Méjico y López Obrador

Felipe VI saluda a López Obrador en su visita a Méjico. FOTO: Twitter Casa Real
Serralaitz
Serralaitz, el seudónimo usado por el autor en atención a su lugar de nacimiento, es un localismo que corresponde al nombre dado en la zona a una sierra riojana: la Sierra de la Hez, un conjunto de montañas en el corazón de La Rioja, entre las comarcas de Rioja Baja y Alto Cidacos-Alhama y Cameros y a una altura superior a los mil metros. Desde esa altura, cuando no hay niebla, las cosas se aprecian de una forma muy especial.

Lo de Méjico y España no es solo la historia de una invasión o conquista, es mucho más, a estas alturas de ese próximo2021 en que celebraremos el quinientos aniversario de las aventuras de Hernán Cortés y aquel primer encuentro entre españoles y aztecas. El presidente mejicano López Obrador ha sugerido que un cara a cara entre el Rey de España y Méjico, un balance a cara descubierta de agravios y buenaventuras que nos han ocurrido a nosotros y a ellos como resultado de aquel primer encuentro sería muy provechoso para ellos y para nosotros.

Algunos han tomado esta propuesta de López Obrador como una ofensa y un típico producto de esa leyenda negra, es como decir que lo han tomado por el lado que quema.

El caso es que España tiene mucho que agradece a Méjico por la acogida que en los años 1936 y siguientes ofreció él y Méjico entero a todos los que perdieron la Guerra “incivil” de 1936. El caso es que Méjico contó quizá con la primera universidad y con un clima cultural del Siglo de Oro, con una Sor Isabel de la Cruz escritora que tiene su página en la historia de la literatura y la cultura española, con un Fray Juan de Zumárraga primer arzobispo de Méjico que tuvo mucho que ver en aquel temprano despertar de Méjico a la cultura universal

El caso es que España, además de conquistadores, cruces y espadas que arrasaron vidas y culturas de América, dio a luz el Derecho de Gentes de la mano Fray Francisco de Vitoria y la Universidad manca, y de un Fray Bartolomé de las Casas y otros misioneros españoles que pusieron el grito en el cielo reclamando en nombre de Dios el respeto a todos los seres humanos, y con ello fueron quizá los pioneros de la Declaración de los Derechos humanos que luego airearon las revoluciones y la ONU. Y mil detalles y mil historias más que podrían contribuir a tejer una historia de encuentros y desencuentros de la que podríamos alegrarnos y sonrojarnos unos y otros.

Pero no, al rebufo de una campaña electoral y una guerra de banderas y una españolidad teatrera que se está imponiendo en esta ‘piel de toro’ en que vivimos, Hemos perdido la ocasión de tener con nuestros hermanos mejicanos un gesto de solidaridad y cortesía que desde luego uno diría que lo tienen merecido.

Dejemos a un lado la leyenda negra para discutir con otros países que también intentaron conquistar el mundo desde esta Europa vieja y decrépita. Demos la mano a esa América mestiza y criolla que nació de nuestro encuentro con ella. Porque también fueron hijos de España los Simón Bolívar, el Libertador, y Alonso de Ercilla y Zúñiga, que contó la conquista de Chile como una segunda Ilíada, en la que los araucanos eran los troyanos y los españoles los griegos. Y que ha hecho afirmar al Poeta Chileno Pablo Neruda que Alonso de Ercilla debe ser reconocido como el padre y creador de Chile.

Y recibamos con los brazos abiertos a tantos sudamericanos y centroamericanos que vienen a buscar trabajo entre nosotros y así nos devuelven la visita que tantos conquistadores y tantos indianos les han hecho en otros tiempos por aquello de “hacer las Américas”. Hacer las Américas y hacerse un chalecito o un palacete al volver a su casa y su tierra de origen con la fortuna que amasaron al otro lado del charco. O como los Marqueses de Comillas, magnates del capitalismo español en los tiempos de Alfonso XII y Alfonso XIII.


FOTO: Felipe VI saluda a López Obrador en su visita a Méjico. (Twitter Casa Real)

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