Salvapatrias y timadores

Fernando Lanzaco
Licenciado en Derecho y en Ciencias Políticas. Periodista titulado por la Escuela Oficial de Periodistas, pertenece al Cuerpo Superior de Administradores Civiles del Estado. Ha desempeñado, entre otros, los puestos de Subdirector General de Coordinación Administrativa del Ministerio de Educación y Ciencia, Presidente del Instituto Nacional de Asistencia y Promoción al Estudiante, Director General de Personal de Ministerio de Educación y Ciencia, Subdirector General del Ministerio de Justicia y Gerente de la Universidad Politécnica de Madrid.
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“Mi patria (siempre con minúscula) es la gente”. Seguramente quieren decir “la gente de ahora” y “mi gente”. Así liquida Podemos su relación con los conceptos Nación, Estado, Constitución, además de la ignorancia voluntaria o quizá involuntaria de la cultura, la historia, los valores e instituciones populares. Esta retórica populista se utiliza masiva, repetitiva y vacuamente (repetición ad nauseam y vacuidad es el binomio maestro de su comunicación).

El mensaje es salvar a la gente pero no se dice de que, de quien (¿de la casta?) ni con que medidas. No definirse en tiempo de cosecha electoral tiene carácter estratégico. La operación consiste en “deme su malestar y su cabreo y nosotros desde el Poder se lo administraremos”. Aquí como en Venezuela, el objetivo es arrumbar y destruir la “casta” para ocupar su sitio, (siempre un enemigo difuso como en su circunstancia los judíos, los ricos, la religión…). Hay que deconstruirlo todo porque nada es apreciable, para luego… no se sabe qué.

Lo que sí sabemos es que han asesorado el chavismo (véanse los resultados y mírense las colas para conseguir papel higiénico) al castrismo (décadas de Dictadura), sus relaciones con IRÁN (paraíso de igualdad entre hombres y mujeres y jardín de las libertades), que manifiestan comprensión política con la ETA y que aunque no les apetece que Cataluña sea independiente son partidarios de derecho universal a decidir. Y en el plano de las conductas estos chicos sin pasado, resulta que lo tienen y a veces tan vergonzante como los muy notables corruptos sin todavía haber ejercido responsabilidades públicas. Vale la pena comentar su comprensión (y conchabamiento) con el obsceno comportamiento de Tania Sánchez, vividora de Izquierda Unida y con tacha por presuntas (no del todo presuntas) irregularidades como edil. Tania, que era diputada regional, se presenta a primarias para optar a ser la candidata de I. Unida a la Comunidad de Madrid. Y habiendo sido elegida, con frágiles excusas y en mi sentir por puro oportunismo político abandona Izquierda Unida a tres meses de las elecciones regionales, para fundar un partido que habrá de concurrir, probablemente en detrimento de su formación, a las elecciones. Súbito cambio si se considera que sólo hace tres meses se presentó a las primaras para ser elegida candidata.

El mensaje es devastador, dentro de una profunda obscenidad, insisto, es tanto como decir “no votéis a esta formación, que yo abandono, porque ya no resulta útil para los tiempos nuevos”, y sin tener en cuenta que su conducta ha estado y está bajo sospecha aduce, además, motivos moralizantes en relación con el caso de las tarjetas de Caja Madrid utilizadas por algunos representantes de Izquierda Unida.

El mensaje de Podemos me ha resultado familiar, salvando sus enormes distancias, con la reciente intervención del Papa en Estrasburgo en la que ha criticado la progresiva pérdida de la identidad Europea , la égida del materialismo, su carencia de ideales y de fuertes compromisos. La Unión europea, en una imagen terrible, es actualmente el espacio en el que rigen poderes invisibles servidos por un helada, distante y opulenta tecnocracia cuya consecuencia es la explotación económica de los seres humanos, el abandono de los ancianos y el asesinato de los niños antes de nacer, en tanto antes era una luz de bienestar y libertad. Claro que dice y son verdades punzantes y estremecedoras. Pero no dice toda la verdad al no reconocer paisajes positivos en el ejercicio de las libertades, en el logro de la paz, moderando los antagonismo en Europa y en lo posible el sostenimiento de un Estado de bienestar, a pesar de la crisis, que resulta envidiable en la inmensa mayor parte de las tierras emergidas.

Por esa vía, que solo señala males, se desprecian lo mucho hecho, el trabajo de los predecesores, los avances logrados que deben mantenerse al tiempo que se afrontan retos nuevos y viejos. Si no es así, se produce una pérdida de memoria colectiva —que es el preludio de los grandes declives— y aparecen seres adánicos que por serlo, no saben nada ni quieren saber, que no han hecho nada, que no proponen nada sino un cambio que habría de perpetuarse probablemente con carácter indefinido, proyectando desinterés y desprecio por sus antecesores olvidando, entre otras cosas, que somos contemporáneos los que acaban de nacer y las personas centenarias.

Claro que tenemos que mantener la exigencia de responsabilidad y el motor de la indignación contra los principales actores que nos han llevado a esta situación tanto en lo que se refiere a la corrupción económica como a la institucional y moral.

Pero, con la misma energía, también hay que denunciar a los tramposos, a los timadores que juegan con la desventura que hoy muchos padecen para conducirnos a todos a la ruina de mañana.

Resulta inadmisible y humillante pensar que algunos picaros de un submundo universitario puedan pretender que España resulte colonizada ideológicamente por el chavismo, el castrismo y el mas casposo comunismo, desenterrado de los cascotes del muro de Berlín hace cerca de tres décadas.

A los males reales, paro, aumento de la desigualdad social, movimientos territoriales tectónicos, emigración, fracaso educativo nacional hasta ahora, exceso de politiquillos medradores y sin preparación ni vocación de servicio, etc., hay que añadir a Podemos, practicante de la más vieja y sórdida política dirigida por un enjambre de oportunistas, que aspiran a la negra cosecha de malestares, después de una tremenda crisis excitados por la misma codicia que embarga a los embaucadores y aventureros de ocasión. Son viejos como la política, (la peor).

1 Comentario

  1. Estimado Fernando: ¡Cuánto lamento que tu artículo vaya en sintonía con todo el ataque que están sufriendo unos ciudadanos desde el sistema, por el simple hecho de decir lo que todos piensan y, por comodidad o intereses, todos callan! Hay dos cuestiones fundamentales: las personas, con mayor o menor preparación (pregúntale a Juan Díez Nicolás pues fueron alumnos suyos; desde luego mejor que el “clan de la tortilla” según hemos sufrido) que han sido capaces de provocar un revulsivo político que tanta falta hacía, poniendo sus caras para que se las partan.; en segundo lugar las ideas (la ideología) que sólo habla de del sentido social de la política (los liberales sabes que lo tenemos) y de los gobiernos: el servicio a los ciudadanos pervertido por el servicio de éstos a las AA.PP. Acabo de ver un debate sobre temas económicos entre los representantes de las fuerzas y el de “Podemos” (seguramente un profesor universitario) les ha dado un baño al PP y al PSOE con datos y cifras. La política, tal como se la ha ejercido durante muchos años, ya no es la POLITICA y eso es lo que hay que recuperar.

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