Juan Manuel Santos: “Los peores enemigos en un proceso de paz siempre son los del propio bando”

Presenta su libro "La batalla por la paz"

Juan Manuel Santos
Pedro González
Periodista, experto en Política Internacional. Fue director de Redacción de Euronews y fundador del Canal 24 Horas de TVE.

Juan Manuel Santos, el hombre que, como presidente de Colombia, logró firmar la paz con la guerrilla más antigua del mundo, decidió seguir la máxima de Winston Churchill: “Si no escribes tú la historia te la escriben”. Su relato es un libro que su editorial decidió presentar en primicia mundial en la Casa de América en Madrid: La batalla por la paz (Ediciones Península. 589 páginas). Afirma que es un libro “sin rencor y sin tratar de ajustar cuentas, pero con todo el derecho a narrar unos hechos decisivos para la historia de Colombia y de América, tal y como los viví y en gran medida protagonicé”.

Lo cierto es que desde el anuncio mismo de la convocatoria de presentación del libro las redes sociales ardían. Los menos, para agradecer a Santos que haya puesto fin a una pesadilla de más de medio siglo y ocho millones de víctimas entre muertos, heridos y desplazados. Los más, para acusarle de “conspirador” y “traidor”, por haber firmado unos acuerdos de paz con quienes no tuvieron piedad de aquellos a los que secuestraron, violaron y asesinaron. Decenas de miles de campesinos, periodistas, alcaldes, concejales, diputados, jueces, fiscales y todos cuantos se interpusieron en su camino.

El libro, prologado por el expresidente del Gobierno de España, Felipe González, desvela innumerables episodios en los que Santos actuaba a la vez desde una posición oficial de dureza al tiempo que buscaba vías de arreglo a través de negociaciones secretas. Una de las fases de ese proceso se vino abajo siendo él ministro del presidente Ernesto Samper, que recibió informes del Servicio de Inteligencia sobre los manejos de Santos y se sintió lógicamente ninguneado. “Quería poner sobre la mesa del presidente —arguye Santos— el paquete completo, no sólo detalles sueltos, aquello fue descubierto y malinterpretado y el proceso se paró”. Gabriel García Márquez estuvo siempre en el meollo de todo aquello —lo reconoce también Felipe González—, y también fue consciente de que todo el trabajo que se estaba haciendo en secreto quedaría interrumpido por mucho tiempo.

Los puentes con Uribe siguen rotos

Pero, el principal adversario de Santos en el debate por lograr un final negociado a la guerra contra las FARC (Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia), fue el presidente Álvaro Uribe. El propio Juan Manuel Santos, como su ministro de Defensa, fue el encargado de canalizar la dureza que Uribe preconizaba contra la guerrilla, de forma que en sus ocho años de mandato se produjeron los primeros bombardeos masivos contra el territorio, tan grande como Suiza, que llegaron a controlar las FARC.

Por esos antecedentes causó gran sorpresa el giro operado por Santos tan pronto como ganó las elecciones que le llevaron a ocupar la Presidencia de Colombia de 2010 a 2018. Estableció unas reglas de juego claras: “Ustedes [las FARC] me pueden matar a mí mientras negociamos, pero sepan que yo tampoco cejaré en mantener las operaciones de guerra”.

Esas largas negociaciones, celebradas en La Habana, entre los principales jefes de la guerrilla y los enviados especiales de Santos, le valieron la furibunda enemistad de Álvaro Uribe y sus seguidores, que se emplearon en atacarle con gran violencia verbal. “Siempre me acordé de Nelson Mandela —afirma Santos—, que también pasó de querer derrotar a los dirigentes del apartheid sudafricano a querer alcanzar una solución negociada. Como él, me di cuenta de que los principales adversarios en tales casos son los de tu propio bando”. Ha pasado ya algún tiempo, pero “Uribe nunca respondió a los puentes que le tendí”.

También admite su ingenuidad cuando sometió los acuerdos alcanzados en La Habana a un referéndum. Tan evidente le parecía que la gente prefiriera la paz a la guerra, aún a costa de las lógicas contrapartidas y cesiones, que nunca se le pasó por la cabeza que lo perdería. “Los referéndums los carga el diablo, y son enormemente peligrosos cuando las emociones se imponen a los argumentos”.

El expresidente, que se dice retirado de la política, cree irreversible el proceso, pese a quienes todavía pugnan por dar marcha atrás. Estima que la corrupción requiere una lucha sin cuartel, y se extiende sobre el narcotráfico, origen de aquella guerra y herramienta incuestionable de su larguísima duración. “Un problema que seguirá asolando a los países productores pobres mientras haya consumidores ricos en Estados Unidos y Europa”.

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