No podemos aceptar…

No podemos aceptar...
Juan Laguna
Promotor y fundador de Tiempo Liberal con actividad política desde la Transición. Funcionario jubilado. Empresario. Productor y dramaturgo. Conservador de Bienes Culturales.

Cuando su compañero de Interior ha rectificado la orden dada a la Guardia Civil para controlar las comunicaciones a través de las redes sociales, la señora Celaá, ministra de Educación, ha venido de nuevo a insistir en la misma cuestión durante una entrevista radiofónica: “No podemos aceptar que haya mensajes negativos o falsos” sin especificar sobre qué o sobre quién. Está claro que, si el Sr. Sánchez “monta un circo le creen los enanos”, como se suele decir.

Tampoco se ha referido la Sra. Celaá a qué entiende ella por “negativo” o por “falso”, por lo que cada cual puede interpretar como le parezca las palabras, de nuevo desafortunadas, sobre la libertad de expresión. Conviene recordar a este respecto que nuestra Constitución dice:

1.- Se reconocen y protegen los derechos: a expresar y difundir libremente los pensamientos, ideas y opiniones mediante la palabra, el escrito o cualquier otro medio de reproducción.” (artº 20.1) así como “…propugna como valores superiores del ordenamiento jurídico la libertad, la justicia, la igualdad y el pluralismo político”. (artº 1º.1)

Todo ello formaba parte del espíritu del nuevo régimen democrático que los españoles nos dimos en la Transición y que culminó precisamente en la redacción de dicha Constitución de 1978. Pero todo ello parece ignorarlo la Sra. Celaá que no es el primer “lapsus” (según su compañero de Interior) que ha tenido en sus comparecencias públicas. Todavía resuenan las risas al recordar aquello de que “los hijos no son de sus padres…” ¿de quién ha nacido usted Sra. Celaá, sino de sus progenitores o padres? ¿O es que fue de inmediato entregada al Estado, como un servicio al mismo?

Como vemos, son demasiados los “lapsus” en los cargos públicos de este gobierno, cuyos miembros parecen adictos a los micrófonos o las cámaras, al igual que esas personas que, cuando se encuentra alguna por la calle, hacen todo tipo de gestos y aspavientos para decir luego: “¡he salido en la tele…! De eso saben mucho los “expertos” en comunicación donde confluyen el inefable Sr. Redondo y el Sr. Iglesias (tanta monta, monta tanto). Este último no ha dudado incluso en insultar a su compañero de gabinete responsable de Justicia, cuando éste procuraba poner algo de sensatez en una ocurrencia de su pareja (como es la ley de “libertad sexual” que, por cierto, no habíamos percibido antes que “nos faltaba”).

Pero este pueblo español “en quien reside la soberanía nacional de la que emanan los poderes del Estado” (artº 1º.2.- C.E.) sí debe aceptar los muchos despropósitos verbales de quienes se supone tienen una responsabilidad pública tan importante como administrar el Estado y que algunos confunden con que es suyo. Allá por el “15M” se planteaba la necesidad de formación y de pedagogía política entre los muchos que creyeron que dirigir el Estado consiste en “mandar” en las instituciones, no en servirlas y honrarlas. Ahora vemos que estábamos en lo cierto cuando algunos de los miembros del gabinete, siguen sin saber qué es Estado y qué son los poderes delegados (por la soberanía nacional) del mismo. Fue la pregunta que, el también candidato a la secretaría del PSOE Pachi López, le lanzó al actual presidente del gobierno: “Pero Pedro,, ¿tu sabes lo que es el Estado?”, compartido también por la entonces presidenta de la Junta de Andalucía. La “maldita hemeroteca” tiene estas cosas y hay que recordarlas ahora que resulta preocupante el desconocimiento de algunos o “algunas”.

Algunos suspicaces podrían pensar que no hay nada inocente en ese intento de “apropiación” del Estado por una de sus instituciones. Ya se conoce que una cosa falsa repetida un millón de veces puede llegar a ser cierta. Y en eso parece que estamos: en dejar que estos mensajes falsos a que se refiere la Sra. Celaá, vayan calando en la gente aprovechando su desconocimiento de lo público. No Sra. Celaá, el gobierno de la nación no es el Estado, es una de las instituciones (o “poderes”, si le gusta más) que, parte de la soberanía nacional (no toda), ha tenido a bien conceder para administrar el Estado, no para sustituirlo. Voy más allá en este intento de pedagogía tardío: “el Estado es la organización política y administrativa de una nación” (o de un pueblo, si se prefiere). Parece mentira que haya que insistir en algo tan obvio.

No Sra. Celaá, ustedes no son los que tienen que “aceptar” nada más que la responsabilidad del servicio público a los ciudadanos con honradez, eficacia y dignidad pública. En cambio son los ciudadanos quienes en forma permanente (al igual que el resto de instituciones creadas para controlar su gestión), están en condiciones de exigirles, de criticarles, de pedirles cuentas y de impedir sus desmanes bien por incompetencia, bien por deshonestidad a través de los que se llaman “cuerpos especiales de las AA.PP” y deben ser los vigilantes que eviten los “lapsus” que se les puedan escapar. Para eso se crearon y para eso se les paga: para asesorar sobre lo que se puede hacer y lo que no se puede hacer en la gestión pública (sobre todo si es manifiestamente inconstitucional). No son del gobierno, son del Estado y el Estado los tiene para vigilarlos en sus actos.

Termino con lo que la “soberanía nacional” no puede aceptar de ustedes, por mucho que estén apoyados por un porcentaje importante de población: no se puede aceptar la gestión deficiente, ineficaz y tan perjudicial para todos como son los resultados que vamos conociendo de la crisis sanitaria. Menos aún sus informaciones sobre el tema y sus inmediatos desmentidos o contradicciones. Menos aún el gasto público mal gestionado y los perjuicios ocasionados por ello. Menos aún el haber pasado la responsabilidad a los ciudadanos, cuando el artº 43.2 de la Constitución dice: “compete a los poderes públicos organizar y tutelar la salud pública a través de medidas preventivas…” sometiéndolos a una confinación forzosa que, por responsabilidad, han aceptado. Menos aún que, al socaire de la pandemia, se intente recortar libertades y derechos que tanto han costado. Menos aún que alguien pueda pensar que la “soberanía nacional” es ignorante y, por lo tanto, rehén de la propaganda política pagada con los impuestos.

El pueblo español es el único que “no puede aceptar” ciertas cosas.

DEJA UNA RESPUESTA

Please enter your comment!
Please enter your name here

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.