portador, emitido en Bruselas en 1913, conocido como … per Petchili. Nº 026311” por una cifra similar en pesos. Establecimientos especializados sitúan el valor del mismo tipo de documento en 1.250.-$.
En general pueden tener valor como objetos de colección, pero no deben considerarse como inversiones con valor de redención actual. La sombra de posibles fraudes o estafas siempre estará ahí porque, aún en el caso de ser originales, eso significaría entrar en pleitos o litigios con los estados actuales (como ya parece se está intentando por algunos). ¿Quién ganará? la pregunta está en el aire en una página especializada de internet: “¿Es cierto que los estafadores aprovechan a las personas con dinero vendiéndoles trozos de papel inútiles y sin valor, afirmando que valen miles de millones?”.
Como curiosidad, existe el llamado “Bono Águila Negra” referido al billete de un dólar estadounidense, también conocido como “Black Eagle” muy apreciado en el mundo de la numismática que puede confundirse con el “Bono de la Tesorería General de México, Águila Negra”. El primero es buscado por coleccionistas por su diseño y rareza y puede alcanzar precios muy altos en subastas internacionales. El segundo es un bono con una denominación de 27.500 pesos mejicanos emitido en 1843 y se encuentra en el mercado especializado.
Para rematar la confusión hay anuncios privados en el mercado como el siguiente: “Lote de 100 bonos Chinos Super Petchili originales del año 1913” por un precio de 70.000.- $, lo que supondría un precio individual de 700.-$, muy diferente a las cotizaciones medias. Entre los comentarios lo que parece haber es una decepción general inversora que hablan de llevar esperando resultados desde hace tiempo y frustraciones por la falta de los mismos. Curiosamente no hay comentarios en sentido inverso.
En todo caso los tenedores de tales documentos tendrán que acreditar su autenticidad, tanto para reclamar su derecho (si no ha prescrito) ante los tribunales de Justicia, como piezas de colección de carácter singular.














Buen Articulo Juan…cuanto tiene de mito, cuanto de verdad? parece haber muchisimo misterio atras de este tema, se sabe si alguien, ha llegado a estar cerca de cobrarlo o si alguien alguno lo cobro?
Efectivamente es un tema apasionante.
Por lo que he podido saber hay mucha gente esperando con la lógica ilusión de haber encontrado un «chollo» pero, personalmente, tengo mis dudas al respecto, tal como dejo ver en el artículo.
Para mí son documentos interesantes para coleccionistas especializados más que documentos negociables al cabo de los años.
Luego existe el problema de su posible falsificación….
En todo caso serían los tenedores de tales bonos quienes pudieran ejercer los derechos que les corresponda ante los expedidores, tanto estados como corporaciones…
Difícil ¿no?
Un saludo y gracias por su amable comentario.