Reentrada y cambio de ciclo

Abel Cádiz
ABEL CÁDIZ RUIZ es el presidente de la Fundación Emprendedores. En el pasado asumió un compromiso con la transición política, al lado de Adolfo Suárez. Fue miembro del Consejo Nacional de la UCD y Presidente en Madrid. Tras ser diputado por la Comunidad de Madrid abandonó la política para dedicarse profesionalmente a la docencia y a la actividad empresarial.

La reentrada a lo habitual tras el paréntesis de las vacaciones rompe con la repetición del ciclo vivido los siete últimos años bajo Zapatero. Es un alivio, porque aun apartándonos del sentimiento de fobia que ha alimentado en media España y el hartazgo, en grado mayor o menor entre sus votantes de la otra media, la testarudez de los hechos muestra que pasará por ser el peor presidente de nuestra democracia. Pero ZP será el pasado antes de que finalice 2011 y, por tanto, el problema será como se gestiona el difícil e inmediato futuro. De momento parece que tenemos conciencia del pésimo escenario europeo del que España en concreto adolece de peores síntomas que el conjunto de los grandes países. Y es que, durante casi una década, la Unión Europea vivió el sueño de Faraón como si el periodo de vacas gordas fuera a ser inacabable, cuando en realidad lo que entraba en los graneros era menos de lo que se sacaba de ellos.

Todo empezó cuando los gobernantes descubrieron que, mandando imprimir unos papeles llamados bonos, alguien nos prestaría el dinero necesario con la comodidad de devolverlo dentro de cierto tiempo con bajo interés. Como casi siempre ocurre, el que pide prestado cree que tendrá lo que se le presta a su vencimiento y, si encima quien lo pide es el Gobierno, siempre tendrá la posibilidad de imprimir nuevos bonos para pagar los que vencen o, en todo caso, que resuelva el problema el siguiente. Y algo tan simple como ajustar los gastos a los ingresos, como debe hacer una ordenada familia, ha sido ignorado por los gobernantes y, cuanto más a la izquierda más olvido, por tanto a seguir gastando que para eso decimos disfrutar del “estado de bienestar”. Y así hemos llegado al festival autonómico: construcción de grandes aeropuertos sin viajeros, centros deportivos sin público, proliferación de coches oficiales, cuando no despilfarro personal o fragante corrupción.

Y a todo esto, Europa lleva perdiendo casi todo su empleo industrial que se desplaza a las naciones-fabrica (China, India, Indonesia). Incluso también otros empleos se resienten como en el sector financiero en el que se han suprimido en los últimos tres años 230.000 empleados de la banca europea. En tal escenario nuestro problema es doble, porque doble es la tasa de paro que sufrimos, sin que aun hayamos dado con el diagnostico y el tratamiento. Los Sindicatos persisten en tesis de hace cuarenta años y a la izquierda del PSOE, lamentablemente, no hay una sola alternativa que no redunde en el viejo sueño marxista, tan estrepitosamente desautorizado en la práctica por el socialismo real. Surge de pronto un movimiento como el de los indignados, se produce la expectación, la simpatía de muchos, pero al final está claramente condenado a lo efímero al no haber sabido canalizar la energía en la búsqueda de lo posible, pues sus planteamientos quieren omitir los cauces democráticos (partidos, urnas y elecciones) y cuando los formulan tras su proceso asambleario no pasan de ser unos cuantos tópicos anticapitalistas con unas propuestas equiparables a las que ya lleva IU.

Al final nos queda el sentido común, si sabemos encontrarlo, pues como sabemos es el menos común de los sentidos. Un ejemplo es el de Ángela Merkel, una ordenada gobernanta escarmentada de lo que fue la Alemania del Este, donde se educó, y que lo que trata es de mejorar lo que es mejorable, empezando por no gastar aquello que no se ha ingresado. De momento parece ser que bajo su advertencia de “si no hacen lo que deben, sus papelitos (bonos) no los queremos. Ustedes verán quien los compra”. Eso es lo que ha motivado que se haya planteado por Zapatero una reforma constitucional, con el consenso entre los dos grandes partidos, para establecer por mandato escrito que hay que poner techo al déficit. Es la forma de impedir que nuestros políticos —que no tienen más responsabilidad que la de no ser votados si lo hacen rematadamente mal— puedan endeudar a la nación, a su Comunidad o a su Ayuntamiento. Y no deja de ser paradójico que esto venga produciéndose de manera desmesurada en un país cuyo marco legal posibilita que un emprendedor que quiebra por no poder pagar sus deudas al descender su negocio, tenga por la Ley concursal una alta probabilidad de que sufra el embargo de sus bienes familiares para pagar las deudas de su empresa.

A partir del 20 de noviembre confiemos en que Rajoy —que parece el ganador previsible en las elecciones según las encuestas— sea un dirigente firme, resolutivo y patriota porque ya va haciendo falta comprometerse con lograr una España fuerte en una Europa cada vez más unida. Y confiemos que, desde la oposición, el PSOE sea capaz de recuperar el espíritu con el que Felipe González y su equipo, que ya ha sido del todo jubilado, llevaron a cabo su gobierno en la larga etapa que siguió a la transición protagonizada por la UCD.

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